Mauricio Paz Viola. De Carmelo a Beijing en 4.017 días

Mauricio Paz Viola. De Carmelo a Beijing en 4.017 días

En 2008 el artista plástico carmelitano Mauricio Paz Viola viajó a Santiago de Chile para visitar a su hermana y su sobrina. Tenía una visa de tres meses, pero se quedó a vivir casi ocho años. En 2010, siempre buscando “generar paisajes o escenografías de otros mundos”, conoció a la estudiante china Zilin Cui a quien no solo propuso casamiento sino también acompañó durante un posgrado en California. Desde hace más de un año ambos viven en Beijing, tierra natal de su esposa, donde el artista continúa pintando.

Luis Udaquiola

Esta semana, en el marco del 71° aniversario de la proclamación de China como República Popular, Paz Viola y su esposa visitaron la “Ciudad Prohibida”, un complejo de palacios que fue residencia oficial de los emperadores y su corte durante casi 500 años. Pasearon, tomaron fotos y comieron frutas bañadas en caramelo, uno de los dulces tradicionales chinos. La llamada “Semana de Oro” es una iniciativa del gobierno para expandir el turismo interno y conceder más tiempo a la población para las visitas a familiares que viven lejos.

El estilo de Paz Viola va del surrealismo al arte abstracto y se expresa a través de óleo, acuarela, acrílico en distintos soportes: lona, cartón, o técnica mixta. Según describe en su sitio web, pinta “paisajes habitados por el yo, donde un paso adelante es la luz eterna y un paso atrás es la oscuridad total, un reino que es tanto personal como universal, y que me gustaría compartir con el mundo”. 

Usa colores que “no son de la naturaleza”, explica el artista chileno Martín Astorga. “Más bien, se inventan, tal vez para generar visiones asombrosas de sus sueños y sus vagabundeos poéticos: luces y chispas que brillan de azul y naranja, atrayendo vistas para incursionar en su mundo”. Este año participó en la muestra “Cosmovisiones” de artistas uruguayos, argentinos y chinos, que se desarrolló en el centro de arte de Huangjueping.

Paz Viola nació en Carmelo hace 35 años. Su madre, Nibia Viola, es oriunda de Nueva Palmira y ama de casa; su padre, Raúl Paz, era funcionario de la aduana y murió de cáncer de pulmón cuando él tenía 12 años. Tiene tres hermanos: Sandra, Mirna y Marcelo.  

¿Qué recuerdas de tu infancia?

Fue en el barrio Mihanovich a dos cuadras del puerto de Carmelo. En esa época las calles eran de tierra roja, y después de la lluvia jugaba a hacer esculturas con barro, esculpir vasijas que luego el sol endurecía y yo decoraba con pintura. Recuerdo a mis amigos del barrio, los campamentos, las pescas en el puerto -bagres, tarariras, bogas y carpas-, sobre todo después de las lluvias. También mis años en el club de fútbol Wanderers donde siempre era suplente y nunca entraba a la cancha, o jugar a las bolitas en las esquinas y tratar de hacer trampas para ganar una. Fueron los mejores años.

El 8 de octubre Paz Viola asistió junto a su gata Ona las vicisitudes del partido que Uruguay le ganó a Chile 2 a 1 por las eliminatorias. “¡Vamos Uruguay, carajo!, alentó en facebook.

¿O sea que el interés por el arte surgió temprano?

Probablemente las primeras motivaciones por el dibujo aparecieron en la escuela Nº 5 “Héctor L. Noaín”, donde recuerdo que me gustaba copiar dibujos de los libros. Luego comencé a tomar clases con el docente Anselmo Cabrera, un guía y un pilar muy importante para mí.

¿Cómo fueron esos años?

Teníamos las clases de pintura los sábados en la Casa de la Cultura. Me acuerdo del lindo grupo que se formó con gente joven y adulta, del humor y de las charlas sobre arte, música clásica, y las muchas técnicas que el maestro nos enseñaba. Anselmo siempre me motivó y me aconsejó mucho. Durante 2003 hubo una crisis económica en Uruguay y como mi madre no tenía para comprarme materiales, me regalaba óleos, pinceles, aerosoles, etc., y me prestaba libros de arte contemporáneo: Salvador Dalí, Pablo Picasso, Max Ernst y otros. Me los dejaba una semana para que los leyera y la verdad me encantaba, porque en ese momento no había internet y los libros de arte en la biblioteca tampoco eran muchos. También me ayudó a ser perseverante, a seguir mis sueños, y si tenía un estilo propio a persistir en ese camino. No solo yo, sino todos sus alumnos. Él es un gran docente, una gran persona y un amigo; hasta el día de hoy seguimos en contacto y nos comunicamos por Facebook.

¿Y cuándo el arte salió al exterior?

Mi primer taller fue a los 14 años con el pintor carmelitano Juan José Gonzáles. Además, invitado por mis amigos Maximiliano García, Álvaro Acuña, Pablo Gavilán y muchos más, comencé a frecuentar el grupo artístico de la Vuelta. Fue muy importante para mi carrera porque desde muy joven me fui dando cuenta de lo importante que son el arte y la cultura para las personas. Con el grupo recorríamos el departamento de Colonia, participando u organizando eventos de todo tipo: pintura, literatura, música, teatro y malabares. Me acuerdo de un espectáculo de fuego afuera del teatro Uamá, para la inauguración del cine club, en el que yo arrojaba fuego por la boca, un evento muy divertido y peligroso. También recuerdo los eventos en el Bastión del Carmen y en AFE y mi muestra individual en el consulado argentino.

¿Llegaste a participar en los murales del Grupo de la Vuelta?

En los murales no porque cuando Maximiliano García, Luis Méndez y otros comenzaron, yo ya vivía en Chile, pero veo los trabajos y me encantan.

¿Cuándo viajaste a Chile?

Me fui a Chile en 2008 a ver a mi sobrina Fiorella y a mi hermana que vivían en ese momento en Santiago. Viajé por el tiempo que duraba una visa, tres meses, pero me quedé a vivir casi ocho años. Pasó que en 2010 conocí a mi esposa en una fiesta de la nostalgia, y en 2012 nos casamos. Por entonces ella estudiaba economía y estaba en Chile por un intercambio estudiantil. Luego en 2016 se fue a estudiar dos años a California, yo fui con ella, y en 2018 vivimos un año en Nueva York para que completara una pasantía de Naciones Unidas. En 2019 nos vinimos a vivir a Beijing, la tierra de mi esposa, y aquí estamos.

Según el artista, en Carmelo existe “un grupo de artistas geniales, escultores, pintores, músicos, y eso se da porque es una ciudad que tiene algo de luz propia”.

¿Cómo se acompasó el periplo de ciudades con tu carrera artística?

La experiencia artística fue diferente en cada país. En Chile, al principio yo no pintaba muy seguido. Recién a fines de 2010 comencé mi primera serie en óleo con espátulas “La nada en el vacío”. Luego me uní al artista y gestor cultural Martín Astorga que organizaba la llamada “Gira País” junto al premio nacional Guillermo Núñez, y me incluyó en exhibiciones colectivas en pequeñas ciudades de la Quinta Región. Después vinieron muchas exhibiciones individuales y colectivas. En California, por su parte, compartimos un estudio con mi amigo cubano Oreydis Maceo y emprendimos muchos open studios y aventuras. En Nueva York me encontré con muchas oportunidades, grupos, asociaciones, y conocí a artistas de todo el mundo buscando oportunidades en la gran manzana. Tanto allí como ahora en China hay muchas oportunidades para exponer y crear una carrera artística sólida; lo que acá es un poco distinto son las formas ya que es una cultura completamente diferente. Con muchas reglas y tradiciones. 

¿En qué zona de Beijing viven?

Hasta recientemente vivíamos en el distrito de Chaoyang en el área de las embajadas y la Ciudad Prohibida, pero nos mudamos de apartamento y ahora estamos en el área de los hospitales y universidades, al lado de parques muy lindos con pequeños arroyos y arquitectura antigua y a unos pasos de un templo budista. El barrio es muy tranquilo porque aquí viven muchos ancianos. No hay diferencia entre los días de semana y los fines de semana porque los chinos son meticulosos, ordenados, y rutinarios, muy diferentes a la cultura latinoamericana.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida de la pareja?

Mi esposa se dedica a la interpretación y traducción en español, inglés y chino. Yo generalmente me levanto cerca de las siete u ocho de la mañana y pongo agua a calentar para tomar mate o café. Toco mi lira para armonizar todo, y estoy en mi computador durante la mañana; por lo general pinto de 12 o 13 horas hasta las 5 de la tarde.

¿La pandemia afectó tu trabajo?

En cierta manera sí, como a todos: este año yo cumplía 20 años de carrera artística y quería organizar muchas exhibiciones, sobre todo con la Embajada de Uruguay en Beijing, pero todo eso se suspendió. En lo que va del año no he tenido exposiciones físicas.

Considerando la distancia geográfica y horaria (ustedes viven adelantados 11 horas) ¿de qué cosas sientes falta?

En realidad, no extraño nada: cuando uno es migrante desarrolla ciertas capacidades, un no-extrañar, un adaptarse en cualquier parte, aunque es verdad que cuantos más años estás afuera más añoras y recuerdas algunos detalles de tu país. Hoy por ejemplo me levanté con ganas de comer bizcochos, unos croissants, pero en realidad extraño esa simpleza del uruguayo de hablar entre amigos, tomando mate o unos vinos, con profundidad, sinceridad, y un toque de ironía. Quizás podría haber sentido falta del mate, pero por suerte en todos los lugares que he estado he conseguido yerba. En mi caso el mate es un compañero, me acompaña mientras pinto en mis días en el taller. Además, con los amigos del Grupo de la Vuelta seguimos en contacto por facebook y whatsapp, más que nada con Maximiliano con quien aún intercambiamos ideas, consejos y nos contamos en qué estamos. Los domingos generalmente escucho tango, folclore, música popular uruguaya o rioplatense mientras tomo mate y pienso en Uruguay. Creo que ese es un punto de unión entre mi patria y yo. 

¿Cuánto hace que no vienes a Carmelo?

Fuimos con mi esposa en 2015 en un viaje corto de una semana para celebrar Navidad y año nuevo. Pasamos por Carmelo, Colonia, Montevideo y Maldonado, porque mi esposa quería conocer Casa Pueblo. Viajar a Uruguay por el momento no está en mis planes, pero nunca se sabe quizás en el próximo mes o dentro de algunos años.  

Además de haberte dado la primera formación artística ¿cómo influyó Carmelo en tu arte?

Sin dudas influyó en toda mi vida. En general los artistas creamos e interpretamos historias vividas, cultura, sonidos, recuerdos. Tanto el candombe como las murgas, los carnavales, los amigos, la familia y el lugar dónde naciste conforman las bases de un artista. Aprendí mucho del artista carmelitano Javier Gil, de quien traté de copiar sus obras y sus técnicas, sobre todo en óleo y carbonilla; él me dio muchos consejos que escuché y tomé. Es verdad: Carmelo tiene algo especial que nadie puede negar, una magia, un aire a fiesta melancólica, un grupo de artistas geniales, escultores, pintores, músicos, y eso se da porque es una ciudad que tiene algo de luz propia.

Sitio web del entrevistado: https://www.mauriciopazviola.com/