Bar Zabala: 50 años sirviendo copas en la misma esquina de Juan Lacaze

Bar Zabala: 50 años sirviendo copas en la misma esquina de Juan Lacaze

04/06/2023 04/06/2023

Aunque el rosarino Antonio Zabala sirvió su primera copa en Juan Lacaze en 1949, y se instaló por su cuenta en 1960, fue en 1973 que abrió su bar en la esquina de José Salvo y 25 de Mayo donde permanece abierto hasta hoy. Zabala falleció poco después de esta entrevista, pero su memoria y las historias de sus parroquianos aun rondan a ambos lados del mostrador. (Foto: El autor de esta nota cuenta la historia del ‘Candombe a Juan Lacaze’ en un video grabado en el bar en 2021).

Por Walter Aranda Grasso *

Comentaba la gente de más edad, de nuestro pueblo y pueblos vecinos, que en un pasado Juan Lacaze fue una ciudad muy activa. Se correspondía con esa apreciación, el trajinar intenso y repetido de sus días, con calles y veredas tumultuosas ágiles y cambiantes en cuanto a lo individual de sus figuras. La vida nocturna no se exceptuaba del efecto prolífico y ruidoso de esa colmena humana, motivo por el cual el boliche –entre otras tentaciones-, resultaba un punto de alta convocatoria para muchos toda vez que los pitos permitían esa posibilidad.

Pueblo Obrero

A Juan Lacaze venían todos a vender de todo, y todo se vendía, porque todo se compraba. Entre los grandes maletones de los Kaplán –que eran abiertos en el portón o el umbral de las casas para exponer su mercadería– la oferta variaba, entre prendas de vestir, relojes de pulsera, etc., con convencimiento de venta la mayoría de las veces.

El viajero promotor de “Casa Rialto” (de Montevideo), proponía una transformación y rejuvenecimiento de una foto personal, convirtiéndola en un destacado retrato de buena dimensión y agradables colores. Vendedores de sueños, en definitiva, que “inventaron” la venta en cuotas. De sueños, porque entre aquel gentío conviviente con mucha de la humildad pueblerina conque se vestían las horas y los días de entonces, ponerse un buen reloj en la muñeca y contar con un retrato de generosas dimensiones a todo color –cuando las fotografías eran en blanco y negro– resultaron gratas propiedades. De reloj de oro y alpargatas, por ejemplo, no era extraño ver a algunos hombres… al “hombre del mameluco”, ciertamente.

Una larga lista de almacenes y bares, y locales que reunieron bajo un mismo techo ambos servicios (llamativo el número de los mismos comparándolo con ciudades similares a la nuestra) se encontraban diseminados a lo largo y ancho de la ciudad y se decía – con mucho poder de lógica – que, en Juan Lacaze, “había un boliche en cada esquina”. No obstante esa particularidad del suelo sabalero, y según lo corrobora el avance de la presente nota, aun reservaba espacios para la instalación de nuevos locales comerciales e interesados en desempeñar esos oficios.

En el pueblo “Pichonero”

En 1927 Antonio Zabala trabajaba en el almacén y despacho de bebidas que Homero Garat poseía en la ciudad de rosario. Volcado a esa actividad, la misma que habría de constituir su oficio de futuro, obtiene Zabala la “licencia alcohólica”, documento que resultaba imprescindible ante la pretensión de apertura de un bar.

Durante cinco años Zabala se desempeñó como empleado, haciéndolo en forma alternada entre el negocio de Garat y los grandes comercios existentes entonces en la “Ciudad del Colla”, hasta que en 1932 decide afiliarse a la Caja de Jubilaciones de Industria y Comercio en la propia Rosario.

A propósito de las “licencias alcohólicas”, nos decía nuestro entrevistado que estas eran muy codiciadas por personas provenientes de la capital, quienes ante la suspensión de expedición de las mismas como consecuencia de que posteriormente se libraran a nivel departamental, ofrecían tentadoras sumas de dinero a aquellos que –como en caso de nuestro interlocutor– poseían las mismas de antemano.

Los promitentes baristas montevideanos buscaron, en el interior del país, hacerse de aquella “patente” que les resultaba la llave para la habilitación del local expendedor de bebidas con alcohol, pero en el caso de Zabala, “esa llave” ya tenía un destino señalado, el pueblo de Juan Lacaze.

Seis esquinas

Don Fructuoso Trinidad, miembro de una familia que sentaría una larga data comercial, contaba entre sus planes abrir un bar en la ciudad. En virtud de ello y tomando en consideración el documento habilitante que poseía Zabala, ambos hombres cerraron trato, estableciéndose en el local de lo que fue la agencia de diarios y revistas de Julio Magariños – adquirida por Fructuoso Trinidad – en pleno centro lacazino.

(Arriba) Los ramos de flores que se cuelan al fondo de la foto podrían indicar la propia inauguración del Zabala hace 50 años. (Abajo) Casín, treinta y una, truco, conga y escoba, animaron las horas del Bar Trinidad en los años de 1950.

Abría sus puertas el “Bar Trinidad” y lo hacía en una de la seis esquinas que se reparte el tráfico vehicular y peatonal (en este caso José Salvo y Av. Artigas) el día 24 de junio de 1949. A partir de entonces una sucesión de gratos acontecimientos les tocaría vivir a los sabaleros y muchos de ellos, de algún modo se ligaron a esta y muchas de las historias anecdóticas del lugar. Ya al año siguiente una multitudinaria caravana recorría las calles tras la obtención del Campeonato Mundial de Fútbol –por parte de Uruguay– jugado en Brasil.

El 08 de mayo del 53 Juan Lacaze se vestía de gala al ser declarada oficialmente Ciudad, y en diciembre de ese mismo año, los obreros y empleados de la Fábrica de Papel obtenían el “Gordo de Fin de Año” de la Lotería Nacional. Ese beneficio circunstancial de “la diosa fortuna” desató un festejo que, como espontaneidad lógica de la idiosincrasia pueblerina de entonces, sacó a la gente de sus casas y una buena parte de esa euforia pasó por los mostradores de los bares de la ciudad. La misma Radio Colonia, representada por un número de periodistas y locutores, transmitió en directo los festejos y su personal levantó una copa con los agraciados desde las mesas de un bar.

Una anécdota millonaria

Volviendo al interior del “Bar Trinidad”, el juego de cartas y billar fue una característica referente del lugar. Casín, “Treinta y una”, truco, conga y escoba, animaron muchas horas de actividad de su larga y proficua existencia. “Pico” Brocal y Valerio Díaz (este último obrero papelero) tenían por costumbre jugar partidas de “escoba” y “truco ciego” -mano a mano-, por las copas.

A fines del 53 uno de esos desafíos se pactó por “un quinto de lotería” siendo ganado por “Pico” que, sabido es, tenía “mucha carpeta bolichera”. La preocupación de don Valerio surgió cuando en la agencia local se le informaba la no existencia de billetes de lotería, “todos habían sido vendidos”. Entonces Díaz propone a Brocal compartir uno de los números, de los que este participaba en la Fábrica de Papel.

Aceptada la invitación y puestas delante de él sobre una mesa del bar las cinco (“o seis” duda Zabala) tarjetas con las diferentes numeraciones, señalando una de ellas expresó: “ésta, esta es la ganadora”. El 31 de diciembre, efectivamente, el 6947 se posesionaba en el primer lugar del “Gordo” cambiándole la vida a mucha gente, incluyendo a don Valerio y a “Pico”. Cobrado el premio y otorgado a Brocal su parte, Díaz siempre repitió (cada vez que el tema fue abordado) que “el había sacado la grande gracias a la suerte que le aportó ‘Pico’”,

Tres de las seis esquinas

Antonio Zabala, de quien dicen sus muchos clientes que “nunca los dejó a pie” y tenía por costumbre compartir un “asado con cuero” con todas sus libaciones y libre de gasto alguno los 1° de mayo de cada año, se instaló por su cuenta en el ex hotel “Miramar” (hoy Confitería “El Cascote”) en 1960.

Allí fueron sus empleados Nelson Miranda, “Tarito” Locatelli, Nelson Aranzabe y Mario Chans (de donde se acogió a los beneficios jubilatorios), ingresando en su lugar Martín Panzardo. Por 1970 es llevado a remate judicial el local propiedad del Banco Rural sito en la esquina de José Salvo y 25 de Mayo, el mismo es comprado –en sociedad– por nuestro entrevistado y Antonio Buschiazzo, derivando ambos en dos locales comerciales, por un lado la carnicería de Buschiazzo (sobre la calle José Salvo y haciendo esquina y extendiéndose por 25 de Mayo, el nuevo y a su vez legendario “Bar Zabala”; quedando inaugurados en 1973.

Por entonces el empleado Martín Panzardo decidió retirarse para ausentarse de Juan Lacaze, asumiendo esa ocupación José Mederos, quien se queda con el bar una vez que Zabala se jubila. Desde que se instalara por primera vez en nuestra ciudad en 1949, Zabala es sinónimo de bar. En su “pasividad” rosarina, don Antonio ve transcurrir la vida sin importarle el reloj, ese reloj que indica los horarios de atención al público de un “Bar Zabala”, que permanece encendido y activo como siempre.

* Publicada originalmente en papel en setiembre de 2008.