Ya es 20 de mayo. “Están en algún sitio, nube o tumba, allá en el sur del alma”

Ya es 20 de mayo. “Están en algún sitio, nube o tumba, allá en el sur del alma”

Igual que el año pasado la Marcha del Silencio de este 20 de mayo convocada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, será virtual y podrá acompañarse a través de su plataforma o la de APU (YouTube, Instagram, Facebook), a partir de las 19:30 horas. Hoy en Uruguay todavía existen 197 personas desaparecidas durante la década de 1970.

Este miércoles, durante una conferencia de prensa, Elena Zaffaroni criticó el discurso del martes del comandante en jefe del Ejército, Gerardo Fregossi, porque “se trasuntan muchas cosas, queriendo hacer pasar por un ‘antes y un después’, como dijo el ministro Javier García, pero se reivindican en contra de las leyes que se forman, protestando porque no cobran lo que tienen que cobrar y no haciéndose cargo de los delitos que se cometieron institucionalmente”.

Terrorismo de Estado en Colonia

En el comienzo de la década de 1970, los primeros años de noviciado de la religiosa de Juan Lacaze, Marina Pino, coincidieron con la prisión de sus dos hermanos varones: Juan Alfredo (“Nito”) y Freddy (“El Tero”). “Nito” murió en 1982 en el Batallón de Ingenieros de Combate Nº 2 en Florida, tras diez años de prisión y con la pena cumplida, y “El Tero”, luego de su liberación, tuvo que exiliarse en Europa donde vive hasta hoy.

En una entrevista que publicamos en marzo de 2002, Pino admitió que por esos años de cárcel y exilio: “como Jacob, patalee mucho con Dios. Me duró bastante, y a veces creo que todavía me dura”.

En 2006, con dos meses de diferencia, La Voz de la Arena dio la noticia de que el Equipo Argentino de Antropología Forense había identificado los restos del joven rosarino Rutilio Betancour Roth, fusilado en 1974 en Catamarca, y luego una crónica sobre la llegada de la urna fúnebre a Rosario con testimonios de familiares y de amigos.

En marzo de 1974, ocho meses después del golpe de Estado en Uruguay, el carmelitano Aldo Perrini murió en el trayecto del Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia del Sacramento al Hospital Militar en Montevideo. Había sido detenido un mes antes junto a otros coterráneos; tenía 34 años y tres hijos. La autopsia estableció como causas de su muerte un “edema agudo de pulmón” y “stress”. Según determinó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) murió por torturas al ser sometido al “submarino”.

En junio de 1974 el lacazino Edison Bentancour compartía la habitación de una pensión en Buenos Aires con su coterráneo Elbio Sabalsagaray, cuando este recibió la noticia de la muerte de su hija, Nibia, por “ahorcamiento”, horas después de ser detenida en el Hogar Estudiantil Textil de Juan Lacaze en Montevideo. Nacida en Nueva Helvecia, tenía 24 años, era docente de literatura y militante de la Unión de la Juventud Comunista (UJC).

El cuerpo fue entregado a su familia con la prohibición de abrir el féretro, pero Marcos Carámbula, por entonces estudiante avanzado de Medicina, abrió el cajón a pedido de la familia y pudo constatar que el cuerpo presentaba “múltiples hematomas” en sus miembros. Carámbula lo revisó junto a Francisco “Paco” Laurenzo, compañero de la víctima, y Antonia Yáñez compañera del IPA, ambos militantes de la UJC.

Según consta en documentos del Equipo de Investigación Histórica de la Secretaría de Derechos Humanos, las observaciones fueron cotejadas con el catedrático grado 5 de la Facultad de Medicina, Carlos Arzuaga, quien descartó que las marcas en el cuello indicaran un “suicidio”. Según el médico, “el verdadero origen de su muerte se atribuye a asfixia por aplicación del tormento conocido como ‘submarino seco’ (aplicación de una bolsa plástica sobre la cabeza, impidiendo la aspiración), o al paro cardíaco sufrido durante la tortura”. Por esta muerte la justicia condenó al general Miguel Dalmao en 2013.

César y Cristina, amigo y prima de Ademir Bentancour (izquierda); Marina Pino con la pancarta de su hermano “Nito” (arriba) y la rosarina Teresita Morales con la imagen del lacazino Hugo Dermit Barbato (abajo).

El Plan Cóndor

Desde 1973 existió una estrecha vinculación entre la Policía Federal argentina y la Jefatura de Policía de Montevideo. Con la muerte de Juan Domingo Perón en 1974 se impulsó una mayor coordinación y la presencia de miembros de la SIDE en Uruguay, así como de miembros del Servicio de Información de Defensa uruguayo en Argentina. Entre el 25 y el 30 de noviembre de 1975 los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay acordaron en Santiago de Chile el acta fundacional del Plan Cóndor.  

En el documento se pactó: “(…) la creación de una base centralizada de información sobre los movimientos guerrilleros, partidos y grupos de izquierda, sindicalistas, religiosos, políticos liberales y otros reales y supuestos enemigos de los gobiernos autoritarios involucrados en el plan. (…) La segunda fase consistía en pasar a la acción, identificando y atacando a estos ‘enemigos políticos’ a nivel regional”.

En setiembre de 1976 el lacazino Edison Bentancour –el que prestó el hombro al papá de Nibia Sabalsagaray dos años antes-, vivió su propio drama cuando asaltaron la casa de su familia en Loma Hermosa para llevarse a su hermano Walner Ademir Bentancour Garín. Entonces tenía 24 años, trabajaba en una textil (igual que en Juan Lacaze antes del golpe de Estado), y militaba en el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP).

Ademir llegó como a las 7 de la mañana, pero el grupo de 20 personas armadas, sin identificación, lo aguardaba desde las tres. “Nos tuvieron cerca de dos horas parados en ropas menores, con las manos contra la pared de la cocina, mientras ellos revisaban toda la casa, rompiendo y haciendo boquetes en el cielo raso y paredes exteriores”, denunciaron los padres más tarde ante el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

Entre setiembre y octubre de 1976 fueron secuestrados en Buenos Aires numerosos militantes del PVP y varios fueron vistos o escuchados en el centro clandestino de detención “Automotores Orletti”, que funcionó en un taller mecánico de Floresta bajo el mando del jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Otto Paladino, en coordinación con el Ejército y militares uruguayos. La investigación histórica en Uruguay no descarta la hipótesis de que la mayoría de estos militantes fueran trasladados desde Argentina y desaparecidos en nuestro territorio.

Hasta la fecha se desconocen detalles de los prisioneros que posiblemente viajaron en el vuelo clandestino de Argentina a Uruguay del que informó en 2005, el comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, teniente general (Av.) Enrique Bonelli al presidente Tabaré Vázquez. En Argentina también desaparecieron los lacazinos Carlos Guaz, en 1975, y Valentín Laneri en 1982.

Juan Sabalsagaray, hermano de Nibia (arriba), y Julio Escudero (abajo) los tres de Nueva Helvecia.

“Todavía lo sigo esperando”

En 1976 desapareció el bancario de Nueva Helvecia, Julio Escudero. “El último día que vi a mi papá en mi casa, fue muy temprano en la mañana, recién se había afeitado, y tenía puesta su camisa celeste con la que trabajaba en el Banco Hipotecario, todavía olía a tela recién planchada”, rememoró su única hija, Natalia, desde Miami. “Me dio un beso en la frente, me abrazó más fuerte de como lo hacía siempre y me dijo: ‘Cuidá mucho a mamá’, quien un año antes había quedado paralítica por una enfermedad”. Escudero era militante del gremio bancario y del Partido Comunista y fue detenido en octubre en Montevideo tras ocho meses de clandestinidad.

“Cuando todo pase voy a volver”, le dijo a su hija que tenía tres años y aunque ya pasaron 45 todavía puede “sentir el olor de su camisa”. Hasta sus 11 años “cada vez que tocaban el timbre corría esperando que fuera él. Entonces crecí, y lo entendí todo. Un tiempo después supe que en aquellos días le habían conseguido la salida del país, pero él no lo aceptó y sus palabras fueron: ‘Yo no me puedo ir y dejar a mi esposa enferma y a mi hija chiquita: si me va a pasar algo que sea en mi país’. Todavía lo sigo buscando, todavía lo sigo esperando”.

Escudero fue visto por última vez entre el 30 de octubre y el 05 de noviembre de 1976 en el centro clandestino de detención “300 Carlos” o “El Infierno Grande” en Montevideo.

A las muertes por torturas de colonienses ya mencionadas –Perrini, Sabalsagaray, Pino-, se suman las de Mirtho Perdomo en 1978 tras casi seis años de detención, y la de Hugo Dermit en 1980 luego de estar preso durante más de ocho años.

En 1977 la familia Bentancour Garin obtuvo refugio de Naciones Unidas en Estocolmo, donde Altamar, el jefe de la familia, falleció en enero de 2019. Su viuda, Corina Garin, tiene 88 años y si bien está muy lúcida reside en una casa de salud debido a su deterioro físico. En Suecia también viven los hermanos de Edison: Mirna, Ricardo y Pedro.

Abrazo a las jóvenes generaciones

Devenido en hermano mayor desde que secuestraron a Ademir hace 45 años, Edison recordó que aquella mañana no pudieron verlo porque lo interceptaron antes de ingresar a la casa, pero le escucharon preguntar si podía ver a su madre. “¡Pobre Ademir! como no pudo vernos a veces pienso que se fue creyendo que nos habían matado”, lamentó.  

La última vez que Edison viajó a Uruguay fue en 1995. Los hermanos se visitan con frecuencia, a pesar de la pandemia, y si bien conservan fotos de Ademir y lo recuerdan todos los días, su sentido de búsqueda “se extiende al colectivo de familiares que en Uruguay y Argentina tampoco tienen noticias de sus seres queridos”.

En la conferencia de este miércoles los organizadores de la Marcha extendieron un “abrazo a las jóvenes generaciones, porque a ellas les pertenece el futuro. Y merecen desplegar sus propias luchas e ideales sin que eso les cueste la vida”.

Mientras tanto las desaparecidas y los desaparecidos están, según la poesía de Mario Benedetti: “en algún sitio/ nube o tumba/ están en algún sitio/ estoy seguro/ allá en el sur del alma/ es posible que hayan extraviado la brújula/ y hoy vaguen preguntando/ preguntando/ dónde carajo queda el buen amor/ porque vienen del odio”.

Fotos: Agradecemos las imágenes a Nacho Dotti y al Colectivo por los Derechos Humanos de Juan Lacaze.