Selección uruguaya de fútbol estuvo tres veces en Juan Lacaze antes del mundial de 1950

Selección uruguaya de fútbol estuvo tres veces en Juan Lacaze antes del mundial de 1950

El estadio “Miguel Campomar” de Juan Lacaze se inauguró en 1945, justo a tiempo para recibir en tres oportunidades a la selección uruguaya de fútbol antes de ganar la copa del mundo en 1950: en 1946, concentrada para los partidos del Campeonato Sudamericano de Selecciones en Buenos Aires, en 1948 para enfrentar a la selección de Argentina en el “amistoso de los huelguistas”, y en 1950 –con un pie en la escalerilla-, para ganarle seis a cero a la selección local.

Luis Udaquiola

Inauguración del estadio Cyssa en 1945.

Entre enero y febrero de 1946 se disputó en Buenos Aires el Campeonato Sudamericano de Selecciones, antecesor de la Copa América, que consagró campeona a Argentina tras ganarle a Brasil en la final. La selección uruguaya se concentró en la Escuela 39 de Juan Lacaze, y los días de partido embarcaba en el puerto local en un hidroavión de CAUSA rumbo a Buenos Aires. “El que estaba a cargo de la sede era el cocinero de la concentración, el vasco Elizarzú, y yo me pasaba ahí adentro”, contó Ruben Darío Alvariño que entonces tenía 15 años y repartía los pedidos de Casa Carballo.

Ahora Alvariño tiene 90 años y en Juan Lacaze no lo conocen por este nombre sino como Pilili. Nació en Minuano pero su familia se afincó en Juan Lacaze en 1930 y en 1938 se mudaron a Rosario porque su padre era jefe de ONDA; regresaron cuando este falleció en 1941. En 1943, con 12 años, entró a trabajar en Casa Carballo y allí permaneció hasta 1987.

“En el salón de vidrio estaban los dirigentes”, recordó. “La carne la mandaba Mingo Curutchet, yo llevaba los pedidos de Casa Carballo, pero compraban en muchos lugares porque era mucha gente”. Cuando volvían de los partidos “no podían transitar por la vereda de la cantidad de gente que los esperaba. Ellos saludaban desde las ventanas”.

Lenin de Castro escribió en el periódico Visión, que “en las horas libres cruzaban la plaza y llegaban hasta el bar Guarisco, donde Alcides Mañay, Vázquez y Riephoff se hacían servir la caña en pocillos de café por si venía algún dirigente (…) Mañay, que tocaba la guitarra y cantaba era el animador del grupo, pero si no había tinto, no había ni canto ni guitarra”. Alvariño agregó que a veces “se sentaban alrededor de aquel prisma que había en el centro de la plaza a tocar la guitarra, y ¿sabés lo que vendían los boliches cuando se escapaban de noche? 

Cuando volvían de los partidos “no podían transitar por la vereda” contó Pilili Alvariño.

Según el libro La crónica celeste, de Luis Prats, en un entrenamiento José Antonio Carajito Vázquez agarró a trompadas a Sixto Possamai, “curiosamente, compañero suyo en Peñarol”, incidente por el cual fue separado del plantel y cesado el “encargado de la concentración” (algo así como técnico) Aníbal Tejada. Quedarse en casa no le sentó bien a la selección: ganó dos partidos y perdió tres.

Las prácticas eran en el estadio Cyssa. Mientras se desarrollaban, “los atletas locales trabajaban en la pista y Raúl Pini, un zaguero fraybentino de buen físico, tomó la garrocha y realizó un salto pasando sin tocar la varilla que estaban tratando de superar”, recordó Castro en Visión.

A Obdulio Varela lo esperaban porque no estaba concentrado. “Venía de Montevideo a la hora de viajar y luego retornaba a la capital en el propio avión. El motivo según se dijo era que doña Cata, su esposa, estaba enferma y se concedió al Negro Jefe ese privilegio”.

EL “AMISTOSO DE LOS HUELGUISTAS”

Entre octubre de 1948 y mayo de 1949 el fútbol uruguayo atravesó una huelga respaldada por casi 500 futbolistas. Los principales del movimiento fueron Enrique Castro, presidente de la Mutual y jugador de Nacional, y Obdulio Varela, de Peñarol, el líder carismático. Se obtuvieron numerosas reivindicaciones: el 10% de los pases, la obligatoriedad de ofrecer contrato o la libertad de acción a los menores de 21 años, y se abolieron todas las normas o usos que mantenían el control total de los clubes sobre sus jugadores.

En este marco “se produjo un fuerte acercamiento entre la Mutual y Futbolistas Argentinos Agremiados, reflejado en el partido que jugaron el domingo 5 de diciembre en Juan Lacaze”, recuerda Franklin Morales en su libro Maracaná. Los laberintos del carácter. “La Mutual había enviado a Buenos Aires a Máspoli y Luis Ernesto Castro para gestionarlo y se acordó de inmediato”.

Asamblea de jugadores en huelga en 1948.

El plantel salió de la Mutual “en ómnibus a las 8 de la mañana, a las 6 y media lo hizo una excursión con 23 bañaderas de la desaparecida empresa ONDA, desde la Plaza Libertad (…) Jugaron en el estadio CYSSA, cancha rodeada de pista de atletismo de carbonilla, tribuna para 2.000 personas, debajo vestuarios y demás, con el entorno de un amplísimo predio poblado de rumorosos plátanos. Su nombre, una enigmática sigla para forasteros, mas familiar allí, sintetizaba la enorme textil Campomar y Soulas Sociedad Anónima que lo había construido y donado a la población”.

Por la Mutual “actuaron Flavio Pereyra Nattero, Joaquín Bermúdez y Walter Holdoway, Schubert Gambetta, Obdulio Varela y José Cajiga, Luis Ernesto Castro, Juan A. Schiaffino, Oscar Míguez, José Antonio Vázquez y Oscar Magliano. Por Agremiados, Julio Cozzi, Marante y Filgueiras, Yacono, Ángel Perucca y Natalio Pescia, y una espectacular línea delantera con Cerviño, Norberto Méndez, Di Stefano, José Manuel Moreno y Félix Loustau. Ganaron ellos, goles de Cerviño, Schiaffino y Di Stefano, y a el Charro Moreno aquella tarde se pararon para mirarlo”.

Según la crónica de Morales, “se fotografiaron juntos, hubo asado, brindis, cantos, el reparto de medallas donadas por José María Vigorito con la leyenda «Primer vínculo entre dos instituciones hermanas» y la entrega de la pelota Huracán -una modernidad de 24 gajos- al presidente del CYSSA. Hoy se halla en una vitrina del espléndido edificio social del club, casi 3.000 metros cuadrados también regalo de la textil a la población”.

$ 40 PESOS POR PARTIDO

En los días previos al viaje a Brasil para disputar la copa de 1950, el seleccionado uruguayo evitó una despedida ante el público de Montevideo y prefirió presentaciones en el interior. Así, con dos formaciones, la titular y la suplente, jugó el 11 de junio en Florida y el 18 en Juan Lacaze.

“Nos podían haber hecho más de seis; y Migues no me pudo hacer ninguno, por eso lo sacaron”, contó Luis Costa.

“Me abollaron a pelotazos: nos ganaron seis a cero, y a Migues lo echaron en el primer tiempo porque no me podía hacer un gol”, contó el entonces golero de la selección de Juan Lacaze, Luis Costa, quien también recordó que aquella noche hubo más de 10.000 personas en el estadio Campomar.

Recibió dos goles de Julio Pérez y dos de Juan Burgueño, “que erró otro voleo porque si me agarra la cabeza me la saca”. ¿Alguno le dolió más que otro?  “Eran golazos, porque entraban como perico por su casa. Queda feo decirlo, pero yo fui el mejor jugador de la cancha. Nos podían haber hecho más de seis; y Migues no me pudo hacer ninguno, por eso lo sacaron”.

Costa tiene 91 años, nació en Las Casillas frente a la plaza de deportes y tenía 14 cuando entró a trabajar en la fábrica textil como tejedor. A esa edad también jugaba en primera en Uruguay. “El arquero era Etchevarría pero se retiró y luego falleció; Hermida jugó unos partidos se desgarró y no jugó más nunca. También jugué al basquetbol, hacía todos los deportes”.

En aquella época, además de Uruguay intervenían en la liga local: Libertad, Bristol, Reformers y Peñarol. En el seleccionado jugaban, además de él en el arco, Pepe Anchén de back y Ademar Fernández, Luis Deleón de half derecho, Pedro Laport de centro-half, Gorni de half izquierdo, y Vázquez entre otros. El entrenador era el profesor Andrés Ciapessoni.

Costa reconoce que desechó ofertas para radicarse en Montevideo tanto para trabajar como para jugar al fútbol. “Me quiso llevar Peñarol: Roque Máspoli y Aníbal Paz que eran los arqueros de la selección me hablaron y les dije: “No, gano bien en la fábrica y estoy por irme a jugar a Rosario”. Jugó seis años en Uruguay y ocho en Peñarol. “En 1952 me fui a Rosario Atlético. Allá me pagaban $ 40 pesos por partido y en la fábrica me daban permiso. Jugábamos tres partidos por semana en Rosario y otras ciudades como San José, Ecilda Paullier, Carmelo”. También viajó “muchas veces a Buenos Aires a jugar al basquetbol con el Cyssa y al fútbol”.

Cerró su carrera deportiva en la segunda mitad de los años de 1950 luego del bautismo de su hijo mayor: “perdimos uno a cero un partido con la selección de Rosario, y la hija ya venía en viaje”. Se jubiló hace más de 30 años y atribuye su buen estado de salud a la práctica deportiva, “a pesar de que siempre tomé y me gustó la joda. Pero relajo no: cuando teníamos que jugar nos cuidábamos porque no hay cuerpo que aguante”.

Tiene dos nietos y tres bisnietos. Le gusta ver informativos de televisión y caminar por el fondo de su casa: “Tengo 400 y pico de metros. Hasta hace dos años anduve mucho en bicicleta. Es el mejor ejercicio que hay”. También renunció a los boliches: “me concentré en mi casa; bastante anduve”.

Costa enviudó hace casi 30 años y considera que del fútbol de aquella época es “el único que queda vivo”, y “en el basquetbol dos, con el Emir González que tiene 95 años”. En junio se cumplieron 70 años de Maracaná. “De los que vinieron acá fueron toditos al Mundial. Juancito López era el director técnico: un pedazo de pan. Me acuerdo como si fuera ahora”.