Ramón F. Ortiz hace 80 años: “no callará su voz la prensa honesta”

Ramón F. Ortiz hace 80 años: “no callará su voz la prensa honesta”

En 1941 en Uruguay, ante una ofensiva del gobierno del presidente Alfredo Baldomir amparada en la ley de censura del 18 de julio de 1940, ocho periodistas resultaron presos. En abril, el director de la publicación coloniense La Voz de la Arena (1930-1949), Ramón F. Ortiz, advirtió en un editorial que “la prensa honesta no callará jamás las injusticias”.

Ese mismo año, con el telón de fondo de la segunda Guerra Mundial, Alemania invadió la entonces URSS y Japón atacó Pearl Harbour. Aun reconociendo con Bertolt Brecht que “solo negocios son las guerras”, porque “se vende plomo en vez de pan”, ese año también se utilizó por primera vez la cortisona, Ciro Alegría publicó El mundo es ancho y ajeno, y Orson Welles dirigió Ciudadano Kane.

En Uruguay hubo una crisis de gobierno que resultó en la renuncia de tres ministros herreristas, y se convocó al enrolamiento obligatorio a ciudadanos de 18 a 20 años, aunque este decreto levantó tanta resistencia que no llegó a concretarse. En el ámbito literario Serafín J. García publicó Panorama de la poesía gauchesca y nativista en el Uruguay, y Juan Carlos Onetti Tierra de Nadie en Buenos Aires.     

En 1941 en Juan Lacaze se inauguró el edificio construido por la Fábrica de Papel para su nueva planta de celulosa de paja de trigo, y a pedido de los vecinos, la calle Victoria pasó a llamarse Juana C. de Campomar. En este escenario Ortiz escribió el texto que sigue.

AUNQUE SILENCIEN LAS MÁQUINAS

“Frente a la irritante injusticia de que han sido objeto ocho compañeros de prensa por obra y gracia de una ley absurda, creada por espíritus mediocres que pretenden cubrir con un velo repugnante la verdad de las cosas, no callará su voz la prensa honesta, sincera y valiente.

No callará su voz, mientras exista injusticia. No callará su voz, mientras las necesidades del pueblo la reclamen, pues los periodistas honestos son la voz genuina del pueblo que sufre y lucha forjando el porvenir de la patria.

No callará mientras exista en las administraciones públicas un mal funcionario que no sepa administrar los dineros públicos.

No callará mientras no exista una mejor legislación social que proteja al obrero y a los agricultores pobres y mientras los niños lloren de hambre y tiriten de frío en destartalados hogares, desnudos y mal nutridos.

Y si algún día -por desgracia a causa de esa ley nefasta-, se abran las puertas de las cárceles para esos periodistas que valiente y dignamente han sabido sostener bien alto el pendón inmaculado de la razón, la verdad y la justicia, hablarán con elocuencia hasta las paredes de las celdas, el gemir de los expoliados, el llanto de los niños y la más expresiva de todas las expresiones: el silencioso dolor de las madres que sufren con estoicismo y todo lo soportan. Aunque se cierren los talleres, aunque silencien las máquinas, aunque tengamos que deponer la pluma a la entrada de la celda oscura y fría, la prensa honesta no callará jamás las injusticias, pues ellas quedarán trasuntadas en el rostro de los que sufren y será más elocuente que nuestra pluma la protesta hecha carne”.