Paz sin justicia en la tumba rosarina de Rutilio Betancour

Paz sin justicia en la tumba rosarina de Rutilio Betancour

Con dos meses de diferencia, en 2006 dimos la noticia de que el Equipo Argentino de Antropología Forense había identificado los restos del joven rosarino Rutilio Betancour Roth, fusilado en 1974 en Catamarca, y luego publicamos una crónica sobre la llegada de la urna fúnebre a Rosario con testimonios de familiares y de amigos. En esta entrega las recordamos juntas.

Identifican en Argentina a rosarino desaparecido

(Publicada originalmente en julio de 2006). Los restos del joven guerrillero Rutilio Betancour Roth –fusilado en 1974 en Catamarca-, fueron identificados el 30 de junio por el Equipo Argentino de Antropología Forense. La noticia fue divulgada ocho días después de la muerte de su madre en Nueva Helvecia. Rutilio Betancour nació en 1950 en la zona rural de Rosario y se crió en las proximidades del Parque Durieux. Cuando murió acababa de cumplir 24 años. Su hermana melliza, Mabel, recordó que siempre tuvo sensibilidad social y que “desde chiquito ya andaba peleando con alguno de la familia porque, por ejemplo, se pagaba poco a los peones”. 

Luis Udaquiola en Montevideo y Luis A. Carro en Rosario

El 12 de agosto de 1974 un núcleo de 14 o 16 integrantes de la Compañía del Monte –una columna del grupo guerrillero argentino Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)-, intentó copar el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca. Durante la fuga, en las inmediaciones de Capilla del Rosario, se enfrentó a militares y policías.

“Me dieron mucha lástima porque uno es un ser humano y ellos eran chicos jóvenes; tenían balazos por todas partes, para mí se entregaron y los fusilaron”, dijo el año pasado al diario “El Ancasti” el empleado más antiguo del cementerio.

El hombre, quien pidió expresamente que su nombre no se revelara, recordó que aquella tarde “el helicóptero bajaba en la zona sur, y los camiones con los cuerpos entraban por el portón blanco de la calle Gobernador Rodríguez; estaba lleno de policías y militares”.

Él fue uno de los encargados de acomodar los cuerpos en la morgue y de colocarlos en los féretros que proporcionó el gobierno provincial. Los dos primeros fueron retirados por familiares de Tucumán, y los otros partieron hacia destinos diversos como Córdoba, Buenos Aires, Mar del Plata y La Plata. “Quedaron sólo cinco que no pudieron ser identificados. Los pusimos en unos ataúdes con chapa y los sepultamos”, recordó. En los días siguientes la policía federal detuvo a un grupo de 13 guerrilleros que había conseguido huir.  

Más de 30 años después, en marzo de 2005, la justicia federal de Catamarca se declaró competente para determinar si en aquel enfrentamiento se cometieron delitos de lesa humanidad, e investigar las identidades de los jóvenes sepultados en las tumbas 23, 24, 26, 27 y 28 del cuadro Nº 24 del cementerio. Los restos de los cinco NN fueron exhumados en julio del año pasado y Betancour resultó el primer identificado. El estado “era tan lamentable” que dificultó conocer las causas de los decesos, indicó el abogado Martín Fresneda, querellante en la causa en representación de Elsa Betancour, hermana de Rutilio.  

En la denuncia actualmente en manos del juez Pedro Armando Navarro, se señala textualmente que en agosto de 1974 “se habrían producido fusilamientos de un número no determinado de ciudadanos -que se encontraban en calidad de detenidos-, por parte de personal de las Fuerzas Armadas, del Ejército y de la seguridad”. Fresneda informó a la familia Betancour que se han reunido 25 testigos del fusilamiento. Entre los combatientes ejecutados, aunque todavía sus restos no fueron identificados, se encontraba el también uruguayo Hugo Cacciavillani.

UN LUCHADOR SOCIAL

La familia Betancour-Roth vivió hasta 1952 en el campo: primero en un establecimiento ubicado sobre la ruta 2, y más tarde sobre la vieja carretera a Colonia, entre Rosario y Barker. El matrimonio crió seis hijos: Nibya, Glauco, Yolanda, Elsa, y los mellizos Rutilio y Mabel. Poco después de nacer estos últimos se afincaron en Rosario.

Al cabo de los años los hermanos demostraron especial sensibilidad por lo social y fueron asumiendo compromisos políticos que los enfrentaron a la represión de fines de los 60 y comienzo de los 70. La mayor, Nibya, estuvo presa durante más de seis años y vivió exiliada en Suecia hasta 1995. Sus hermanas atravesaron experiencias parecidas: Elsa vive en Montevideo, pero Yolanda y Mabel aun permanecen en Suecia. Glauco está radicado en Buenos Aires.

“Teníamos responsabilidad social, pero en aquella época no importaba tanto si estabas involucrado o no: recuerdo que en Florida detuvieron a todos los integrantes ¡de un cuadro de fútbol!”, recordó Nibya. “A Rutilio no lo reivindicamos en nombre de ningún grupo sino como un luchador social”.     

Nibya estudió Magisterio, trabajó en escuelas de Río Negro y en la segunda mitad de los años 60 regresó a Rosario. Recuerda que Rutilio la acompañó “por unos días en una escuela rural”, y que luego se radicó en Montevideo donde trabajó un tiempo en “una fábrica de plásticos donde se pagaba muy mal”.

Se enteró de la muerte de su hermano durante una visita que le hicieron en el cuartel. “Me tiraron la noticia al final, durante un descuido de la milica, pero no conocí los detalles hasta mucho tiempo después”. Cuando retornó de Suecia, intentó infructuosamente saber algo más investigando en Buenos Aires la prensa de la década de 1970.

FUTBOLISTA Y TANGUERO

La confirmación sólo llegó el año pasado a través de la organización cordobesa Familiares de Desaparecidos Detenidos por Razones Políticas, que investigó el caso por su propia iniciativa.

Mabel –actualmente en Uruguay-, está contenta “porque apareció Rutilio, pero un poco triste porque fue diez días después que murió mamá”. Doña Elda Roth vivía en un hogar de ancianos en Nueva Helvecia y falleció el 22 de junio a los 92 años.

Ella también estuvo presa y debió completar su formación de maestra en Suecia adonde se exilió en 1973. Actualmente trabaja en un jardín de infantes.

Mabel y Rutilio asistieron juntos a la escuela Nº 4 y luego al liceo, pero no siempre en la misma clase. “Nos cambiaban porque pensaban que era mejor para que cada uno desarrollara su propia personalidad”.  Recuerda que se querían “como locos, pero los zapatos ¡volaban!”. A él le gustaba “jugar al fútbol con los chicos del barrio, y las chicas íbamos todas a hinchar. Primero jugó en el cuadro del Parque y luego en Rosario Atlético”. También, “siendo tan joven” le gustaba el tango –“le encantaba Julio Sosa”-, y dibujar: “estudiaba dibujo por correspondencia”.

Rutilio siempre tuvo sensibilidad social y “desde chiquito ya andaba peleando con alguno de la familia porque, por ejemplo, se pagaba poco a los peones”. Viajó a Montevideo con 16 o 17 años para estudiar y trabajar. Aunque no lo recuerdan con precisión, Mabel y Elsa creen que uno de los motivos fue continuar con un tratamiento para la dislexia que había empezado en el hospital de Clínicas. En 1970 fue el primero de la familia en caer preso. En 1972 viajó a Chile. “El último recuerdo que tengo de él es en el aeropuerto, cuando todos los que estábamos ‘afuera’, fuimos a despedirlo”.   

“Volvemos a tenerlo en casa … se está empezando a hacer justicia”

El 11 de setiembre de 2006 en horas de la tarde, cientos de personas marcharon a pie por las calles de Rosario acompañando hacia su descanso final los restos de Dardo Rutilio Betancour Roth, aquel muchacho de raíces “pichoneras” que en 1974, en la flor de la edad con sus 24 años, fue fusilado por uniformados argentinos en la norteña provincia de Catamarca y permaneció hasta 2005 en una tumba NN.

Muchas cámaras, muchos micrófonos y grabadores estuvieron a lo largo del trayecto por las calles Sarandí y Agraciada y luego en el interior de la necrópolis para registrar aquel momento de intensa emoción. Donde no hubo periodistas, en cambio, porque no correspondía que los hubiera, fue en la casa rosarina de los Betancour-Roth, donde desde el día anterior “velaron a Rutilio en compañía de sus hermanos, de sus amigos y con la música que a él le gustaba”, según contó a LA VOZ DE LA ARENA Irma Leites, de Plenaria “Memoria y Justicia”.

Una hora antes del acto del sepelio -anunciado para las 16:30- frente a la empresa fúnebre Charbonnier comenzó a juntarse gente que iba llegando de distintos lugares. Vecinos que se habían apostado un poco más lejos, a la espera del paso del cortejo, también se arrimaron. En poco rato se conformó una nutrida muchedumbre, que alberga a ex-compañeros de cárcel de Rutilio, en la década del 70, amigos de la adolescencia y población en general que, respetuosamente, se acercaba a darle el último adiós.

Los medios informativos corrieron cuando arribaron al lugar el ministro (y líder histórico del MLN) José “Pepe” Mujica y su compañera, Lucía. “No, muchachos, no, estas son cosas para adentro, no para hacer declaraciones”, dijo Mujica a los reporteros, con sus ojos empañados de lágrimas.

DEL BOTIJA DEL FÚTBOL AL COMBATIENTE

Rutilio Betancour cursó escuela y liceo en lares rosarinos. Tenía 16 años cuando se fue para Montevideo, a estudiar y trabajar. Aún hoy sigue intacto el recuerdo de aquella partida: “Un día lo vimos cargando unas cajas y pensamos ¿en qué andará? Y era que llevaba su ropa y sus libros, porque se iba de acá”, evocaron algunos vecinos mientras atravesaban la plaza Benito Herosa para sumarse a las dos cuadras de personas que estaban a punto de partir hacia el cementerio.

Una vez en la capital, el adolescente emprendió variadas actividades laborales para ayudarse en sus estudios, y, con el correr del tiempo, comenzó a tener cada vez más militancia en grupos estudiantiles y sociales y luego desembocó en las filas del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) Tupamaros.

“Lo conocí cuando compartimos una celda en la cárcel de Punta Carretas, en 1970”, comentó Rúben García, montevideano. “Era un excelente compañero, así, con todas las palabras”. Daniel Vidart, ex-preso político y actual edil suplente de la Junta Departamental de Colonia, agregó: “Era un botija notable. ¿Qué más querés que te diga?”

Mabel, hermana de Rutilio, guarda indeleble en su memoria aquellos tiempos en que su hermano “jugaba al fútbol, en El Parque y en Rosario Atlético”. Eran los años en que “empezaba a mostrar su preocupación por cuestiones sociales, y se enojaba mucho porque decía que le pagábamos poco a los peones en el campo”.

En 1972 “quedó en libertad y lo obligaron a irse del país”, apunta García. Rutilio partió para Chile donde acompañó todo el proceso que llevó al triunfo de la Unidad Popular e invistió al doctor Salvador Allende como presidente de la República. A la caída del régimen constitucional trasandino, el joven rosarino se replegó hacia Argentina. Allí tomó contacto, en su condición de militante MLN, con revolucionarios del ERP. Junto a ellos, formando parte de una columna de 14 personas, el 12 de agosto de 1974 intentó copar el regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca.

“Militares y policías enfrentaron a tiros a los guerrilleros”, contaba en julio de 2005 una crónica de “Página/12”. “Huyeron a través de un campo y los persiguieron hasta una zona conocida como Capilla del Rosario, a 20 kilómetros de la capital provincial, donde les dieron captura y después los fusilaron”, indicaba el informe.

Del total de combatientes asesinados, sólo cinco quedaron sin ser identificados. “Los pusimos en unos ataúdes con chapa y los sepultamos”, declaró un viejo funcionario del cementerio al diario “El Ancasti”, de San Fernando del Valle de Catamarca. A partir de entonces, el silencio, las dudas, los peores presagios se abatían sobre la familia Betancour-Roth. “Lo único que nos quedó fue comernos el dolor y punto, quedarnos quietos…Porque ¿qué íbamos a hacer”, contó Elsa, una de las hermanas de Rutilio, al periodista Efraín Choury Iribarne cuando éste la entrevistó en CX 36 Radio Centenario.

Vendrían después las gestiones impulsadas por Familiares de Detenidos Desaparecidos de Córdoba, que promovió la investigación de lo ocurrido en Catamarca ya que algunos de los revolucionarios fusilados eran oriundos de esta provincia. Vendría la acción de un juez, el Dr. Navarro, que abrió las investigaciones, y el notable trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense que exhumó los restos de esos cinco NN. “Nosotros somos como los detectives de la historia”, sintetizaba el antropólogo Luis Fondebrider, en entrevista divulgada por el sitio en Internet “Foro por la Memoria”.

Un estudio de ADN posibilitó que el primero en ser identificado fuera Dardo Rutilio Betancour. Su madre, ya muy anciana, falleció en una institución de Nueva Helvecia unos pocos días antes de que se conociera la verdad.

“SOLO PEDIMOS JUSTICIA”

Son las cuatro y media de la tarde en todos los relojes. De un vehículo frente a la empresa fúnebre, descienden los hermanos Betancour Roth. Portan una urna, cubierta con una bandera uruguaya, que guarda los restos de Rutilio. Mabel se abraza con un mar de afectos. Cuando los periodistas le piden una declaración, junta fuerzas y sentencia: “todavía falta que salga en el Juzgado que Rutilio fue fusilado, se está investigando eso”.

Glauco, que vive en Buenos Aires, fue muy breve: “Solo pedimos Justicia” y clavó, muy fijos, sus ojos en el suelo. En pocos minutos los Betancour no se divisaban entre tantos que los rodeaban de afecto. Vecinos, amigos, ex-compañeros de militancia, actuales ediles departamentales de Colonia. También Mujica y su esposa; también don Julio Marenales, tupamaro de la “vieja guardia”.

La columna humana comienza a caminar. Cada tantos metros se van turnando los que sostienen la urna. Dos jovencitas, en una esquina, contemplan el cuadro y son dos signos de interrogación de un tiempo para ellas tan lejano, casi un cuento diluido entre nieblas.

El cortejo arriba al cementerio, atraviesa el sector de antiguos panteones, llega al fin a destino. Un familiar lee mensajes recibidos (de los diputados Homero Viera y Luis Rosadilla). Marenales le da la despedida a Rutilio: “No es una víctima”, dice, “fue un combatiente y como combatiente cayó”. Emilio “Chiquín” Martínez (MLN de Colonia) lee con firmeza: “Para el verdugo que mandó esta muerte, pido castigo…Para el que dio la orden de agonía, pido castigo. Para los que defendieron este crimen, pido castigo”, el poema impresionante de Pablo Neruda.

Depositan la urna en su descanso final. Yolanda, la hermana que vive en Estocolmo, dice a LA VOZ DE LA ARENA: “Siento que se ha hecho justicia, que los crímenes se castigan y que esto no ha terminado, porque en Argentina ha empezado el juicio a los culpables del fusilamiento a mansalva de nuestro hermano y de otros 14 compañeros. Hay muchos que testimonian que fueron fusilados”. “Es maravillo poder devolver a Rutilio a su pueblo de origen, además con la compañía de todos los vecinos y amigos”, acota, mientras acomoda en su cabeza el pañuelo blanco con la leyenda “Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas -Córdoba”. Nibya, la otra hermana que vive en Montevideo, se suma al diálogo: “Es confuso lo que me pasa, es tristeza y es alegría a la vez por volver a tenerlo acá en casa”. A esa hora, Rosario debería ser un manojo de ruidos diversos, como cualquier ciudad. Pero un silencio hondo se adueña de la tarde, sólo interrumpido por aquel grito que viene rodando desde hace más de tres décadas: “¡Rutilio! ¡Presente!”