Aliada a los cuidados, música lleva bienestar a los ancianos en Colonia

Aliada a los cuidados, música lleva bienestar a los ancianos en Colonia

La psicomotricista Paula Talmon utiliza la música como herramienta para acompañar la rehabilitación psicomotriz del adulto mayor, porque asegura “tiene elementos curativos que ayudan a complementar la terapia”.

Leandro Costabel

La música es el arte de combinar sonidos, respetando las medidas de ritmo y tiempo. Es una de las expresiones creativas más íntimas del ser humano, ya que forma parte del quehacer cotidiano de cualquier grupo, tanto por su goce estético como por su carácter funcional y social. Nos identifica como seres, como grupos y como cultura, por las raíces que nos dan identidad, la locación geográfica, y nos traslada a una época histórica. Es un fenómeno innegable e irremplazable que nos determina como seres humanos.

A lo largo del desarrollo de una persona la música está presente en mayor o menor medida aportando sensaciones o estímulos que la acompañan en lo cotidiano. En la tercera edad este arte de magnifica estructura, cobra gran relevancia como fuente de estimulación y de placer.

Según Talmon, la música puede utilizarse en la prevención de salud “inclusive sin saber de música”. Ella es especializada en gerontología y además de codirigir el hogar para ancianos de Colonia Dr. Luis Mazza, también atiende a ancianos en hogares de Nueva Helvecia, Rosario y Ombúes de Lavalle.

“Es solo escuchar nuestro cuerpo y ver qué reacciones tenemos frente a determinado ritmo musical”, explica. En el caso de los adultos mayores, las terapias con personas autónomas o con dependientes son diferentes: “con las primeras podés terminar bailando y haciendo una fiesta genial; con las segundas la sesión va a ser más tranquila debido a sus posibilidades motoras. Aunque siempre me sorprendo con alguna reacción novedosa en mis viejos”.

No todos sus colegas utilizan la música, algo “impensable” para Talmón. “La utilizo como herramienta para la terapia psicomotriz, porque ella tiene elementos curativos en sí misma, sobre todo emocionales, que otorgan buenos resultados”.

Cada dinámica es funcional a la persona que se atiende, “y una sesión nunca va a ser igual a otra. Más de una vez me pasó que me presentaban residentes que no caminaban ni hablaban, y al terminar la terapia salían cantando y bailando”.

Talmon está relacionada con la música desde la niñez, y se ha perfeccionado en disciplinas como ‘tangoterapia’, dirigida a personas con enfermedad de Parkinson, ‘música para despertar’, para personas con demencia o deterioro cognitivo, y la propia musicoterapia para contar con mayores herramientas de rehabilitación.

El auxilio de la música en algunos hogares colonienses para ancianos, demuestra que el canto, la marcha y el baile ayudan a fortalecer los vínculos afectivos dentro del grupo.

Las personas “nacemos con la habilidad de diferenciar el ruido del sonido musical”, recuerda. “La música de ritmo rápido puede elevar la frecuencia cardiaca, respiratoria y la presión arterial, mientras que la música de ritmo lento tiende a proporcionar el efecto contrario”. Ocurre que al escuchar música las personas “liberan dopamina (neurotransmisor), importante para la función motora del organismo con efectos muy positivos”.

En su libro Musicofilia, relatos de la música y el cerebro, el neurólogo neoyorquino Oliver Sacks, expresa que la música está tan arraigada al ser humano que es algo innato, es percibida por nuestro cerebro, e interpretada en la mente. Constituye una parte importante y por lo general agradable de la vida, generando una imaginería mental musical disfrutable.

En el anciano este arte se revaloriza forjando sentimientos y estímulos asociados a actividades relacionadas al pasado en el que se escuchaba la música. “Cuando escucho música me siento alegre, lleno el momento vacío en el que me encuentro, quieto sin hacer nada, y me traslado a un lugar que viví con intensidad”, explica Carlos Costabel de 84 años. 

Inspirada en la obra de Sacks, la ex directora del Hogar de Ancianos de Miguelete, Marta Volonté, utilizó algunas de sus ideas durante más de 15 años. Por ejemplo, incorporó la técnica llamada ‘música para despertar’, que estimula el recuerdo de la música arraigada en la memoria.

En el anciano con síndrome de Alzheimer, generalmente el recuerdo de la música no se pierde lo que permite estimular otros recuerdos y hasta recuperar vocabulario. También ayuda a mantener el equilibrio en personas que dejan de caminar, y avanzar al ritmo de la música. En la enfermedad de Parkinson impulsa al adulto a bailar.

El hogar de ancianos de Colonia Valdense utiliza la musicoterapia combinada con actividades como el yoga y las liturgias religiosas. Según su directora estas ayudan en motivación y estímulo logrando la participación del adulto mayor.

Esta nota no estaría completa sin el testimonio de una música y por eso fuimos a buscar a Lelia Talmon, ex profesora de piano de 93 años. Dijo que cuando escucha música se siente “excelente, porque me reconforta, me da una inyección de ánimo”. A la hora de escoger géneros prefiere la música clásica, aunque no desprecia la folclórica porque considera que todos los géneros son lindos. Y reflexiona: “Los sentimientos que la música me despierta son el motor que me motivan a continuar en el día a día, porque a mi edad el aislamiento social a veces se siente”.