Seguridad pública en Colonia. El retrovisor a 15 años

Seguridad pública en Colonia. El retrovisor a 15 años

Hace 15 años abordamos el tema de la seguridad pública en Colonia como asunto central. A ocho meses de que el Frente Amplio asumiera el gobierno nacional, y José Díaz fuera investido como ministro del Interior, Luis Carro mostró una radiografía del departamento, y Lucas Silva entrevistó a varios lacazinos tras una movilización convocada por vecinos en protesta por el aumento de la inseguridad.

Ahora también hace ocho meses que asumió un nuevo gobierno, con cambio de signo, y si bien ese hecho no forma parte de esta presentación por tratarse de una publicación de hace 15 años, los lectores pueden comparar las situaciones y sacar sus propias conclusiones.

Por Luis A. Carro (Colonia del Sacramento) y Lucas Silva (Juan Lacaze). Fotos: Walter Aranda.

(Publicado originalmente en noviembre de 2005). Atrás quedaron los tiempos del “acá nos conocemos todos” o “en el barrio dormimos con la ventana abierta y la puerta sin llave”. Hoy son otros los temores que sobrevuelan el departamento de Colonia en lo que respecta al accionar de la delincuencia, y una marcha que recientemente reunió en Juan Lacaze a más de un millar de pobladores pidiendo Seguridad, es una contundente señal que no puede ni debe ser soslayada por todas las partes involucradas. 

A poco de concluir el año, basta con repasar algunos hechos acontecidos mayoritariamente en centros urbanos colonienses -aunque tampoco el medio rural escapó al flagelo-, para constatar que motivos hay para la preocupación y el debate, y en una etapa siguiente también para la articulación en conjunto de respuestas.

En enero, en Juan Lacaze la vecindad y los medios informativos tenían un tema reiterado en primer plano: las peleas entre concurrentes a lugares bailables, con su secuela de daños físicos y materiales.

En mayo, en Carmelo, un joven de 18 años que había sido detenido por los uniformados en averiguación de un robo, fue encontrado sin vida dentro de una celda de la seccional. Hubo marchas de amigos y familiares reclamando el esclarecimiento del caso, hasta que las investigaciones oficiales concluyeron que se había tratado de un caso de suicidio. De todos modos, fue literalmente “barrida” la plana mayor de esa comisaría.

Rosario se vio conmovida, en el mes de junio, con la detención y procesamiento de los hermanos Ramón y Carlos Beltrán, quienes actualmente están recluidos en el Penal de Libertad, imputados por su presunta participación en dos copamientos y tres homicidios en zonas rurales aledañas.

COPAMIENTOS Y RAPIÑAS

Cuando la población parecía haber recuperado la calma con el procesamiento de estas personas, los acusados salieron -carta mediante-, a la opinión pública a proclamarse inocentes, y a señalar que habían aceptado esos cargos “bajo torturas”, extremo que es negado por la Policía.

El 15 de octubre de 2020 Búsqueda utilizó esta ilustración de Junior para informar: “El gobierno explica la suba de homicidios por el narcotráfico, con un discurso similar al de las administraciones del Frente Amplio”.

En agosto, al cumplirse siete años del crimen impune del joven Andrés Trigo, en Colonia del Sacramento, Walter, su padre, acusó al término de una marcha de silencio: “Hay policías (en actividad) involucrados en el crimen”.

También en agosto, en Rosario, fue copado el domicilio de un abogado. Los delincuentes se llevaron dinero en efectivo, una computadora, y huyeron a bordo del auto de la víctima. (El vehículo aparecería, poco después, abandonado en Nueva Helvecia).

En Colonia Valdense, la Cooperativa CRADECO sufrió la “visita” de desconocidos que, moviéndose con total soltura en horas de la noche, rompieron la caja fuerte de la institución y se alzaron con un botín de dólares y dinero uruguayo. Tanto los copadores de Rosario como los intrusos de CRADECO aún no han sido capturados.

Para completar este somero cuadro de situación, hay que agregar que en Nueva Palmira una comerciante fue atacada con fines de robo cuando retornaba a su domicilio, y en el paraje rural de Polanco fueron golpeados dos ancianos en su propia vivienda.

GOTAS QUE DESBORDARON EL VASO

En el caso concreto de la comunidad sabalera, el cansancio y la impotencia se fue apoderando de los vecinos al enterarse que un día sí y al otro también, los delincuentes estaban “de fiesta” a cualquier hora y en cualquier barrio. Computadoras robadas de una oficina de Fanapel por individuos que entraron al predio desde la costa. Otros elementos sustraídos de la céntrica Agencia de Desarrollo Económico (ADE). El copamiento y robo de dinero, a punta de cuchillo, en una agencia de ómnibus, sumado a la sucesión de robos en fincas particulares de todos los barrios, fueron elevando la temperatura a grados nunca antes conocidos.

En octubre, la ciudad se estremeció al descubrirse el asesinato de un septuagenario a manos de dos jóvenes de 17 y 18 años, contratados (así como suena) por una mujer de 55 años, esposa de la víctima. También octubre fue el punto de ebullición de todas las tensiones, y bastó una sencilla convocatoria por los medios informativos locales y por el boca a boca, para que 1.200 personas salieran a la calle a exigir seguridad, en un hecho inédito para esta localidad.

JUAN LACAZE: GATOS EN TEJADO DE ZINC CALIENTE

Un grupo de vecinos de Juan Lacaze organizó el 17 de octubre una movilización, a la que concurrieron cientos de personas y que contó con la adhesión de muchos comercios que paralizaron sus actividades, en protesta por el aumento de la inseguridad ciudadana.

Los manifestantes reclamaron “mayor eficiencia” a las fuerzas policiales y el endurecimiento de las penas para quienes cometan delitos.

Algunos días después, el subsecretario del Ministerio del Interior, Juan Faroppa, se reunió en Juan Lacaze con varios representantes de organizaciones sociales para discutir esta problemática. Según divulgaron medios de prensa locales, la reunión “no transmitió tranquilidad” a la población, y la delegación ministerial no presentó respuestas a la “situación puntual” de Juan Lacaze.

Las movilizaciones por seguridad despiertan opiniones encontradas y encendidos debates que, en muchos casos, derivan en el terreno ideológico. Uno de los antecedentes más mediatizados es el del argentino Juan Carlos Blumberg, padre de un joven asesinado luego de un secuestro, que convocó a miles de manifestantes en sus movilizaciones por seguridad.

Blumberg, que contó con el apoyo incondicional de algunos medios de comunicación, reconoció varios meses después que su capacidad de convocatoria determinó que “en varias oportunidades” se viera tentado a dedicarse a la actividad política.

La seguridad ciudadana es un tema de agenda que trasciende crónicas policiales y políticas gubernamentales, y por ese motivo LA VOZ DE LA ARENA entrevistó a varias personas para conocer sus opiniones sobre la movilización que recorrió las calles de Juan Lacaze.

EL RITMO DEL BARRIO

Sebastián, de 29 años, opinó que la movilización “estuvo bárbara”, ya que “se afanan todo y nadie cae preso”. Según dijo, la mayoría de la gente “sabe quiénes son”, incluyendo a la policía, que por “algún motivo” no cumple su tarea y agregó que esto último es algo que “piensa todo el mundo”. Dijo que la “ola de robos” comenzó en los últimos meses, y aunque no pudo marcar cómo se origina, están apareciendo “caras que nunca había visto en mi vida, de gente que no sabés de donde sale”.

Sebastián consideró que la población no exagera con sus precauciones y que no se trata de una situación de “psicosis colectiva”, ya que días atrás, en el barrio Isla Mala “golpearon a una mujer para robarle veinte pesos, y fue a las nueve de la noche, o sea que es algo nuevo, que no pasaba”.

El entrevistado señaló que la crisis económica “puede tener algo que ver” con los índices de delincuencia, aunque “no mucho”. “Haciendo alguna changa nadie se muere de hambre, ya sea carpiendo o descargando un camión, en Juan Lacaze siempre hay algo para hacer”, concluyó.

PLANCHAS

Juan, de 21 años, señaló que la movilización estuvo “excelente”, y que es bueno que la gente se manifieste, porque quien no hace nada “no tiene derecho a reclamo”. Coincidió con el planteo de que “cada vez hay más robos”, y discrepó con la visión de que estén relacionados con la falta de trabajo. “No se puede justificar al que afana por el desempleo. Te comprás una bolsa de semillas que sale diez pesos y plantás tomates para vender, o hacés cualquier otra cosa”, agregó. Juan opinó que aquel que comete un delito “lo hace de cómodo”, y no tiene en cuenta que los afectados son trabajadores que deben esforzarse para “comprar una bicicleta o una moto”.

Concluyó que los ladrones “muchas veces son menores de edad y saben que eso los protege”, y que la disminución en la edad de las penas es una forma de evitarlo.

Estela, de 42 años, dijo que explicar los robos a partir de la situación económica es “solo una excusa”, y que mucha gente está en estado de alerta porque “andan caras raras”.

Federico, de 22 años, opinó que el problema de la inseguridad es que “cada vez hay más planchas”, que vienen de otras ciudades junto a sus padres y encuentran que en Juan Lacaze “está todo regalado y se puede hacer cualquier cosa sin que te hagan nada”. Según expresó, los robos están “casi que permitidos”, y las penas judiciales son “demasiado blandas”. Por otra parte, Federico dijo que “es muy bravo” ser oficial de policía en Juan Lacaze, ya que muchas veces el que roba es “su propio vecino”.

“Se le hace más difícil actuar porque el policía también tiene que pensar en la seguridad de su familia y en su casa. Una buena medida sería que traigan oficiales de policía de otras localidades para evitar ese problema”, agregó.

RECURSOS

Jorge, de 59 años, dijo que los oficiales de policía “hacen lo que pueden”, ya que el Ministerio del Interior no les otorga los recursos necesarios. Recordó que en Juan Lacaze “antes, en verano, dormías con las ventanas abiertas” y se lamentó de que eso ya no se pueda hacer. “Creo que la juventud está un poco perdida, es cierto que es complicado encontrar trabajo, pero no todo el mundo empieza a robar por eso”, añadió.

Según dijo, la inseguridad es un fenómeno nuevo para Juan Lacaze, y muchos ladrones vienen de otras localidades para “hacerse la América”, porque perciben que “acá es muy fácil robar”.

Jorge cree que la solución es que la jefatura de policía tenga más recursos, ya que muchas veces “no tienen plata ni para echarle nafta a las camionetas”, aunque reconoció que también hay fallas en el funcionamiento del sistema policial. “Si hay policías corruptos lo que hay que cambiar son otras cosas”, dijo.

Estela, de 42 años, dijo que explicar los robos a partir de la situación económica es “solo una excusa”, y que mucha gente está en estado de alerta porque “andan caras raras”, pero opinó que esta es una postura riesgosa que solamente “juzga el aspecto de las personas”. En la población hay una “especie de psicosis”, que si bien comprende, le parece “exagerada”. Agregó que la marcha fue “un poco inútil” porque perjudicó aún más la imagen de Juan Lacaze en otras localidades del departamento. “Ahora vas a Rosario o Nueva Helvecia y todos te dicen “están bravísimos en tu pueblo”, porque la movilización tuvo mucha repercusión”, señaló.

SEÑALES

En la plaza pública de Juan Lacaze LA VOZ DE LA ARENA conversó también con Alejandro, de 29 años, y Rodrigo, de 18, quienes dijeron sentirse afectados por la movilización, ya que fueron “señalados” por los manifestantes como delincuentes. Según Alejandro, la marcha “fue cualquiera”, porque “empezaron a gritarnos cosas y a acusarnos. Lo que hacen es discriminarnos porque estamos siempre acá”. Agregó que mucha gente “mete a todos en la misma bolsa”, y que como consecuencia de las protestas, la policía detiene a jóvenes en la calle por su aspecto o porque considera que están en “actitud sospechosa”.

Un día de esos, “iba caminando para casa como a las doce de la noche y venía el patrullero atrás. De repente me empiezan a gritar cosas y a provocarme, como buscando que reaccione para encerrarme”, detalló Alejandro, y criticó que, ante los jueces, “la palabra de ellos siempre tenga más peso”.

Rodrigo opinó que con el tema de la inseguridad sucede “algo raro”, y denunció que hay policías que “ganan $1700 y los ves paseando en auto y dándose la gran vida”. Añadió que en realidad no hay tantos robos, y que mucha gente “se está haciendo la cabeza”.

Señaló que en Juan Lacaze “no hay nada de laburo y no hay nada para hacer”, y se lamentó que “nadie piensa” que eso está relacionado con la ola de robos.

Alejandro y Rodrigo criticaron que algunas personas que participaron en la marcha “estuvieron años vendiendo bonos truchos, engañando a montón de gente, y ahora parece que eso no fuera ningún delito”. Subrayaron que esta situación afecta a mucha gente que “no tiene nada que ver”, y que en una localidad como Juan Lacaze es muy difícil “agarrar una changa” después de haber sido “escrachado”. Según opinaron, se trata de un tema “que se exagera”, y muchos de los manifestantes están equivocados: “Ahora la gente escucha el ruido de los gatos en el techo y lo primero que piensa es que la están por robar, como si los gatos no hubieran andado siempre por los techos”.