En memoria de Oscar ‘Cacho’ Lovisetto: “Saber que algo sembramos te reconforta”

En memoria de Oscar ‘Cacho’ Lovisetto: “Saber que algo sembramos te reconforta”

(Entrevista publicada originalmente en La Voz de la Arena en junio de 2001). “Pero qué me van a reportear a mí, ¿qué les puedo contar?”, dijo Cacho cuando le planteamos esta entrevista, y ¡vaya si nos contó cosas! Oscar Lovisetto llegó a la cita con puntualidad inglesa, aunque es descendiente de italianos. Nació el 22 de setiembre de 1936 -“¡qué problema voy a tener con decir mi edad!”- y es hijo de Ricardo Lovisetto y de Ercolina Craviolo.

Walter Cruz y Luis Udaquiola

Está casado con la montevideana María Isabel Cucucovich, tienen dos hijos -Claudia y Oscar-, y seis nietos. Concurrió a la escuela 105 bajo la dirección de Mercedes Villanustre y al liceo local donde los profesores Ricardo Voelker y Carminillo Mederos “me marcaron el camino”. Su vocación era la medicina, pero fue desde siempre profesor de Educación Física, carrera motivada por su padre y por Andrés Ciapesoni.

Hizo de todo un poco. Fue concesionario de la cantina del club náutico “Puerto Sauce junto con Carlitos Rodríguez y hasta tuvo una provisión. En 1978 se vino a vivir al Prado de Montevideo. “Cada vez que voy al pueblo me emociono”. Juan Lacaze le trae recuerdos muy gratos y a la vez le duele su situación. “La última vez que tocó el pito en Campomar mi padre se puso a llorar”, recordó. No obstante estas vicisitudes le gusta vivir al lado del agua y “Juan Lacaze me encanta”. Este es el resumen de una charla que duró más de tres horas.

DE LAS CASILLAS AL BARRIO JARDÍN Y A LA ESCUELA 105

¿Dónde naciste?

En Juan Lacaze. Vivimos primero en la cuadra del Liceo viejo, en la casa donde estuvo la familia Epis, luego en las casillas frente a la Plaza de Deportes y por último fuimos medio fundadores del Barrio Jardín, pero déjenme que les diga cómo llegó mi padre a Juan Lacaze.

Adelante.

Mi padre era de Boca del Cufré y trabajaba de telegrafista en el ferrocarril. Mi abuelo Lovisetto también trabajaba tendiendo las vías del ferrocarril en la época de los ingleses. Mi otro abuelo, Hércules Cravioto, era jefe en la sección talleres de Campomar. Al fallecer -bastante joven-, mi abuela le pidió trabajo para mi viejo y ahí entró a la oficina de “La Industrial”.

¿A qué escuela fuiste?

A la 105, que quedaba a una cuadra de mi casa, y cuya directora era Mercedes Villanustre. Me acuerdo de las maestras Castañeda y Celeste Barale.

“CARMINILLO Y VOELKER ERAN UNOS ADELANTADOS”

¿Y en el liceo?

Bueno, ahí tuve excelentes profesores, Ricardo Voelker y Carminillo Mederos me marcaron, tenían un nivel tremendo. En química teníamos a Juanita Bojicich. Hubo tantos que ahora no recuerdo sus nombres. Pero Carminillo era un tipo que te hacía gustar la historia y no te pesaba. Voelker tenía una cultura general tremenda. Hacía que te gustara una materia árida como física. También cosmografía. Luego eso me sirvió para adaptar los conocimientos hasta en campamentos. Yo hablaba de astronomía y hacía descubrimientos en la noche. La verdad es que eran unos adelantados.

Alguna barrita tendrías allí.

Ah, sí. Yo andaba con “La Sopera” Cedrés, con Alberto Couriel. Íbamos al bar Guarisco frente a la plaza. Allí se jugaba al dominó. A las cartas era más al fondo (risas). La verdad es que éramos bandidos y estudiábamos poco. Otra de las compañeras de clase que me acuerdo era Miriam Lausarot. Hizo magisterio, se vino a Montevideo a estudiar medicina y hasta hace poco fue una de las mejores fisiatras. Ella, los Oudrí, los Pons, los Gonnet eran gente que venía de Cosmopolita con un sacrificio enorme. Los traían en una forchela vieja de los Oudrí. Le habíamos puesto “El huevo” porque la habían hecho con chapas y era de lo más extraña: era redonda (risas). ¡Qué gente buena esa de Cosmopolita!

¿Te acordás cuando empezó el liceo en Juan Lacaze?

No, ni tampoco sé quién fue el primero que estuvo al frente. Después sí.

¿Quién?

Nidia Cayafá de Viñas era la directora. Primero empezó con el nocturno con profesores voluntarios como Ricardo Voelker, Carminillo Mederos y después se oficializó.

¿Daban clases de educación física?

Creo que fue uno de los primeros liceos del país donde los alumnos tenían obligación de concurrir a las clases de educación física. Era una materia más.

LOS BAILES, LOS CUATRO CINES, EL TEATRO VICTORIA…

¿Ibas a los bailes?

De niño porque mis padres iban y les gustaba mucho la parte social. Y, bueno, después seguí.

¿Qué artistas, qué orquestas te acordás de haber visto?

En el CYSSA a “Los Churumbeles de España”, Alberto Castillo un montón de veces, Landriscina, “La Marimba Cuscatlán’ de México, “La Bohemia”, donde mi tío El Bebe Juri tocaba el violín, y que tiene su origen en Amadeo, Pompeo y Orlando Martinato. Yo era hincha de “Los Dandys del Ritmo” porque La Sopera Cedrés tocaba la batería.

¿Y en teatro?

Yo miro la telenovela Terra Nostra y me hace acordar a aquella emigración italiana que tanta influencia tuvo en Juan Lacaze. No se olviden que en 1909 estaba el teatro Victoria donde se cantaban óperas. Se pasaba mucho cine cuando en Montevideo no había ni máquinas. Los Frassini se habían venido de Italia y se trajeron todo un vestuario de teatro y hasta películas. Arturo Frassini acompañaba en el piano la proyección de las películas mudas. Aquello era brutal. Yo no digo que antes fuera mejor o peor que ahora. Era distinto.

¿Te acordás cuántos cines había?

Teníamos cuatro: Libertad, CYSSA, Vida Nueva y la Escuela Industrial. Hasta un Cine Club había. Tenías gente para todo. Fue una época que a mí me marcó mucho y hubiese deseado que mis hijos se criaran más tiempo en Juan Lacaze. Alcanzaron a vivir algo, les enloquece y allí tienen sus amistades.

Mabel Cucucovich, Claudia Lovisetto, Cacho y Oscar Lovisetto (hijo) en 2015 en una reunión familiar.

A CLASE CON EL PROFESOR

Contanos cómo nació tu vocación por la Educación Física.

Estudié en el Instituto Superior de Educación Física entre 1954 y 1956 y tuve la suerte de tener un profesor como Alberto Langlade. Entre sus primeros alumnos estaban Umbel Oudrí, de Cosmopolita, y Alvarito Boné, de Valdense. Esos tres años viví en Montevideo en la casa de una tía y de mi abuela.

¿Y qué hacías en el tiempo libre?

Conseguí que me becaran y los fines de semana trabajaba en la Plaza de Deportes de Juan Lacaze. Eso fue el primer año y el siguiente conseguí trabajo en Montevideo.

¿Dónde? 

En el liceo Zorrilla con Carlos Moreira que fue entrenador de Nacional durante mucho tiempo en el Club Sporting. Le cubría a Carlos también algunas clases en el Club Banco Hipotecario y en Punta Gorda.

¿Y en las vacaciones?

Daba clases de natación en la playa Verde y en el Club Náutico Puerto Sauce. Se acuerdan que por iniciativa mía pusimos una balsa en playa Verde, y como se ahogó un gurí y surgió una polémica la trasladamos a la playita del Náutico. Fue una balsa que la hizo la población. Después pusimos una segunda y cuando había competencias les colocábamos unas cuerdas con flotador y hacíamos andariveles. Ahí estuve como 18 años de profesor y continuaba con las clases en playa Verde para los que no eran socios del club. Toda una generación aprendió a nadar conmigo.

¿Te desempeñabas en Montevideo también?

Recién se había inaugurado el Instituto Dámaso Antonio Larrañaga y me pidieron de allí. El director de la división docente era Ariel Tato Álvarez. En aquella época todos los profesores teníamos que hacer pasantías en el interior del país y recién después volvíamos a Montevideo. Tato me preguntó si me quería quedar en Montevideo y como ya andaba ennoviado acepté. Trabajé en el gimnasio de la Comisión Nacional de Educación Física de Sayago.

¿Y después?

En la inspección de Secundaria. Inspeccionaba personal de la CNEF en el Interior. Me tocó Florida, Canelones y parte de Montevideo. Fui secretario del departamento de recreación y después quedé como subdirector. Concursé como Inspector ll y luego como Inspector l. Teníamos a cargo todas las plazas de deportes del Interior y de Montevideo. Fui nombrado presidente de la Comisión de Planes y Programas para Recreación.

RECORRER LA TIERRA DE MIS ANCESTROS FUE EL SUEÑO DE MI VIDA

Lo del Neptuno, ¿fue simultáneo?

Sí. Empecé de mañana y luego seguí de tarde. Se fue Ciapesoni y me solicitaron para fiscalizar. Asumí como subdirector y posteriormente quedamos tres directores. Al final quedé como director docente. Es bueno recordar que el Club Neptuno es el más grande del país. Tiene piscinas cerradas, 12 gimnasios, sala de musculación. Es un monstruo. Llegué a manejar 60 docentes.

¿Y de ahí?

Me jubilé en 1996. Tuve ofrecimientos, pero quería hacer otras cosas que me gustaban.

¿Ya te adaptaste a la jubilación?

Indudablemente no me jubilé para “esperar la carroza” como digo siempre. Mi espíritu inquieto me lleva a hacer de todo un poco.

Hablanos de esas historias.

Hice un curso de fotografía de dos años, otro de tres años de cultura italiana donde tenés arquitectura, pintura, escultura, todo lo que sea arte, y continuo hasta hoy haciendo uno de cerámica.

¿Dónde hacés esos cursos?

En la Casa de la Cultura del Prado de la Intendencia Municipal de Montevideo. Los cursos eran excelentes. Lo alterno con natación y salgo a caminar por El Prado. Todo esto te da mucho, te vinculás con mucha gente, cambiás ideas, te ayuda en todos los aspectos y te vas enriqueciendo.

¿Has ido a Italia?

En 1998 viajé con mi esposa durante dos meses por toda Europa.

¿Cuál es la zona de tus antepasados?

En el norte de Italia, cerca de Turín. Se llama Settimo Vittone. Entramos por Venecia, Florencia, Roma, Capri, Siena, Asís (soy admirador de San Francisco de Asís). Aprovechamos el viaje al máximo y rematamos en las Islas Canarias. La verdad es que nos vinimos encantados: fue el sueño de mi vida.

¿Qué otro lugar te gustaría conocer?

Egipto. Pero regreso a Italia. ¿Ustedes saben que todavía hay carreteras del Imperio Romano?

Y DE VUELTA AL PAGO CHICO

¿Qué sensación sentís cuando llegás a Juan Lacaze?

Me emociono mucho. Me reconforta reencontrarme, ver gente. Lamento no encontrarme con los que no están. Me trae recuerdos lindos de toda esa época que vivimos allí. Y a la vez me duele la situación. Les debe pasar lo mismo a todos aquellos que vieron lo que eran las fábricas, todo ese fermento, ese movimiento, el pito… Lamento ver la muchachada tan en banda, sin futuro. No obstante Juan Lacaze me encanta. Con decirles que hasta nos costó acostumbrarnos al Prado. Cada vez que voy rememoro momentos gratísimos. Que la gente te vea, te salude, se acuerde de vos. Y también estoy contento con todo lo que modestamente le pude dar a Juan Lacaze. Aclaro que no solo yo, sino aquel gran equipo que tuvimos.

Fíjense que la otra vez el doctor Pepe Díaz me dijo que su hijo se estaba por recibir en Educación Física, también el hijo del Dr. Jarodich, Mabel Abad, que trabaja en el Club Banco República, Ángel Vargas, que se fue a trabajar a Buenos Aires, Inesita Pérez, Hiram Dotta, Miriam Sánchez, actualmente presidenta de la Federación Uruguaya de Gimnasia, que fue alumna de Nora Talmón y de Teresa Geymonat, Oscar Fernández, que hizo una especialización en Alemania, y tantos otros. Ese no es el trabajo solo de Lovisetto, es el de Wiltran Moreira, de Mabel, de Nora. Saber que algo sembramos te reconforta. Por eso les repito que Juan Lacaze me encanta y creo que cumplimos con el pueblo.