Oficiales del Ejército formados en democracia opinan que su ‘mochila’ carga piedras que no les pertenecen

Oficiales del Ejército formados en democracia opinan que su ‘mochila’ carga piedras que no les pertenecen

Hace unos meses en un supermercado un soldado escuchó a una mujer explicarle a su hijo que los militares eran torturadores y asesinos. La anécdota recorrió la cadena de mando y aceleró los planes del comandante en Jefe del Ejército, Gerardo Fregossi, quien el jueves 5 inauguró un proceso para analizar la participación institucional en los últimos 60 años del país.  

Luis Udaquiola

Fregossi, ex abanderado del liceo militar en Colonia, ya había expresado su preocupación el día que asumió el cargo: “Los mandos militares deben continuar explorando todos los caminos que positivamente contribuyan a un proceso sanador de heridas, respetando el dolor pero mirando hacia adelante, para que las generaciones que nos relevarán en el futuro cercano no se consuman en la desesperanza o la frustración”, dijo el 4 de marzo.

El primer encuentro se desarrolló en el auditorio del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), con la presencia de cuatro invitados -los periodistas Nelson Fernández y Leonardo Haberkorn, el politólogo Ignacio Zuasnabar, y el historiador coloniense Marcelo Díaz Buschiazzo, que es mayor retirado-, y la socióloga Silvina Brun que ofició como moderadora.

No estaba lleno, por las medidas de distanciamiento físico, pero había unas cuantas decenas de oficiales, de grados diversos, incluyendo generales. Otro grupo grande participó desde otra sala a través de una transmisión de televisión. El ministro de Defensa, Javier García, habló brevemente y se retiró, según dijo para que se sintieran más libres de preguntar e intervenir.

Al día siguiente, el Ejército informó en un comunicado que la actividad estuvo orientada “principalmente hacia los integrantes del Sistema de Enseñanza del Ejército”, y que “los mandos (…) renuevan así el compromiso de aportar toda la información que aún pudiera existir en cualquier lugar de la institución, para ayudar de manera realista a esclarecer los hechos del pasado”.

Leonardo Haberkorn, autor de varios libros sobre el pasado reciente de Uruguay, dijo lo que dice habitualmente en instancias de este tipo: “así como los políticos tienen que asumir responsabilidad en la pérdida de confianza en la democracia por parte de la gente en los años de 1970; y así como el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) tiene que asumir que hizo una revolución mucho antes del golpe, buscando tirar la democracia e instaurar un régimen socialista con modelo en Cuba; así las Fuerzas Armadas tienen que asumir algunos hechos: cuando dieron el golpe la guerrilla ya estaba derrotada, el Ejército encabezó una dictadura de 12 años que cercenó todas las libertades, la tortura se usó de un modo masivo; y se ejecutaron prisioneros indefensos, como demostró la aparición del cuerpo de Julio Castro con un balazo en la cabeza”.

En el marco de la actividad el Gral. Gustavo Fajardo asumió como nuevo director del IMES, en sustitución de Ricardo Fernández que pidió el retiro tras ser denunciado por violencia de género. (Foto: Ejército del Uruguay en Facebook).

Estaba previsto que las intervenciones fueran de 15 minutos cada una, pero terminaron siendo casi todas de 25. También había dudas de si llegarían preguntas, y llegaron más de 20. El horario fijado originalmente entre las 18 y las 20 se extendió hasta las 21:15.

“Esta foto no tendría que haber sido, porque acá es donde el Ejército pierde su esencia”, reflexionó el también periodista Nelson Fernández señalando la imagen más icónica del golpe de Estado de 1973: la que muestra al general Gregorio Álvarez ingresando al Palacio Legislativo junto a otros militares.

El mayor (R) e historiador coloniense, Marcelo Díaz, otro de los panelistas, lo anotó en su libreta: “la clave está en la esencia. Porque vos como militar estás para defender la Patria de ataques externos y todo lo que ya sabemos, pero no para gobernar, uno pierde lo que es y pasa a ocupar un lugar que capaz que no estás preparado, y evidentemente que no”.

Nacido en Tarariras en 1969, Díaz ingresó al liceo militar de Durazno con 14 años en 1984, justo el año de la elección que marcó el retorno democrático. El tema que presentó el jueves fue: “el abordaje de los hechos del pasado por parte del Sistema de Enseñanza del Ejército (SEE)”.

El SEE es presidido por un general y tiene su sede en el Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES). Es responsable de la currícula de estudios para la Escuela Militar, el Liceo Militar, y los institutos militares: Escuela de Armas y Servicios, IMES, y Escuela de Capacitación y Perfeccionamiento de Oficiales.  

NO SE PUEDE PEDIR AL COMANDANTE QUE HAGA MAGIA

“A no ser en las reuniones de casinos de oficiales donde se habla diferente, nosotros siempre hemos sido muy tibios al contar nuestra propia historia, y este comandante en jefe quiere que haya un antes y un después de este proceso”, adelantó Díaz. La intención es que los planes de estudio incorporen en 2022 bibliografía actualizada “relacionada con la temática”. 

En lenguaje militar, a partir de 1985 “iniciamos un repliegue: fuimos cediendo espacio, perdiendo terreno, no hablando” indicó Díaz, pero si bien en un repliegue la intención es retomar la ofensiva, acá fue hasta entrar en retirada. Se le llama el ‘síndrome del perro apaleado’: cuando te pegan constantemente y vos no te defendés”, explicó.

Máster en Historia Militar y licenciado en Ciencias Militares, Díaz atravesó su mayor prueba al ingresar a la Universidad de la República para estudiar Ciencias Antropológicas opción Arqueología. “Para un milico la vida en Humanidades es bastante hostil y tuve que hacerme de una coraza para protegerme”.

Está claro que el Ejército no asumió “esa formación que le tiene que dar a sus cuadros, y no es cuestión de salir a pedir perdón porque yo no voy a pedir perdón por algo que no hice. Portamos una mochila llena de piedras que no son nuestras y es momento de empezar a sacarlas”.

A su tiempo, el politólogo Ignacio Zuasnabar informó que tras la colaboración del Ejército en casos como el tornado de Dolores, las inundaciones o los recientes repartos de viandas la aceptación ciudadana aumenta, y que desciende ante otros episodios. “Para cambiar una imagen no podemos tener el pasado por delante”, señaló Díaz. “Somos oficiales formados en democracia, porque todas las promociones que existen ahora se formaron a partir de 1985”.

Entre los resultados esperados de este proceso, Díaz citó la promoción de oficiales que pueden hablar de la historia desde otro punto de vista. “No como nosotros que repetíamos un discurso, el ‘no sé’, ‘no te metas’, porque a veces entendemos erróneamente el concepto de espíritu de cuerpo y nos alineamos atrás de la postura de no hablar, y todo el que opine contrario pasa a ser mi adversario”.

La otra expectativa tiene que ver con el anunciado compromiso de aportar información para ayudar a esclarecer los hechos del pasado, “pero no se puede pedir al comandante en jefe que haga magia: hay intereses personales, políticos, ideológicos y otras cosas que el resto de los mortales a veces no vemos ni entendemos”.

Haberkorn dijo que “en la valoración de todos estos hechos nunca nos vamos a poner del todo de acuerdo, y es lógico, pero si las partes comienzan por admitirlos, podremos tener por fin un diálogo, una conversación, quizás un entendimiento en algunos puntos básicos y un comienzo para salir adelante en este tema”.