Gabriel Bidegain Greising. “Gracias a la vida, que me ha dado tanto”

Gabriel Bidegain Greising. “Gracias a la vida, que me ha dado tanto”

(Publicada originalmente en diciembre de 2005). En el invierno de 1971 el rosarino Gabriel Bidegain resolvió reemplazar a su hermano Raúl en el Penal de Punta Carretas, donde cumplía pena por su pertenencia al Movimiento de Liberación Nacional (MLN) junto a Raúl Sendic, Jorge Zabalza y otros dirigentes tupamaros. Bidegain aun no había cumplido 19 años y estaba estudiando Ciencias Económicas. 

Luis Udaquiola

Desde entonces han pasado casi 35 años -su hermano murió en 1989 en Bélgica-, pero aun recuerda a su padre parado en el jardín la madrugada que retornó a casa en 1973, y su obligado viaje un año después a Buenos Aires donde conoció a la lacazina Loreley Garín.

Bidegain recibirá el año nuevo junto a su familia en Uruguay, pero respondió a LA VOZ DE LA ARENA desde Haití donde en las últimas semanas cumple una tarea formativa encomendada por las Naciones Unidas.  

  • ¿Qué recuerdas de tu infancia?
  • Mi infancia fue muy feliz a pesar de las necesidades materiales. Mi padre había perdido su estancia Santa Frida (nombre en honor a mi madre) que tenía con mi abuelo materno, Gerardo Greising. Yo nací en Rosario en el antiguo sanatorio, porque mi madre tuvo complicaciones en el final del embarazo, pero mis primeros tres años los pasé en ese campo en la Ruta 1, cerca del balneario Santa Ana, que lleva el nombre de una de mis bisabuelas. Luego en Rosario vivimos en la calle Sarandí y ahí fui muy feliz. Recuerdo que cuando era muy chico mi padre me había prometido llevarme a conocer a Herrera, de quien sentía hablar todos los días, y como no me llevó estuve tres horas llorando agarrado a una columna. También lloraba porque mis hermanos iban a la escuela y yo también quería ir. Por eso ingresé en Jardinera en la escuela Nº 3, hasta que por disciplina mi madre me mandó a la escuela de las hermanas donde iba mi hermana Ana María.  Ahí estuve hasta tercero, pero como era un niño inquieto sugirieron a mi familia que me sacaran del Colegio. Por eso llegué a la escuela Nº 4 para cursar cuarto año y tuve de maestro a “Tajito” (Yens Schou).  
  • ¿Y cómo te fue en el liceo?
  • Ingresé al liceo con el famoso director Paiva y me destaqué en las actividades liceales y gremiales siendo el presidente de los cuartos años. Luego ingresé en Preparatorios en Valdense donde cursé Ciencias Económicas. En el agitado final de los años 60 lideré y gané la presidencia en el primer año y luego en el segundo. Publicábamos un periódico llamado “Evolución” que estuvo por ser clausurado y me provocó varios interrogatorios. Recuerdo varias represiones y que en el lapso de una semana me llevaron preso como siete veces al destacamento policial de Colonia Valdense. También recuerdo que en cierta ocasión que fuimos a pescar casi se ahoga el Edgardo -el “conejo” Martín-, y que tuve la suerte de salvarlo.
  • Mientras tanto ¿qué ocurría con tu hermano Raúl y el resto de la familia?
  • Al final del colegiado blanco mi padre había sido Jefe de Policía de Colonia, cargo que en aquel momento era por designación política. Mi hermano había pasado a la clandestinidad junto a su esposa Cristina Cabrera, por vinculación a los Tupamaros. En agosto de 1970 cuando detuvieron a la cúpula tupamara mi hermano fue detenido junto a Sendic y a otros importantes dirigentes. A él y a Sendic le suministraron pentotal como parte de otras torturas con el fin de tratar de extraerles información, y ambos murieron en 1989 -con una semana de diferencia-, con problemas en el cerebro. Yo siempre pensé que ese tratamiento tuvo algo que ver con sus muertes. Mi hermana se había casado con un abogado colombiano y se había ido del país. Mis otros dos hermanos -Luis Alberto y Ricardo, cinco y 11 años menores que yo-, vivieron y sufrieron en la escuela la persecución por la actividad de mi hermano y por mi decisión de rescatarlo de la cárcel. El primero vive ahora en México y Ricardo en Rosario.
  • ¿Llegaste a militar en la campaña electoral?
  • Siempre tuve una vocación de servicio a los demás tanto en actividades gremiales como políticas. Participé activamente en la constitución del primer comité del Frente Amplio en Rosario, en pegatinas y otras actividades. Por entonces había comenzado la facultad de Ciencias Económicas.  
  • ¿Cómo surgió la idea del cambiazo?
  • Luego de un par de visitas le comenté la posibilidad de realizar una fuga. Yo siempre me iba del Penal de Punta Carretas saludando, por eso Wilson Ferreira diría más tarde que Raúl “se fue saludando”. Planeamos la fuga casi en su totalidad y él por su lado lo informó a los dirigentes lo que permitió que hubiera alguien esperándole.
  • ¿Qué recuerdas de ese día?
  • El 17 de julio de 1971 en la mañana, pasé por la Facultad y luego me dirigí al bar enfrente al Penal de Punta Carretas donde siempre se encontraban los familiares de los presos políticos. Allí me informaron que debía entrar en la segunda visita de la mañana. Así lo hice. En un amplio corredor estaban sentados -como habían acordado-, Raúl en la punta junto a Falero Montesdeoca, y también Sendic, Zabalza y otros más. Yo había ido vestido con un gabán, bufanda, lentes y una gorra. Él estaba mas o menos así, pero cuando lo vi de cerca presentí que la fuga no podría hacerse: Su vestimenta no coincidía casi nada con la mía. Sentado y hablando, coloqué arriba de la mesa la gorra, los lentes y la bufanda que él tomó mientras jugábamos con Gabriela, la hija de Falero Montesdeoca, y le pasé mi gabán. Mientras tanto en el patio de los presos había mucho barullo para entretener a los guardias. Cuando se terminó la visita, Sendic -que estaba siendo visitado por sus hijos Ramiro y Raúl-, fue a entregarle una manualidad al responsable de controlar a los presos con la intención de distraerlo del movimiento que íbamos a hacer. Al final de la mesa, giramos y nos dimos vuelta. Yo quedé del lado de los presos y él del lado de la visita. Se llevó en brazos un niño que después supe era el hijo de Sendic, mientras yo junto a los otros presos era conducido para una requisa en un celdario. Zabalza, que me conducía, me llevó luego a la celda que antes ocupaba Raúl.
  • ¿Qué pasó en los minutos siguientes?
  • Raúl esperaba que le dieran la cédula para salir y varios familiares se dieron cuenta. Uno incluso quiso darle plata, pero afortunadamente había una moto donde se subió y se la llevó. Después del mediodía desde la celda que compartía con Puig y Cavia percibí que empezaron a preguntar por Raúl. Vinieron varios carceleros y yo estaba tapado y se me veían los pies. Vino Sendic a mostrarme el código penal y a explicarme que no me iba a pasar nada pues sólo había un articulo por el que me podían procesar: el 185, “concurso penal en auto evasión”. También vino un preso común a ver a Raúl y yo le hablaba desde lejos. Creo que se dio cuenta. Parece que Raúl llamó al jefe de Policía para decirle que se había ido. La prensa fue alertada por los familiares y los periodistas llamaban al ministro del Interior y a la cárcel. Finalmente los compañeros de la celda decidieron consultar qué hacían.  Abrimos la ventana y consultaron al único de la dirección del MLN que estaba ahí: Amodio Pérez, tristemente conocido, quien dijo que me entregara. Fui el primero en la larga lista.
  • ¿Cuándo confirmaron el cambio?
  • Los compañeros me habían preparado una naranja y, aunque yo no fumo, un tabaco. Entonces llegó un carcelero y se puso blanco. Luego empalidecieron los guardias y el propio Leoncino, jefe de la Cárcel. Mientras tanto los presos políticos gritaban ¡Tupamaros, Tupamaros! y anunciaban que tomarían represalias si me torturaban. Tal era el miedo de los guardias antes de entregarme a la policía política que hicieron venir al médico de la cárcel y nos dieron una ronda de Valium 5. Como yo nunca había tomado ninguna sustancia, a pesar de los nervios este medicamento hizo que me durmiera más tarde en uno de los interrogatorios.
  • ¿Cómo fueron esos interrogatorios?
  • Llegaron todos los comisarios, varios de los cuales fueron parte del Escuadrón de la Muerte. Luego me enteré que estuve en la lista para ser ejecutado pues Conde, un marino de Rosario, me identificó a principios de 1971 con Sofía (otro del escuadrón de la muerte) pero esa es otra historia. De ahí me llevaron a la Jefatura. Ahí empezaron los plantones y las amenazas. Yo había estado en la casa de mi padrino, el capitán Bolívar (un gran hombre al que le debo mucho respeto, perseguido por la dictadura y expulsado de la Universidad en democracia) edecán naval del presidente Pacheco Areco, y eso los confundía. Dije que mi hermano se iba del país y cerraron las fronteras. En uno de los interrogatorios con Campos Hermida me dormí por efecto de la pastilla. Estaba en una pequeña celda y escuché toser: habían detenido a mi padre. Titito Heber, ex presidente de la República, había venido a solicitar que lo liberaran pues no podía ser que lo pusieran preso. Incluso fue a hablar con el juez dado que mi padre no tenía nada que ver con eso. Estuve cuatro días en Cárcel Central y luego fui procesado por el famoso artículo, pero como preso común volví a Punta Carretas. Allí me dieron el sobrenombre de “Pepsi-Cola” dado que a mi hermano lo habían bautizado “Coca-Cola” por la propaganda que le hacía la prensa.
  • ¿Qué pasó después?
  • Allí estuve preso hasta noviembre del 71. Conocí a Sendic, a Mujica, Fernández Huidobro, Zabalza y otros entrañables compañeros, incluso a muchos de los desaparecidos y ejecutados tanto en Argentina como en Uruguay. Como el juicio estaba mal hecho me liberaron, pero la policía política me detuvo al salir del Penal, me llevaron a la cárcel central donde estuve un par de días, y de ahí a Punta Rieles, el campo de concentración. Éramos 32 presos políticos por Medidas Prontas de Seguridad, entre ellos Hugo Cores, Gerardo Gatti y muchos de los que también desaparecerían durante la represión en Argentina y Uruguay (Floreal García, Brun, etc.). Ese mismo día escribí una carta explicando que era preso común. Los comandantes me llamaron, me hicieron caminar y ponerme de plantón. Me dicen que soy el único recuperable y me cambian de pabellón. Todos los que estaban ahí se fueron y el único que permaneció detenido fui yo. A cada cambio de batallón los oficiales venían a preguntarme sobre el “cambiazo” y a cada uno debía darle la versión. Estaba ahí cuando lo habilitaron como depósito para los detenidos a partir de abril del 72 y fui al calabozo varias veces. Como era el conocido “tupa bueno”, el encargado de limpiar los pisos y pelear por la comida de los presos, siempre me la ligaba. Ricardo Ehrlich, el intendente de Montevideo, me recordó recientemente que una vez que le sorprendieron pasándole un paquete de tabaco a Henry Engler (uno de los rehenes) yo asumí la autoría. Tuve que presenciar escenas muy angustiosas cuando traían a los compañeros de las torturas. Entre ellos a Mujica luego de sobrevivir a nueve balazos. En julio del 72 vinieron dos oficiales de Inteligencia a decirme que me pedían de Francia pero que no podían dejarme libre pues pasaba a la clandestinidad. Me sacaron de la lista y estuve dos meses sin estar registrado en el campo de concentración. Creo que me mantenían para alguna represalia.  Finalmente me reincorporaron a la lista de los detenidos. Cuando deciden transformar Punta de Rieles en cárcel para mujeres, el 15 de enero de 1973 me trasladaron, junto a otros nueve presos, entre ellos Germán Cabrera, al Cuartel Florida en el Buceo. Ahí todavía había presos, algunos de los cuales morirían en la tortura y otros desaparecerían luego en Argentina y Uruguay.  Es el momento del levantamiento de febrero y de los comunicados 4 y 7.
  • ¿Cuándo te liberaron?
  • El 15 de febrero, con la orden de presentarme en el cuartel. Me liberaron a las 21 horas en una noche oscura y por tanto pregunté dónde estaba. Las libertades siempre se ejecutaban de día. Me dijeron que debía ir para el lado del Cementerio y por supuesto salí corriendo para el otro lado. Pude llegar a la casa de una querida tía que me dio dinero, avisar a mi madre y viajar a Rosario. Mi madre me esperó con mi hermano en la ONDA. Mi padre no pudo ir a recibirme como lo hizo mucha gente de Rosario a las cinco de la mañana. Me esperó parado en el jardín y me dio un abrazo. Sé que fue muy fuerte para él. Creo que me soltaron para poder seguirme y ver si podían detener a otros compañeros. Afortunadamente me pude mantener un año trabajando como peón rural y vendedor de fiambres. En Juan Lacaze, el comisario Atilio Delgado me detuvo un par de veces. Al final el 15 de febrero de 1974 decidí salir clandestino a Buenos Aires por Punta del Este. En Buenos Aires tuve la gran suerte de conocer a una lacazina, Loreley Garín, que luego sería mi compañera, madre de mis cuatro hijos, y que me acompañó siempre en las buenas y en las malas aun en momentos donde no teníamos qué comer.
  • ¿Cómo vivieron en Buenos Aires?
  • En las condiciones más increíbles, tanto que yo terminé con tuberculosis. Me siento muy afortunado por haber encontrado a mi compañera y esposa, que me ha tenido una paciencia enorme en este largo trayecto que hemos recorrido juntos. Me salvé varias veces de caer preso, aunque una vez estuve detenido en la comisaría de Tortuguitas; por suerte reconocieron a un argentino y me liberaron. Luego me salvé varias veces de secuestros cuando habían caído varios compañeros. Gavazzo secuestró y torturó a mi suegra y a mis cuñados Graciela y Aldo Garin para poder ubicarnos. Esa mañana le dije a Loreley de no ir a trabajar porque olfateaba que había peligro. Afortunadamente no pudieron ubicarnos. Tuvimos una gran suerte en medio de una situación donde varios morían y/o eran desaparecidos.
  • ¿Hasta cuándo permanecieron en Buenos Aires?
  • Habíamos iniciado los trámites de refugio ante ACNUR y finalmente pudimos salir el día del golpe de Estado en Argentina, el 24 de marzo de 1976. Me detuvieron en el aeropuerto porque buscaban a Bidegain el que había sido gobernador de la provincia de Buenos Aires y luego de dos horas de atraso salimos hacia Bélgica. Cuando ya estábamos sobre el océano Atlántico le pedí una cerveza a la azafata. Loreley estaba embarazada de nuestra hija mayor –Gabriela, que hoy tiene 29 años-, y recuerdo que me quisieron cobrar dos dólares. Juntamos los pocos pesos que teníamos y no llegamos a uno. Nos íbamos con una mano adelante y otra atrás. Luego en Bélgica me enteré que del hambre que había pasado había contraído una tuberculosis y tenía un pulmón perforado.
  • ¿Cómo fue la vida en Bélgica?
  • Nos casamos oficialmente en Lovaina, y tuvimos dos hijos más: Pablo (27) y Sebastián (25). Loreley empezó a trabajar y yo también -entre otros lugares como peón en el metro de Bruselas-, y a estudiar. Fui presidente de la organización de Estudiantes Extranjeros y fundé la Casa de las Penas, un club para todos los latinoamericanos que todavía existe. Luego de estudiar y trabajar en la Universidad Católica de Lovaina en los años 80 me invitaron para fundar un departamento de Demografía en Venezuela. Allí fui y durante seis años trabajé como jefe de ese departamento y publiqué muchos libros y artículos. Hoy soy conocido como el “demógrafo venezolano”. Luego las Naciones Unidas me invitaron a hacer algo parecido en Honduras creando un Centro de Estudios y un postgrado en Población y Desarrollo. Ese período coincidió con la guerra en Centro América y a pedido de las Naciones Unidas ayudé a la transición colaborando con los partidos políticos. Luego me invitaron a trabajar en Nueva York en el marco del Plan de Cooperación Económica (PEC) que aprobó la Asamblea General. Tuve la suerte de trabajar y conocer a muchos de los personajes más famosos y de supervisar el proceso de paz en Centro América. Luego nació nuestra cuarta hija, María Fernanda (11).
  • Por entonces ya te habías consolidado como asesor de la ONU …
  • A mediados de los años 90 fui a Haití donde había sido restituido el presidente constitucional Jean Bertrand Aristide. Ayudé a los haitianos en la formación sobre el manejo de la cooperación internacional y la cooperación sur-sur. Luego viajé a Venezuela a ejecutar un proyecto de desarrollo social. Más tarde me pidieron de volver a Haití para crear un Centro de Población y Desarrollo, otro postgrado de población, y preparar el cuarto censo de población que se realizó contra todo pronóstico. Caminé montañas y ríos para poder hacer el trabajo cartográfico previo. Luego renuncié a las Naciones Unidas para unirme al Sistema Económico Latinoamericano (SELA), como Director de Cooperación, con el fin de apoyar la integración de nuestros pueblos.
  • ¿Cuándo resolvieron volver a Uruguay?
  • Al final de 2003, luego de 30 años en el exterior, para poder aportar al proceso de cambios que se avecinaba. Pude colaborar con la comisión internacional del Frente Amplio. Tuve la suerte de poder ver los resultados de octubre, que la primera mujer presidente de la Cámara, Nora Castro, me llamara para que la ayudara, y presenciar el cambio en el Poder Legislativo, junto a ella y a Mujica, así como ver a muchos antiguos compañeros asumir funciones, y la transmisión del mando el 1º de marzo. También pude acompañar las elecciones departamentales y dar una mano.
  • ¿Qué vas a hacer en Uruguay?
  • Desde que llegué José Díaz me abrió las puertas de la Fundación “Vivían Trías” donde pude coordinar los Foros de Debates y luego reemplazarlo como Director General cuando pasó a dirigir el Ministerio del Interior. Este año además las Naciones Unidas me solicitaron de nuevo para continuar la obra de formación en el postgrado y los temas de población y desarrollo en Haití. Acepté el desafío y tuve la enorme satisfacción de que tanto el Censo de Población y Vivienda como el Centro de Investigación y el Postgrado estuvieran funcionando. 
  • Después de 30 años de recorrer el mundo ¿qué es lo más lindo que has escuchado sobre el “cambiazo”?
  • Siempre que conocen la historia del cambiazo, muchos católicos y otros religiosos la ponen de ejemplo del amor fraterno.
  • Si tuvieras que hacer un balance de tu vida dirías que …
  • Me considero un hombre muy afortunado y no sólo por la compañera y esposa que tengo, que ha sido mi soporte durante todos estos años y me ha dado unos hijos de los cuales me enorgullezco, e incluso tenemos un nieto. Pude vivir y trabajar en las cuatro regiones de integración de América Latina y el Caribe, supervisar los procesos de paz y de desarrollo desde Nueva York y luego desde Caracas, y además vivir las experiencias anteriores, y poder contarlas. Sin embargo, a pesar de haberme codeado con importantes personajes del mundo, siempre llevo en mi corazón a mi Rosario Oriental y a mi departamento, y cada vez que vuelvo y recorro sus calles percibo la energía de mi pueblo. Una buena síntesis sería: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”.Un abrazo a todas y todos.