Todos los brazos. A 16 años de la Cadena humana a la esperanza en Nueva Helvecia

Todos los brazos. A 16 años de la Cadena humana a la esperanza en Nueva Helvecia

(Publicado originalmente en setiembre de 2005, a un año de la movilización). En diciembre de 2003 la multinacional de origen italiano Parmalat fue a bancarrota, su propietario Calisto Tanzi terminó en la cárcel y un interventor decidió vender muchas de las filiales, entre ellas la mayoría de Sudamérica. Desde entonces y hasta febrero de este año, sus 380 empleados – mayoritariamente de la planta industrial en Nueva Helvecia-, vivieron la peor de las zozobras: el riesgo de cierre de la empresa.  

Luis Udaquiola

Se estima que alrededor del 25 por ciento de la población de Nueva Helvecia está relacionada de alguna forma con la empresa láctea. “Nosotros estábamos orgullosos porque teníamos una cantidad de fabriquitas chicas: Una tenía problemas o se cerraba, y prácticamente no se notaba. Había un equilibrio, pero esa tranquilidad se quebró”, explicó Julio Meny, presidente de las Fuerzas Vivas, una organización social de segundo grado que coordina a 12 instituciones de servicio, entre otras el Rotary Club, el Club de Leones, el Movimiento Nuevas Generaciones, la Comisión Pro-Colonia Suiza “Trabajo y Tradición”, y la Biblioteca.

El 22 de setiembre del año pasado las Fuerzas Vivas junto al Centro Comercial e Industrial, las comunidades religiosas, y los trabajadores y productores de Parmalat convocaron a una “cadena humana” a la esperanza. “Se invita a todos a participar en una marcha pacífica, sin banderas políticas y en un gesto de unidad que pretende transformarse en un simbólico abrazo entre una empresa que genera trabajo y desarrollo y una comunidad sensible ante un futuro incierto que puede afectar a todos”, rezaba la convocatoria. La idea fue del presidente del Centro Comercial e Industrial, Julián Mesa, inspirado en la cadena humana que en 1993 rodeó la ex planta de Campomar en Juan Lacaze. La movilización cubrió tres kilómetros y medio desde la fábrica hasta el centro de la Plaza de los Fundadores.

BIEN COMÚN vs. BIEN PARTICULAR

Meny dijo que no se trató sólo de juntar a la población sino de “sensibilizarla”, porque “a la gente usted la junta, pero después se desparrama y se acabó”. El dirigente asegura que “estar agarrados de la mano en toda aquella extensión fue una cosa tremenda, difícil de explicar: todo el mundo se sintió comprometido y nadie lo hizo por conveniencia”. La incorporación de las iglesias y sus representantes -el pastor evangélico Ruben Yennerich y el sacerdote católico Edgardo Rodríguez-, así como el apoyo de Radio del Oeste y el periódico “Helvecia” contribuyeron al éxito de la convocatoria.

Esta no fue la primera vez que los helvéticos se unieron. Antes lo habían hecho para resolver las inundaciones sobre el puente de la Picada Benítez, bregar por la instalación de un cuartel de bomberos, impulsar un sistema de saneamiento, reconstruir el puente ubicado al lado del Molino Quemado, y reclamar obras en la ruta 53. “El interés y el espíritu de colaboración ya son una tradición en la sociedad helvética, pero con la Cadena la gente entendió que era de todos”, dijo Meny. Recordó que tras la movilización el ex presidente Jorge Batlle resolvió viajar a Nueva Helvecia. “Él alegaba que por tratarse de una empresa privada italiana era como una injerencia de un país en otro”. Sin embargo, “cuando algo privado tiene una influencia social y comercial tan grande deja de ser privado y requiere una intervención del gobierno. A veces uno se siente un poco encerrado y precisa que alguien le abra algún canal, en este caso con Italia, que es lo que le pedíamos al presidente”.

“GREMIO” DEJÓ DE SER MALA PALABRA

El ex director de Cultura de la IMC, Omar Moreira, no se sorprendió con la movilización. “Colonia Suiza es una de las comunidades que más ha evolucionado en el trabajo colectivo y en la capacidad de alinear energías, y creo que es consciente de su capacidad”. Según Moreira, “con un buen trabajo colectivo, con una motivación tan vital, conjuntadas todas las organizaciones y su buena dirigencia, se logró algo que pudo parecer fuera de lo común”.

A los que puedan haberse sorprendido con el empuje, Meny explicó que quizás los helvéticos no sean tan expresivos, pero “cuando tenemos convencimiento de algo, somos aguerridos, perseverantes y firmes. Y el verdadero sentimiento está en las acciones”. El dirigente recordó que en determinada época los colonos suizos “tuvieron que arar y sembrar con el fusil al hombro para evitar que les quemaran las cosechas”.

Para el ex dirigente del Sindicato de Obreros y Funcionarios de Parmalat (SOFUPAR), Pablo Farías, la movilización dejó como enseñanza “que a los trabajadores solos se les hace muy difícil lograr objetivos importantes”. Aquella fue “una muestra para todos los trabajadores agremiados de que pacíficamente se pueden lograr objetivos comunes”.

Farías entiende que en lo laboral “no cambio mucho”, pero sí “hubo un cambio importante en la sociedad, donde la palabra gremio era una mala palabra, y luego de este hecho que dio la vuelta al mundo se creó una muy buena relación entre éste y la comunidad”.

Meny evaluó que a partir de ahora, ante “cualquier otra situación que involucre a la gente, el trabajo grande está hecho. Parece que cuanto más grande es el desafío, mayor es la fuerza que se genera”. Para Farías un objetivo de futuro “seria fortalecer esa comunión creada entre trabajadores y comunidad, y que la Mesa Permanente continuara trabajando para la creación de nuevos puestos de trabajo en distintos rubros”. Cinco meses después de la movilización, Parmalat fue comprada por el empresario argentino Matías Campiani. 

OBJETIVO: SANEARLA Y QUE SE VUELVA FUERTE

El nuevo nombre de la empresa -Ecolat-, surgió de un concurso realizado entre los empleados de la firma. Campiani tiene 38 años y tras 15 años trabajando en Estados Unidos y Europa y con un hijo pequeño, quería volver a Sudamérica.

En una entrevista que concedió a El Observador el 28 de agosto, el empresario anunció que quiere “sanear Ecolat y que se vuelva fuerte”.

La deuda financiera de Parmalat era de U$S 32 millones. “Negociar con 11 bancos no es fácil. El acuerdo, que era por tres meses, demoró tres meses en firmarse con todos, lo que atrasó el cronograma”. Luego se realizó una auditoría interna y se elaboró un plan de negocios para los próximos 15 años. Campiani desconoce cuándo se podrá alcanzar un acuerdo. “Estamos muy cerca pero no descorchemos la botella de champagne hasta que no esté la tinta en los contratos”.

Ecolat cuenta con aproximadamente el 15 por ciento del mercado lácteo uruguayo. El empresario anunció que se lanzará una “familia nueva” de yogures y postres para recuperar el mercado arrebatado por las marcas argentinas Danone y La Serenísima, y que incursionarán con la marca “Lactería”, que sigue teniendo “cierto reconocimiento”.

Campiani es optimista. “Mi intención es sanear la empresa, que vuelva a ser una empresa fuerte y saludable, y luego seguir creciendo dentro del sector lácteo”. Está convencido de que “a mediano plazo el lácteo va a ser un sector muy rentable”, y quiere “seguir creciendo dentro de la región”. Inclusive, “existe la posibilidad de que en los próximos meses estemos hablando de alguna otra empresa”.

Campiani sostiene que una de las razones que lo llevó a elegir la Parmalat de Uruguay entre otras opciones, fue ver cómo los empleados y la comunidad de Nueva Helvecia realizaban un abrazo simbólico para salvar la planta. “Sacar esta empresa de dónde estaba y volver a ponerla donde tiene que estar es una tarea muy grande para una sola persona. Sólo se puede hacer si los 380 empleados van en la misma dirección”.