La Sub-20 de Juan Lacaze ya tiene 40

La Sub-20 de Juan Lacaze ya tiene 40

(Publicada originalmente en setiembre de 2001 con el título “La Sub 20”). ¿Está naciendo una generación Sub-20 o se agotó en 1997 con el título de vicecampeona mundial en Malasia? Hablar de generaciones significa entender que aquellos que están dentro de algunas franjas de edades comparten experiencias comunes que luego les hacen mirar el mundo desde una experiencia relativamente común.

Luis Udaquiola

Quizás en Uruguay no debe esperarse la eclosión de generaciones que subviertan las costumbres y las formas de mirar la vida y el mundo. Para el sociólogo José Luis Castagnola, hay una razón fundamental que impone que en Uruguay los cambios no sean espectaculares como en otros países: “la población tiene una dinámica lenta”.

En Uruguay se estima que la población se duplicará para el año 2117, dentro de 120 años. En México ello ocurrirá para el año 2030 y en Guatemala para el 2017, 100 años antes que en nuestro país.

Según Castagnola, esperar una generación que cambie espectacularmente el fútbol, la política o cualquier otra actividad, “es seguramente el peor error que podemos cometer, porque seguramente nos condenará a la decepción y al eterno pendular entre el pesimismo crónico y el optimismo sin mayor fundamento”. En un país veterano, los Sub-20 son desconocidos que deben pelear su espacio.

Aprendiendo a gerenciar

Debra Izquierdo aun está lejos de ser Sub-20. Tiene 16 años, nació en Montevideo y desde hace cinco años vive en Juan Lacaze. A partir de marzo, junto a otros 24 estudiantes de cuarto año de Liceo, participó en el desarrollo de un proyecto empresarial impulsado por Desem. La propuesta, bautizada como “Deshaciendo ruedas”, consistió en reciclar cubiertas viejas de autos, camiones y bicicletas, transformándolas en maceteros. Desem es una organización internacional fundada en 1919 en Estados Unidos que funciona en Uruguay desde 1991.

“Al principio todo el mundo empezó a ponerle ‘peros’, y al final se vendieron más de 100”, resumió Izquierdo. Las acciones colocadas a $ 25 para financiar el proyecto, alcanzaron un lucro de $29,70 para cada accionista, en su mayoría padres de alumnos y amigos de los jóvenes empresarios. “Aprendimos muchísimo haciendo que la gente se diera cuenta que era un producto bueno y realmente servía”. El emprendimiento contó con el apoyo del Grupo Amigos del Medio Ambiente, FANAPEL y M.S.P.

Desde hace tres años Izquierdo participa en el Grupo Scout de Juan Lacaze, y desde hace cinco semanas es anfitriona de la becaria alemana del YFU, Catarina Siegman, que “ya es casi como una hermana”.

Izquierdo se quejó de la falta de espacios recreativos para los jóvenes de su edad -y menores que ella-, y se congratuló por la inauguración de ‘Totem’, un pub en el centro de la ciudad que comenzó a canalizar las diferentes propuestas musicales juveniles.

Jóvenes deportistas

La Sub-20 deportiva de Juan Lacaze da que hablar. No sólo a través de sus más conocidos jugadores de fútbol –Javier Chevantón, de 22 años, y Julio Rodríguez, de 24-, sino también en otras actividades: María Fernanda Rodríguez se destaca en atletismo, Luisina Budiño en ciclismo, y varios adolescentes sorprenden en las canchas de bochas.

Líber Picca tiene 20 años y acaba de retornar al Grupo Scout tras un período de ausencia. Aunque aspira a convertirse en docente de Educación Física –estudiando en Uruguay o en Cuba-, lo suyo es el básquetbol.

Jugó siete años en el plantel del Cyssa y participó en tres torneos nacionales de la “B”, defendiendo a la selección departamental de Colonia. Hace más de dos años integró la selección del club Plaza de Nueva Helvecia, pero “tenían dos o tres jugadores de la selección uruguaya y a mí me dejaron de lado. Al no pagarme más los pasajes tuve que abandonar las prácticas”. 

Picca aguarda el inicio del año próximo para recomenzar en Montevideo, Cuba “o donde se me dé la oportunidad”, porque “las posibilidades que tengo acá son pocas”. Eso sí, no espera parado. “Junto a Fernando Cortizo y Andrés Cedrés me enganché con la música, y aunque nos vemos cada vez menos, no pierdo la esperanza de tocar alguna vez”. Su estilo enfatiza en los ritmos de Serrat y Silvio Rodríguez. “Como que estamos medio perdidos en el tiempo: mientras todos los gurisitos escuchan rock nosotros estamos para lo viejo”.

Picca ve a su generación “con poca perspectiva. Algunos se conforman con poco, pero más que un bienestar personal yo aspiro a un bienestar colectivo y se que hay que esforzarse mucho para lograrlo”. A él la política le gusta, “pero muchos jóvenes la entienden como una mala palabra: la asocian con corrupción”.

Andrés Cedrés, Líber Picca, Debra Izquierdo y Fernando Collazo, todos en 2001.
Medicina en Montevideo

Cientos de jóvenes lacazinos estudian en Montevideo con diverso grado de dificultad. Fernando Collazo, de 19 años, está cursando el segundo año de Medicina y se hospeda en el hogar Textil. “Por ahora he tenido la suerte de salvar todo: Ciclo Básico, Celular y Tisular. Ahora estoy cursando Neurobiología y el 19 de diciembre voy a rendir Locomotor”.

El primer año fue “raro”. Los primeros meses “por el miedo de subir a un ómnibus y no saber adónde tenía que bajarme. Después mis padres se separaron y las cosas se complicaron”. Viajaba a Juan Lacaze “a dedo” todos los fines de semana, y a veces retornaba “solo con la plata del pasaje”. Para abaratar “me traía todo de allá, simplemente porque tenía crédito en el almacén de la esquina”.

Cierta vez, para poder comprar un litro de leche, intentó venderle a un vendedor callejero las tarjetas telefónicas usadas que guardaba para su hermana, “pero el señor me dijo que ya las tenía repetidas. Después no quería pasar por la esquina porque me daba vergüenza”.

Durante aquellos meses se atrasó en la cuota del Hogar pero lo “salvó” la huelga universitaria. “Creo que no le sirvió a nadie pero a mí me salvó la vida. Volví a Juan Lacaze y trabajando en un horno de ladrillos, entre octubre y enero junté la plata para saldar la deuda”.

Llueva o truene, Collazo cubre el trayecto de 25 cuadras hasta la facultad caminando, porque “en la fotocopiadora se gasta mucho y uno tiene que apretar lo que tiene”. Además de economizar, la caminata le permite ganar tiempo -“a veces los ómnibus demoran y caminando siempre llego a la hora que quiero”-, y también bajar de peso. “Algo raro me pasó, porque todos adelgazaban y yo engordé”.

Según Collazo, “hay mucha gente que no viene a estudiar a Montevideo porque dice que no tiene plata, pero si uno quiere estudia con poco. Más que una billetera llena se necesitan ganas y un poco de sacrificio”. Este año Collazo obtuvo una beca de Bienestar Universitario de $2.200 mensuales.

Medicina en Cuba

Lucas Vignoli, de 19 años, también estudia Medicina, pero en La Habana. Hasta marzo su única salida había sido a Montevideo por una semana. El lacazino forma parte del contingente de más de 160 jóvenes uruguayos que desarrolla una carrera de seis años en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas de Cuba. La selección tiene en cuenta la escolaridad y el nivel socio económico de los candidatos.

“Hay mucha exigencia y quien no salva los exámenes semestrales retrasa la oportunidad de viajar a su país”, explicó Vignoli. “Ningún uruguayo tuvo problemas y nos consideran una de las tres o cuatro mejores delegaciones de América Latina”.

La Escuela de Ciencias Médicas les proporciona alimento, uniforme, textos, útiles y hasta un viático de $100 pesos cubanos para pequeñas compras y salidas. “No nos falta nada; parecemos los hijos de Fidel”, sintetizó Vignoli.

El campus se parece a una pequeña ciudad: tiene correo, zapatería, lavandería, peluquería, cafetería, mercado. Los sábados se dispone de tiempo libre para recorrer La Habana pero deben respetarse horarios de entrada y salida. El ingreso de alcohol a la Escuela está prohibido.

Durante sus primeros cuatro meses en la isla Vignoli extrañó los condimentos de la cocina cubana y las actividades del fútbol local, pero sobre todo a su familia, sus amigos y su novia con quien habla por teléfono todos los sábados. Aunque en el liceo cursaron el mismo preparatorio, Fernanda Berois, de 18 años, prefirió estudiar profesorado de Química en el Cerp de Colonia. Viaja todos los días y estudia de 8:30 a 17:15 horas. El horario es extenso, “pero la carrera se reduce de cuatro a tres años”.

Los nuevos militantes

A diferencia de sus padres, los jóvenes de la generación Sub-20 no militan en política. Carlos Andrés Cedrés, de 22 años, es el mayor de seis hermanos e integra un grupo de cinco jóvenes pertenecientes al Movimiento de Participación Popular. Decidió involucrarse “por lo que estaba pasando a nivel social”, explicó, “y también en base a lo que había leído”. Suele pasar horas en la biblioteca Rodó descubriendo la historia reciente del país. “Fue lo que más me motivó”.

Cedrés estudia Mecánica en la UTU y fabrica artículos de madera para vender en la feria artesanal de Colonia. Observa entre sus congéneres poco interés por la política -“porque no hay credibilidad”-, y al mismo tiempo, cuando quieren integrarse “no encuentran el apoyo suficiente: En las últimas elecciones muchos quisieron acercarse para trabajar y no les dieron oportunidad”.

Los jóvenes del MPP de Juan Lacaze se han unido a los de Nueva Helvecia para “salir a recorrer el departamento convocando a más jóvenes y así volver a juntar lo que fue la Juventud”. Participando políticamente Cedrés y sus compañeros abrigan la esperanza de resolver algunos problemas “lamentables” como “la falta de recursos y de empleo, y las desventajas de los estudiantes del interior cuando tienen que venir a Montevideo”.

Alejandro Wasilewsky, de 22 años, evalúa la perspectiva juvenil “un poco complicada” porque “las oportunidades son pocas y muchas veces mal difundidas. La gran mayoría tiende a decir: ‘para qué voy a estudiar si después no puedo hacer nada’, cuando de repente habría que buscar un poco más de información o de ayuda. La situación económica está difícil pero con voluntad no es imposible”.

Necesidad de formación

Wasilewsky es el mayor de cuatro hermanos. Estudia la carrera de Analista Programador en la Universidad ORT, en Colonia, y al mismo tiempo da clases en la misma institución. Estudió un año en la Facultad de Química y es técnico en reparación de PC, formado a distancia por el instituto norteamericano Brainbench.

Desde que falleció su padre, hace dos años en un accidente, trata “de ayudar lo más posible” a su familia y en especial “a mis hermanos en los estudios”.

Wasilewsky tuvo contacto con la estructura del Partido Colorado “desde chiquito” y hoy es militante de esa colectividad. En su habitación hay dos grandes cuadros: una foto de su padre y una ilustración de la figura del presidente Jorge Batlle. “Una de las posibilidades juveniles está en el desarrollo social dentro de cualquier agrupación política, ONG, u organización religiosa donde se puede acceder a más y mejor información y ayuda”.

Lucas Vignoli, Fabiana Cuevas, Alejandro Wasilewsky y Rodrigo Montero en 2001.

En las últimas elecciones Wasilewsky y Cedrés coincidieron en una mesa electoral representando a sus respectivas colectividades. Según Cedrés, al problema de la prescindencia de los adultos se suma un déficit en materia de formación política. Wasilewsky coincide “totalmente” con las carencias de formación –“el Partido Nacional está un poco más adelantado que nosotros”-, pero es optimista frente a la discriminación. “Siempre existió, pero sabiéndose organizar y quizás –gracias a Internet-, con mejor información que los adultos, se pueden elaborar proyectos y hacer sugerencias que de repente los dejan con la boca abierta”.

Jóvenes en el arte

Rodrigo Montero es hijo de lacazinos, nació en Buenos Aires y vive en Montevideo. Tiene 21 años y, aunque su vida pasa “por otro lado”, corre “desesperadamente” –dice sin convencer-, para rendir las dos materias que le restan para completar el secundario. 

Frecuentó el taller de historietas de Tunda y Ombú durante cuatro años. Ha publicado tiras en el suplemento Berp de La República desde que tenía 14 años y ha participado en muestras de ‘comics’ en Montevideo y Porto Alegre. También estudia teatro, escribe novelas y cursó un año en la escuela de cine ‘Contraplano’. En materia de cine “el 90% es práctica: aprender a trabajar con producción, sobre todo con los actores, coordinar los equipos”.

Actualmente –con el apoyo de familiares y amigos y la participación del actor Roberto Suárez-, filma un corto en la Quinta de Santos, “un lugar donde se te puede caer un cacho de revoque en la cabeza, pero es formidable”. El título podría ser el que lució hasta la semana pasada en las ‘claquetas’ del rodaje: “All in the family”. Su director pretende presentarlo en festivales “de un lado para otro hasta que el mundo se arrodille a mis pies”.

A pesar de su edad, Montero cree que no tiene tiempo para perder. “No pienso sentarme a esperar que el Fona (Fondo Nacional Audiovisual) me apruebe un presupuesto para hacer una película en el año 3.015. Si vamos a depender del Fona, los 500 a quienes nos rechazan las propuestas nos pegamos un tiro”. Hay que aprender a trabajar con las herramientas disponibles. “A esta altura: ¿quién no tiene un primo que te preste su cámara de video?”.

Montero critica a su generación -“somos los desechos de la generación X”-, y advierte que en torno a la anterior se ha creado “una nueva mitología” que desemboca en “una oda al sufrimiento, un complejo de inferioridad enorme, un montón de gente que en su fuero más interno reza para que haya otra dictadura y así tener algo de qué quejarse”.

El amor es clave

Fabiana Cuevas tiene 24 años y hace tres obtuvo su diploma de profesora de declamación en la escuela ‘Concepción Antonelli de Requesens’. Integra el Grupo ‘Arte’ de la profesora Elsa Gelso pero actualmente está alejada de las tablas por el doble horario de su empleo en el supermercado Casa del Niño. Su última actuación fue hace dos meses en la puesta de ‘Canillita’ de Florencio Sánchez y en una recopilación de poemas de Federico García Lorca.

Ha dado clases de declamación -“más bien por amor que por dinero”-, y no descarta retornar al Grupo ‘Arte’. “En cuanto pueda hacerme un huequito volveré porque a veces siento que me hace falta”. Según Cuevas, “el joven que trabaja tiene la mente proyectada hacia un futuro, pero el que estudia vive más el presente”. Si bien reconoce que las oportunidades escasean, “algunos tampoco las buscan porque se conforman con poco y piensan que están bien. Es hasta que llega tu momento y decís: hoy es mi turno y voy a hacer algo por mi”.

Lo dice por propia experiencia. “Llegó un punto de mi vida que pensé: mis viejos no van a estar toda la vida para solventar mis gastos, tengo que lograr algo por mi misma. Hay muchas personas que se descansan en eso pero a cada uno le llega su tiempo. Cada cual lo hace como puede o como quiere”. Cuevas dijo que está muy enamorada. “Creo que todos perseguimos el fin de ser algo en la vida y, sobre todo, ser felices”.