En memoria de Teresa Peña: “Cuando corro me siento libre”

En memoria de Teresa Peña: “Cuando corro me siento libre”

(Entrevista publicada originalmente en papel en mayo de 2001). La atleta Teresa Peña de Chans, de 59 años, reencontró su vocación 40 años después de su última carrera juvenil. Integra el Círculo Lacazino de Atletas Veteranos y cree que lo importante es competir: “Gane o pierda, el solo hecho de bajar a una pista de atletismo y mostrarme a la gente, para mi es suficiente”.

Luis Udaquiola

Como no solo de laureles vive el hombre –y menos la mujer-, Peña trabajó desde los 14 años en ‘La Industrial’, donde conoció dos experiencias opuestas: la generosidad de don Miguel Campomar y su esposa, que eran sus padrinos de bautismo, y el quiebre de la empresa en 1993, cinco años antes de la época de su retiro.

PADRINOS FAMOSOS Y TEATRO CON ‘EL SABALERO’

  • ¿Cuándo naciste?
  • Nací en 1942 en el llamado ‘conventillo’ de las calles Rivera y José Salvo y soy la cuarta de seis hermanos. Me han contado que era tan chiquita que cabía en el cajón de un escritorio de la ‘Casa del Niño’ y me decían “piojito”. Después pasamos a vivir en ‘Las Casillas’ frente a la plaza de deportes. Mis padres trabajaron siempre en la fábrica textil, igual que la mayoría de mis hermanos y yo misma que entré con 14 años.
  • ¿Tus padres eran nacidos en Juan Lacaze?
  • Ellos eran de San José y durante un período que vivieron en Montevideo conocieron a don Miguel Campomar y a su esposa. En esa época estaban convocando a personas a trabajar en ‘La Industrial’ y la señora les propuso traerlos con casa y trabajo. Se ve que mis padres no lo pensaron dos veces y se radicaron en Juan Lacaze con mis tres hermanos mayores. Yo soy ahijada de bautismo de don Miguel y de la señora María Elena.
  • ¿Ellos tuvieron muchos ahijados en Juan Lacaze?
  • Me parece que sólo Davito Emmanuelli y yo.
  • ¿Cómo fue la relación con tus padrinos?
  • Fue muy buena. Yo veía el auto de don Miguel parado enfrente a su casa de la calle José Salvo y me cruzaba para saludarlos. Me encantaban las alhajas de su esposa que era una señora muy coqueta, llena de anillos y collares. Don Miguel, a pesar de su condición, era muy sencillo y cariñoso. Siempre me preguntaban qué precisaba, y si bien mi padre me decía que pidiera mucho, yo pedía poco. Generalmente me iba con una caja de masas o de bombones, pero además me vestían de pies a cabeza y no me dejaban faltar juguetes.
  • ¿Te acuerdas de alguno en especial?
  • Nunca me olvidaré de un monopatín. Cuando me lo dieron parecía loca: daba vueltas alrededor de la manzana para mostrárselo a todos y compartirlo con otros niños porque éramos muy compañeros.
  • ¿Con quiénes compartías los juegos?
  • Me crié, por ejemplo, con José, ‘El Sabalero’, que vivía pegado a mi casa. Colgábamos frazadas y hacíamos teatro, y como no teníamos espectadores atábamos a los perros y a los gatos enfrente al ‘escenario’. Los revuelos siempre eran en la casa de doña Carmen –que era tan especial-, porque mi padre era muy riguroso con el orden y no los permitía.
  • ¿A qué escuela fuiste y qué recuerdos te quedan?
  • Fui a la escuela Nº 39. La directora era Mariatina, y entre las maestras recuerdo sobre todo a Marujita Piñeyro porque mis padres tenían una relación con su familia y festejábamos la Navidad juntos. A la escuela concurrí solo hasta sexto año. 
  • ¿Y compañeras de clase con las que te sigas tratando?
  • Cómo no: Raquel Mesa, Gladys Gandaria, Janet Giandel. Nos vemos y conversamos sobre todo cuando vamos a cobrar la jubilación.
  • DE ‘LAS CASILLAS’ A ‘LA GRANJA’ PASANDO POR LA ‘ISLA MALA’
  • ¿Cuándo empezó tu historia con el deporte?
  • En las clases de gimnasia de la escuela y en las competencias escolares que se disputaban en el estadio entre niños de diferentes ciudades. Siempre me destaqué en las carreras y con el tiempo me transformé en velocista.
  • ¿Carreras con vallas?
  • Sólo una vez en un torneo departamental y salí tercera. Nunca lo había hecho y no me gustaba pero precisábamos sumar puntos.
  • ¿Cuál fue el mejor equipo de posta en que participaste?
  • Fue en sexto año de la escuela con Gladys Gandaria, Raquel Mesa y Jeanet Giandel. Recuerdo que yo remataba y aunque a ‘Quela’ Mesa se le cayó el ‘testimonio’ antes de entregármelo igual ganamos.
  • ¿Y después de la escuela?
  • Continué en el club CYSSA: hacía gimnasia, jugaba al voleyball. Me gustaban todos los deportes y el resto del tiempo libre me pasaba hamacándome en la plaza de deportes. En esa época estaban los profesores Mabel Iraola y Oudrí. En 1956 llegué a correr en el club Estocolmo de Montevideo.
  • ¿Cómo fue esa experiencia?
  • Corrí con dos grandes campeonas; ellas tenían 30 años y yo 14. Inclusive me quisieron contratar para entrenar y continuar los estudios en Montevideo pero mi padre no me dejó.
  • ¿Lloraste por eso?
  • (Asiente con la cabeza) Bastante. En aquella época era así. Los hijos varones a veces se imponían un poco pero las mujeres teníamos que acatar. Por eso cuando crié a mi hija decidí que ella iba a estudiar lo que quisiera.
  • ¿Hasta cuándo viviste en Las Casillas?
  • Hasta los 21 años cuando me casé con Eduardo (Chans) y me fui a vivir a la Isla Mala. Nos hicimos una casita en el fondo de la casa de mis suegros, y luego de cuatro años construimos la nuestra en Granja ‘San José’ y nos vinimos para acá.
  • ¿Y hasta cuándo trabajaste en la textil?
  • En 1972 me jubilé de madre y estuve 15 años en casa. Crié a mi hija Ingrid –y a la hija de una vecina-, y en 1988 volví a emplearme hasta el cierre de la fábrica en 1993, siempre en la sección ‘Zurcido’. Como ya conocía el trabajo me probaron tres meses y me quedé. Lo hice para que Ingrid pudiera estudiar diseño industrial en Montevideo porque sólo con el sueldo de mi marido no alcanzaba.
  • RECUERDOS DEL ‘ZURCIDO’ Y EL RETORNO A LAS PISTAS
  • ¿Tu marido dónde trabaja?
  • Él también trabajaba en Campomar pero desde que cerró se dedica a hacer changas de albañilería.
  • ¿Cómo vivieron la quiebra de Campomar?
  • Nos tomó por sorpresa. Por un mes de diferencia mi esposo quedó afuera de la ley jubilatoria porque tenía 40 años de trabajo pero no tenía la edad. A mi me faltaban cinco años para retirarme con toda la jubilación. En aquella época se decía que por lo menos un integrante de cada matrimonio sería tenido en cuenta en el emprendimiento de Agolán, pero no fue así. Yo pasé a cuidar otra chiquita de tres meses de aquí del barrio y con eso y las changas de mi marido pudimos vivir.
  • No es sencillo…
  • Es difícil pero gracias a Dios tenemos la casita y no nos falta el pan que es lo principal. Hay que tratar de no bajar los brazos porque si uno se amarga no se puede seguir adelante.
  • ¿Qué pasó en Juan Lacaze de 1993 para acá?
  • Mucha gente se desesperó, vendió todo y se fue del país; algunos no se fueron pero también perdieron todo, y otros se fueron a trabajar a otro lado, iban y venían. Mucha gente se la vio bastante fea y tal vez les costó más que a nosotros. También es probable que muchos de los que se fueron consiguieron un empleo mejor porque pudieron aprovechar el oficio que ya conocían.
  • ¿Qué recuerdos te quedaron del ‘Zurcido’?
  • Éramos como 90 mujeres y es difícil conocerse a fondo. Había cosas buenas y malas. A veces por mirar el peso no se cuida el compañerismo, y el hecho de ser un oficio por tanto –tanto trabajas, tanto ganas-, provocaba disputas. Para mi no se trataba solo de ganar dinero sino también de buena amistad. La palabra ‘compañera’ es muy importante. Pienso que en estos tiempo allí adentro debe ser mucho más difícil. Yo no volví a entrar, pero lo supongo. 
  • ¿Tus compañeras sabían que eras ahijada de los Campomar?
  • Sólo alguna compañera muy allegada y la capataza. No me gustaba decirlo porque sabrían que por eso entré y de hecho me costó ganarme el lugar. Tuve que pagar mi derecho de piso.
  • ¿Cuándo volviste a practicar deportes y por qué?
  • Volví a mediados de los años 90. A mi esposo no le simpatizaba la idea, pero ya habíamos criado a nuestra hija, tenía más tiempo libre, y era lo que me había gustado toda la vida. Ingrid me apoyó mucho.  
  • ¿Y cómo convenciste a tu esposo?
  • Primero me hice socia del CYSSA. Él pensó que iba a hacer gimnasia, pero la cuota también da derecho a concurrir al estadio, y ahí empecé. Al principio se enojó pero después se le pasó y ahora inclusive me acompaña en algunas competencias. La primera fue una carrera de 100 metros en Cosmopolita. En la salida iba primera pero las de Colonia me ganaron en el último tramo. Yo todavía estaba desentrenada y pesaba cerca de 60 quilos. Para esa época ya me había integrado al Círculo de Atletas Veteranos.
  • ENTRENAMIENTO A PURO ESFUERZO: “PARA MI ES LA VIDA”
  • ¿Dónde has competido estos años?
  • Viajamos a Montevideo, Asunción, al Campeonato Sudamericano de Porto Alegre y dos veces a Mar del Plata. Generalmente compito en carreras de 100, 200, 400 y 1500 metros, bala, jabalina, disco y salto largo. Hasta martillo he tirado a pesar de mi estatura.
  • ¿Para qué prueba de velocidad te tienes más fe?
  • La verdad que en 100 metros me ha ido bastante bien, y en 200, pero 400 me gusta mucho más. Inclusive he hecho 1.500 metros y no me ha ido mal. La primera vez fue en Mar del Plata compitiendo con campeonas y salí tercera.
  • ¿En qué consiste tu entrenamiento?
  • Voy todos los lunes y miércoles al estadio de 14 a 15:30 horas, en invierno y verano, tenga o no tenga competencia.
  • ¿Entrenas sola o en grupo?
  • A veces están los otros compañeros pero cada uno va a la hora que puede. Algunos días me ha tocado completamente sola porque ni siquiera hay alguien que nos entrene. Sería bueno que hubiera alguna persona como en Brasil, Argentina, o inclusive Montevideo.
  • ¿Haces alguna dieta especial?
  • Ninguna. Solo intercambio frutas, verduras, leche, queso, y evito comer pan. Como pan negro o de salvado, pero no me privo de nada. Me cuido de no aumentar de peso porque tengo una artrosis en la rodilla izquierda.
  • No me digas que en las tardes de invierno no te da pereza entrenar… ¿Qué significa correr para ti?
  • No me pesa. Para mí es la vida. Dejo la casa ordenada y me voy. Tengo que hacerlo. Capaz de enfermarme si no lo hago.
  • ¿El objetivo es ganar?
  •  Lo importante es competir. Gane o pierda, el solo hecho de bajar a una pista de atletismo y mostrarme a la gente para mi es suficiente. No soy de las fanáticas que pierden y lloran, como las atletas argentinas, las uruguayas nos tomamos las cosas con soda. Las ‘protestonas’ son las brasileñas pero como generalmente provienen de la colonia japonesa no les entendemos nada (risas).
  • ¿Qué sentís cuando estás corriendo?
  • Me siento libre, me siento bien.