De Maracaná a Alemania ¿Dónde fuimos a parar?

De Maracaná a Alemania ¿Dónde fuimos a parar?

(Publicado originalmente en abril de 2006) A pocas semanas del inicio del Campeonato Mundial de Fútbol de Alemania, la pregunta se agiganta: ¿Por qué la selección no gana? Desde el cuarto puesto conseguido en 1970 en México (despreciado entonces) nunca una selección uruguaya volvió a lucirse en un campeonato mundial. LA VOZ DE LA ARENA trasladó esa pregunta a dos mundialistas que comenzaron su carrera en los potreros de Colonia y Nueva Helvecia: El campeón del mundo en 1950, Juan Carlos González, y el capitán de la selección que disputó la Copa de 1966, Horacio Troche. El primero tiene 81 años y vive en Buenos Aires; el segundo tiene 71 y está radicado en México.

Luis Udaquiola

No le falta al departamento de Colonia aptitud y talento para el fútbol. Del coloniense Juan Carlos González en 1950 al sabalero Javier Chevantón, ha aportado sus mejores hombres a la selección nacional. Pero eso no alcanza. Según el politólogo Oscar Botinelli “el Uruguay del Maracaná murió”, y con él “todo un estilo de país al cual míticamente se apela, se añora, o se hace referencia”.

DE “LAS QUINTAS” A MARACANÁ

El seleccionado de 1950, Juan Carlos González, nació en Colonia en 1924 -el mismo año que Uruguay ganó los Juegos Olímpicos-, y se crió en el barrio Las Quintas. Jugó al fútbol desde niño en torneos barriales –“cuando venían ellos ganábamos nosotros, y cuando íbamos nosotros ganaban ellos”-, y a los 11 años debutó en la primera división del Peñarol local. Eran seis hermanos y el trabajo escaseaba, pero “lo único” que él sabía “era que el fútbol me gustaba y que podía ser un fenómeno”.  

En los primeros años 40 su hermano José María Ortiz jugaba en Peñarol y lo invitó a trasladarse a Montevideo. “Los primeros tres meses no pude jugar ni en 3ª, ni en 2ª, ni en 1ª porque en ese tiempo ¡había 11 half!”, pero construyó su lugar y se quedó en Peñarol 14 años. Por 1944 integró los planteles campeones en las tres divisiones y conoció al ex entrenador de la selección uruguaya, el también coloniense Alberto Supicci.

En 1950 González no pudo jugar en la final contra Brasil -“me agarré una enfermedad y devolvía la comida a cada rato”-, y fue reemplazado por Schubert Gambeta. Si bien lo admiraba, cree que el mejor ‘half’ “que vio en su vida fue “Pulpa” Rodríguez.

Lo que más le marcó de aquella experiencia fue haber contado con “un padre espiritual que era Obdulio Varela: me vio solo, me dio un abrazo y me dijo: pibe, mirá que estoy al lado tuyo siempre”. A partir de ese momento “me agrandé tanto que ya no tenía problema ninguno”.

El último partido que jugó con Obdulio fue en España –después del Mundial y bajo lluvia-, “íbamos perdiendo 2 a 1 y saca Ramallé al medio de la cancha; la paro yo, se la doy a él, y él encaja el gol”, rememora con orgullo. “Salimos 2 a 2”.

Para González los males del fútbol uruguayo provienen del esquema 4-4-1 “que cambió nuestro sistema” y corrió al público de las canchas. “Hay que empezar con un fútbol nuevo y la guita tiene mucho que ver”. Para el próximo mundial una cosa está clara: “no podemos perder tantos puntos de locatarios. Puede ser un empate, un 1 a 0, pero que venga un cuadro y encaje cinco goles, el otro tres ¡fue un desastre!”. Además, a los jugadores “hay que enseñarles las picardías del fútbol de ahora: saltan pero no cabecean, le encajan el codo en la cabeza y hay un montón de lastimados”.

En Buenos Aires, donde vive actualmente con su esposa, González prepara las valijas para asistir a los partidos del próximo Mundial. Entre los sobrevivientes del 50 que recibieron invitaciones y pasajes, también viajarán Alcides Gighia y su esposa, pero no Oscar Migues que al cierre de esta edición estaba internado en un sanatorio de Montevideo.

DE “LA ZANJA” A WEMBLEY

Muchos recuerdan la sonrisita del zaguero de Nueva Helvecia, Horacio Troche, capitán de la selección que jugó la Copa del Mundo de 1966, cuando estrechó la diestra de la reina Isabel en Wembley, y luego le presentó a cada uno de los jugadores. Troche está casado con la también helvética Teresita Urtazú y vive en Morelia, a 300 kilómetros de Ciudad de México. Allí trabaja como responsable deportivo de la Universidad Latina de América y hace comentarios en radio y televisión.

Troche nació y se crió en Nueva Helvecia. Tiene los recuerdos típicos de “todo muchacho de la época: amigos, fútbol, jugar en los potreros del barrio La Zanja -a la entrada de la ciudad viniendo por el Camino a la Totora-, el buen juego de Rodríguez, Manrique y Caravallo”. Asistió a la Escuela Nº 40 donde también había una cancha de 50 metros de largo entre los paraísos. Su padre fue albañil y su madre no tuvo tiempo para trabajar afuera: “con nueve hijos –cinco varones y cuatro mujeres-, imagínese los ‘driblings’ que tenía que hacer para darles de comer, mandarlos a la escuela, lavarles la ropa”.

Los hermanos mayores “salíamos en las mañanas con un canasto a vender verdura casa por casa, y en las tardecitas vendíamos maní caliente por el pueblo, o los martes a la entrada del cine”.

Troche jugó en la 3ª y en la 4ª de Nacional de Nueva Helvecia y subió a 1ª, pero luego su carrera se desarrolló en el Club Estudiantes de Rosario. “Tenía 20 años -recién me había casado-, y vinieron a ofrecerme para jugar a cambio de un pago y trabajo en una fábrica de mosaicos. Iba todos los días en bicicleta y ese año salimos campeones en todos los torneos”.

Arriba: Seleccionado uruguayo campeón del mundo en Maracaná en 1950. Abajo los colonienses Horacio Troche y Juan Carlos González fallecidos hace algunos años.

En 1955 fue invitado por Nacional de Montevideo –junto al ‘Morra’ Carlos Collazo y a Oscar Leight-, para realizar una gira por el interior del país. Por esos días Leight fue a parar a Peñarol, pero Troche y Collazo fueron contratados por los tricolores. El primer año permaneció en Nueva Helvecia y viajaba para las prácticas y partidos. “Uno no estaba seguro si podría triunfar en el fútbol. Me daban $ 80 mensuales y me pagaban los pasajes”. Nacional quiso mandarlo a River de Montevideo pero Ondino (Viera) les dijo que no: “A ese muchacho déjemenlo que va a salir buen jugador”.

Permaneció casi nueve años y luego jugó en Huracán y River de Argentina. Comenzó en Huracán en 1963 con Pedro Cubilla y J.J. Rodríguez, y al año siguiente jugó en River Plate.

En la selección uruguaya debutó en 1958. Al año siguiente fueron campeones sudamericanos en Guayaquil junto a Roberto Sosa, Cacho Silveira, Mario Méndez, Rúben González, Domingo Pérez, Vergara, Sasía, Douzas, Escalada. “Fue el único equipo que le hizo cinco goles a cero a los argentinos”.    

EL DOLOR DE YA NO SER

Troche formó parte de las selecciones mundialistas de 1962 y 1966. De esta última arrastra “un recuerdo amargo: jugamos extraordinariamente contra Inglaterra, Francia y México, pasamos a la siguiente ronda, y en el partido contra Alemania me expulsaron, y al Lito Silva, y Uruguay perdió 4 a 0 y fue eliminado en los cuartos de final”.

Regresó a Cerro donde jugaba a las órdenes del entrenador Ondino Viera, y en 1967 fue invitado a jugar en Alemania. Allí jugó en el Alemania Hagen y el Bonner Sport Club. Luego realizó cursos de entrenador y un día –durante el campeonato mundial de 1974-, el uruguayo Juan Blao le pidió que intercediera para llevar al jugador Jorge Pouyú quien terminó casándose con una de sus hijas. En 1975 Blao lo llevó a México a entrenar el equipo de Las Chivas de Guadalajara. Y allí se quedó.

Troche tiene cuatro hijas: Nibia nació en Nueva Helvecia, Alicia en Montevideo, Mónica en Argentina y Raúl en Alemania. Nibia falleció y ellos se hicieron cargo de sus hijos: Annabella de 29 años y Jean Pierre de 24. En total son siete nietos. 

Desde hace 14 años trabaja en la Universidad Latina de América como responsable de todas las actividades deportivas: basquetbol, tennis, fútbol, soccer, masculino y femenino.

Según Troche la economía no es ajena al magro desempeño de Uruguay. “Económicamente el fútbol uruguayo es uno de los más pobres de América y del mundo. Yo siento hablar de lo que pagan a un jugador y pienso cómo hace ese muchacho para vivir”.

Desconoce “cómo se estará trabajando en las divisiones inferiores” pero desconfía que nos hemos quedado sin lo que en su época se llamaba “semillero: Usted jugaba en la 4ª o 5ª división y en los clásicos Peñarol y Nacional el estadio se llenaba, porque uno iba a los partidos y veía jugadores de una calidad impresionante. Yo jugué con Nacional en un partido contra la 3ª de Boca en La Bombonera y se vendieron cerca de 60 mil entradas”.   

Otro problema es la dispersión de los jugadores por el mundo. “Creo que cuando vienen no sienten que deben romperse el alma. Cada uno juega con un técnico distinto, con una mentalidad distinta, y cuando vienen a Uruguay estoy seguro que ni caso le hacen a nuestro técnico. Y a las dos horas suben al avión y se van”. Troche aun no digirió el resultado del partido eliminatorio contra Venezuela. “Si habrá bajado el fútbol uruguayo que Venezuela nos ganó tres a cero en el estadio Centenario, y nos sacó de la Copa del Mundo”.

El “dolor de ya no ser” no viene de ahora. En sus últimos años Obdulio Varela hablaba poco de la situación del fútbol uruguayo. Cuando lo hacía señalaba que “lo habían destrozado”, contó su nieto Daniel Cardozo a la revista Tres en 1996, el año de su muerte. “Cuando jugaba Uruguay, y lo mirábamos todos por televisión, de pronto, sin que los demás nos diéramos cuenta por qué, decía ‘se equivocaron’ y apagaba el televisor”.   

EL MUNDIAL DEL 50

En julio de 1950 Obdulio Varela, impávido ante un rugiente estadio donde se jugaba la final del mundial de fútbol, se puso la pelota debajo del brazo, paró el partido, enmudeció a los 200 mil enfervorizados hinchas, calmó a sus compañeros, los alentó y férreamente los “capitaneó” hacia el triunfo. Después del asombro vino una de las euforias más grandes que vivió el Uruguay: feriado nacional, interminables festejos populares, ciudades desbordadas, se agotó el alcohol en Montevideo … Y después de la fiesta quedó flotando en el ambiente –quizás para siempre-, una pesada herencia, mezcla de realidad y leyenda, materia prima para un sinnúmero de análisis, reflexiones y discursos: Maracaná.  El “Negro-Jefe” murió hace diez años, en 1996. ¿Qué se murió con la muerte de Obdulio Varela? (Edición homenaje de la revista Tres, 08/1996)

EL MUNDIAL DEL 66

La octava Copa Mundial de Fútbol se celebró en Inglaterra en 1966 con la participación de 16 selecciones. Uruguay se clasificó en 7mo. Lugar y formó con: Ladislao Mazurkiewicz, Horacio Troche, Jorge Manicera, Luis Ubiña, Néstor Goncálvez, Omar Caetano, Julio César Cortés, Milton Viera, José Sasía, Pedro Rocha y Domingo Pérez.  La final fue disputada entre Inglaterra y Alemania Occidental, imponiéndose la primera en un partido empañado por dos polémicos goles en tiempo de reposición. Se jugaron 32 partidos y se anotaron 89 goles (2,78 por partido). El máximo goleador fue Eusebio da Silva Ferreira (Portugal) con nueve goles.