“Virtualidad” en educación llegó para quedarse

“Virtualidad” en educación llegó para quedarse

Un grupo de estudiantes de la Universidad de la República (Udelar), juntó firmas para pedir a las autoridades que independientemente del retorno a la presencialidad se mantengan las clases virtuales, porque para muchos es la única forma de seguir estudiando. Una delegación será recibida por el rector Rodrigo Arim este viernes en Montevideo.

A fines de los años de 1990 Colonia del Sacramento fue, por poco tiempo, sede de dos ofertas de la Udelar: Técnico universitario en Turismo, una carrera itinerante que se impartió también en Fray Bentos y en Maldonado, y el primer año de la carrera de Derecho. Ambas contaron con apoyo de la Intendencia de Colonia, pero fracasaron después por distintos motivos.

Dada su proximidad con Montevideo el departamento de Colonia no cuenta con desarrollo universitario, salvo la UTEC a partir de 2015 y algunas propuestas privadas, de modo que desde hace más de 20 años la única forma de estudiar una carrera terciaria ha sido afincarse en la capital o en alguna sede universitaria del interior del país.

Cuando en 2020 la pandemia del coronavirus se expandió y se dispuso el cierre de las sedes universitarias, más de 2.700 cursos de la Udelar fueron trasladados a la virtualidad mediante diversos mecanismos.

El prorrector de Enseñanza, Juan Cristina, explicó a La Diaria el 7 de agosto que eso fue posible gracias a un “esfuerzo enorme” del cuerpo docente y a capacidades previamente instaladas, como el desarrollo de los Entornos Virtuales de Aprendizaje (EVA). También consideró que “la virtualidad llegó para quedarse”, pero “en su justa medida”, ya que “no se puede hacer una carrera universitaria sólo por internet”.

Algunos de los estudiantes que reivindican la permanencia de la virtualidad son colonienses y cursan la Licenciatura en Relaciones Laborales que se imparte en la Facultad de Derecho. “Más allá de mi realidad, me parece que abrió puertas para que mucha gente pudiera estudiar”, dijo Sara Camiletti de Nueva Helvecia. “Teniendo en cuenta que mudarse a Montevideo no es accesible para todos, sería importante que las personas que comenzaron a formarse virtualmente no tuvieran que abandonar”.  

Camiletti tiene 23 años, estudia y trabaja de forma remota, y aspira a que esta oportunidad de acceder a la educación se mantenga no tanto por ella sino por las personas con mayores dificultades para trasladarse. También para Tamara Romaniello este es su primer año en la Udelar. Tiene 30 años, vive en Colonia del Sacramento y trabaja como vendedora en una óptica. Si se va a Montevideo pierde el trabajo, y si pierde la virtualidad debe dejar de estudiar: hacerlo a distancia posibilita su carrera “porque no es lo mismo tener que dar todo libre”, explicó.

“Un sistema híbrido sería una solución para mucha gente”

En 2020, antes de irrumpir el coronavirus, Karina Sosa se anotó para cursar Relaciones Laborales, algo que según sus compañeros se ajustaba mejor a su perfil porque es secretaria de prensa del gremio de funcionarios del BPS en Carmelo. 

No fue su primer contacto con la Udelar. En 2015, cuando sus dos hijos ya estaban grandes se inscribió en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, pero solo cursó algunas materias y tuvo que abandonar: “Las clases eran libres controladas por lo cual no tenía obligación de asistir, pero las veces que fui al principio del año tenía que ir una hora antes porque eran 300 personas y te tocaba al fondo del salón o en el pasillo”.

Para entonces “la tecnología no estaba tan avanzada y lo que hoy se puede hacer fácilmente con un celular, grabar una clase y pasarla al resto de los compañeros, no se podía”, explicó. 

Ahora Sosa tiene 43 años. Si bien su trabajo la obliga a viajar a veces a Montevideo y entonces podría asistir a algunas clases, evalúa que “si no hubiese sido por la virtualidad, de ninguna manera habría podido cursar el semestre completo”. Y avisa a quienes creen “que la intención es burlar el sistema copiando en los exámenes: nosotros pretendemos trasladarnos al centro más cercano a dar la prueba en forma presencial, para que no quepan dudas de que asimilamos los conocimientos”.

Respecto de una eventual reducción de la calidad de la enseñanza virtual, Sosa dijo que la Udelar cuenta con “profesores muy creativos que organizan trabajos en pequeños grupos y luego puestas en común, de modo que las clases de dos horas y media se pasan volando”. Admite que la virtualidad impide el contacto directo con el docente, pero reivindica algunas ventajas como “la ausencia de distracciones porque te hable un compañero de asiento”.

Rector Rodrigo Arim en actividad virtual organizada por la Asociación de Licenciados en Relaciones Laborales del Uruguay (02/08/2020).

No cree que un sistema sustituya al otro, “nada que ver, pero ambas modalidades presentan bondades y un sistema híbrido sería una solución para mucha gente”. Lo mismo piensa el también carmelitano Facundo Chollet, que tiene 19 años y completó el bachillerato en 2020 en medio de la pandemia.

Este año la educación a distancia también le permitió postular y acceder a un lugar en el programa Oportunidad Laboral que concluye en noviembre. La extensión de la virtualidad que reclama no es para él, que eventualmente podría viajar a Montevideo, sino para “otros estudiantes del interior de distintas edades -madres y padres con hijos, gente que trabaja-, que siempre quisieron estudiar una carrera universitaria y no habían tenido oportunidad”.

La virtualidad no es una moda

Para el rector de la Udelar, Rodrigo Arim, la virtualidad no es una moda, “de hecho ya venía creciendo antes de la pandemia”, explicó a El País en una entrevista el 22 de agosto. Lo que sí, “hay que tener cuidado: el mundo universitario no está migrando hacia la no presencialidad. De hecho, no va a migrar a la no presencialidad. Las universidades de escala internacional son universidades en las cuales la presencialidad es un componente medular en la formación”.

El rector indicó que aún no está claro cuál será el régimen de estudio para los estudiantes que ingresen el año que viene. “Hay diferentes idiosincrasias entre los servicios universitarios y, además, hay diferencias de condiciones en las facultades. Parte de lo que le pedimos al Parlamento, esta vez, son recursos para hacer una transición progresiva que no deje a ningún estudiante atrás. Por ejemplo, dar licencias de Zoom, becas y laptops”.

Arim dijo a El País que el año pasado, con menos gastos de luz, de mantenimiento, transporte, etc., se utilizaron $ 250 millones para enseñanza, el funcionamiento institucional y, “sobre todo, los proyectos por COVID-19 como los hisopados y los kits de diagnósticos”. Ahora, con el retorno a la presencialidad, “habrá que conseguir nuevos recursos”.

Durante la pandemia, la Udelar hizo una apuesta a la contratación de plataformas digitales. “Hicimos un primer intento de software libre que no funcionó. Entonces se contrataron espacios en distintas plataformas y para este año 2021 se compraron más de 100.000 aulas virtuales en Zoom para que cada estudiante tenga una y más de 10.000 aulas para docentes. Repartimos laptops porque la virtualidad no es una panacea, también se generan brechas”, explicó el rector.

En línea con lo que plantean estudiantes universitarios de Colonia y de otros departamentos, la diputada colorada Nibia Reisch pidió al Consejo Directivo Central de la Udelar y “a los consejos de las diversas facultades y a sus decanos”, mantener “la enseñanza virtual en la medida de lo posible”. Según la representante nacional por Colonia, “esta nueva modalidad ha permitido que muchos jóvenes comenzaran una carrera terciaria y que otros lograran retomarla después de haber tenido que abandonar las aulas”.

Al grupo de quienes no pueden viajar ni radicarse en Montevideo, Reisch agregó la “gente que padece discapacidades que le dificultan desplazarse e incluso personas privadas de libertad, que podrían superarse si les brindamos la posibilidad de culminar sus estudios”.

Adentro y afuera de la Udelar hay gente que tiene dudas. “Plantear el debate en términos de presencialidad o educación a distancia es una forma de simplificar la discusión”, dijo a La Diaria eldocente del Instituto de Educación de la Facultad de Humanidades, Pablo Martinis. Según recordó, la formación universitaria no pasa exclusivamente por actividades de enseñanza, sino también de investigación, extensión e incluso la participación en las decisiones del cogobierno, lo que “necesita de la presencialidad”.

El abogado y ex edil de Tarariras, Ricardo Aranda, dijo que hace 15 años la presencialidad le permitió conocer “un perfil de jóvenes que desconocía: respetuosos, empáticos, generosos, comprometidos”. Ahora tiene 67 años, pero “estudiar a los 53 una carrera universitaria, siendo abuelo, es una experiencia extraordinaria que me tocó vivir”.

Recordó que durante su carrera viajaba a Montevideo los domingos a la noche y se volvía los viernes al mediodía. “Viví en pensiones de poco sol y puedo decir que el contacto con los jóvenes me hizo mejor persona”.

Aranda considera que cualquier profesión “es un entramado de saberes compartidos”, y que “estudiar en grupos no solo ayuda a aprender mejor, sino que construye solidaridad”. Mantiene contacto virtual con estudiantes de la época, y con algunos colegas incluso “presencialmente cuando nos juntamos en los bosques de El Ensueño”. Aunque no la conoció, cree que la virtualidad “es un cuerpo sin alma”.