De Cañada Brava a Colonia. Recordando a Carminillo Mederos

De Cañada Brava a Colonia. Recordando a Carminillo Mederos

(Publicado originalmente en febrero de 2008 con el título “Primavera del 58”). El 30 de noviembre se cumplirán 50 años de la victoria del Partido Nacional en las elecciones de 1958. El Poder Ejecutivo -en ese entonces Colegiado-, la mayoría absoluta del Parlamento y los Concejos y las Juntas Departamentales, salvo en Artigas, quedaron en manos de los blancos por primera vez en la historia electoral del Uruguay. El Gobierno Departamental de Colonia –presidido por Carminillo Mederos-, fue reelecto por otros cuatro años en la elección de 1962.

Por Luis Udaquiola

En el período 1959-1967 el departamento recibió obras de envergadura cuya marca aun permanece. Se pavimentó el casco urbano de 14 centros poblados, se construyó una vasta red de alumbrado público en todas las localidades, y se puso fin a las crónicas inundaciones de Carmelo y Juan Lacaze. También se realizó el saneamiento de Carmelo y se levantaron estatuas en homenaje a Artigas en seis ciudades. Además se construyeron la rambla costanera de Colonia del Sacramento, y 4.500 kilómetros de carreteras y caminos vecinales con balasto. Al finalizar su administración, el Gobierno Departamental destinaba el 30% de los recursos a pagar sueldos y financiar su funcionamiento; el 70% restante se dedicaba a inversiones y obras públicas.

En el Concejo participaron los también dirigentes Juan Carlos González Álvarez, Horacio Bianchi, Raúl Bianchi, Guillermo Newton, Camilo Gracia, Isabelino Arocena y Gaspar Aquino.

TRADICIÓN GUERRERA

Ex intendente de Colonia, diputado, senador, Carminillo Mederos Da Costa nació el 18 de agosto de 1921 en Cañada Brava, Cerro Largo, comarca de vasta influencia saravista. “Sus ancestros sirvieron con devoción, heroísmo y lealtad, primero en la revolución federalista de Río Grande del Sur, a las órdenes del Gral. Gumersindo Saravia, y después en las revoluciones de 1897 y 1904, a las órdenes de los generales Chiquito y Aparicio Saravia”, recordó el edil Maute Saravia durante un homenaje que le tributó la Junta Departamental de Montevideo al cumplirse diez años de su muerte en octubre de 2003. “Ese entorno, más la orgullosa tradición guerrera de la familia, forjaron su carácter en el culto al patriotismo sin concesiones, al coraje, la honradez, la libertad y la justicia”.

Mederos se trasladó muy joven a Montevideo donde estudió y se recibió de profesor de Historia Universal y Literatura. Cuenta Alberto Zumarán que en oportunidad de un viaje de Luis Alberto de Herrera a Cerro Largo, éste le pidió al padre de Carminillo que lo acompañara en su gira política. El veterano se excusó, pero le recomendó a su hijo. “Fue así que Herrera tuvo un trato personal con Carminillo y le sugirió que comenzara su vida política en el departamento de Colonia, tal como lo hizo con otros ciudadanos respecto a otros departamentos”.

Radicado en Juan Lacaze, Mederos trabajó como fotógrafo e integró el grupo de docentes fundadores del Liceo, dictando clases en forma honoraria hasta la posterior oficialización del instituto. Conoció a Julia Galván Lostao, con quien se casó y tuvo tres hijos: Gloria Beatriz, Carminillo y Julio César.

En 1954, acompañando a quien sería su mentor político –el líder nacionalista Daniel Fernández Crespo-, organizó junto a otros ciudadanos de origen herrerista el Movimiento Popular Nacionalista, Lista 51.

DE COLONIA AL SENADO EN 1971

Una vez reunificado el Partido Nacional, el Movimiento Popular Nacionalista se integró a la Unión Blanca Democrática (UBD), Lista 19, que en Colonia proclamó la fórmula Carminillo Mederos al Gobierno Departamental, y Wilson Ferreira Aldunate a la Cámara de Representantes. Ambos resultaron electos en la elección de 1958, y reelectos para los mismos cargos en la elección de 1962. Ese año Mederos fue designado presidente de la Convención Nacional de la UBD, por entonces el sector mayoritario del Partido Nacional.

En la elección de 1966 acompañó la candidatura presidencial del doctor Alberto Gallinal Heber. Se incorporó al Movimiento Nacional de Rocha y resultó electo representante nacional por el departamento de Colonia. En la elección de 1971 fue electo senador acompañando la fórmula integrada por sus amigos Wilson Ferreira Aldunate y Carlos Julio Pereira.

Tras el golpe de Estado en junio de 1973, asumió una clara postura opositora. Resistió las presiones del régimen autoritario, incluida la prisión y posterior procesamiento por la Justicia Militar de su hijo Carminillo. Se opuso al proyecto de reforma constitucional propuesto por el gobierno militar en 1980, y organizó la Lista NAB en el departamento de Colonia para las elecciones internas de los partidos en 1982.

A partir de ese año –época de graves tensiones y delicadas negociaciones-, integró el directorio del Partido Nacional. En la elección de 1984 fue reelecto senador en la lista patrocinada por el Movimiento de Rocha y Por la Patria. Carminillo Mederos falleció a los 72 años el 25 de octubre de 1993.

QUIEN BIEN TE QUIERE …

Mederos era dos años menor que Wilson Ferreira y ambos tenían temperamentos impetuosos. Según recordó en 1993 el ex presidente del Senado, Gonzalo Aguirre, Carminillo “era un hombre de pronunciamientos drásticos y de actitudes definidoras, propias de una personalidad muy fuerte”. Cuando el retorno de Wilson Ferreira a Argentina, “por discrepar en aquellos momentos con algunos aspectos de la estrategia de quien lideraba el partido y había sido su compañero de campaña política en Colonia en el año 1958, dijo que no iba a concurrir a Buenos Aires: Era uno de los pocos blancos que lucharon contra la dictadura que no iba a recibir a Wilson Ferreira Aldunate, ¡lo que era algo realmente difícil de entender!”, contó Aguirre.

Sin embargo, “para nuestra sorpresa, 24 horas más tarde lo vimos aparecer acompañado, como siempre, por uno de sus hijos, en el hotel donde Wilson estaba desayunando, para estrechar en un entrañable abrazo a ese amigo de quien la distancia y la arbitrariedad lo habían separado durante tantos años”.

En la misma sesión del Senado, Alberto Zumarán narró otra anécdota de las primeras campañas colonienses “que pinta el carácter de Carminillo Mederos y de su interlocutor”.  A mediados de la década de 1980 “en un viaje al departamento de Colonia con Wilson Ferreira, éste me contó que en la entrada de la ciudad a la que estábamos llegando, en una oportunidad pararon el auto en el que viajaban él y Carminillo para continuar una discusión que estaban manteniendo desde hacía una hora. Debo recordar que ambos tenían carácter fuerte y era muy difícil que dieran por terminada una discusión”.

Tanto en esta sesión del Senado como en el homenaje que le rindió la Junta de Montevideo en 2003, quedó claro que el respeto por su personalidad y trayectoria atraviesa todos los partidos. El ex edil y ex dirigente comunista Jorge Mazzarovich -actual embajador en Cuba-, elogió su “tolerancia en el intercambio de ideas y riguroso respeto al pensamiento de los demás”. Según expresó, “las personalidades como Carminillo Mederos nos ayudaron a consolidar el Uruguay y, en el mejor sentido de la palabra, nos comprometieron a todos los uruguayos que queremos a nuestra patria, para hoy y para el futuro”.

¡VIVA LA REPÚBLICA!

El 26 de junio de 1973, a pesar de estar convaleciendo de una enfermedad, Mederos aseguró con su presencia el quórum para que el Senado de la República pudiera sesionar por última vez, horas antes del golpe cívico-militar. “Señor Presidente: no me iría tranquilo esta noche de este recinto republicano donde me he sentido inmensamente honrado en la representación de mi Partido, que me permitió llegar a él para trabajar por los grandes intereses de la República, si no dijera lo que pienso.

Creo, señor Presidente, que en la medida de mis posibilidades físicas e intelectuales, he puesto todo lo que de mí tenía y tengo, para responder a la confianza de mis conciudadanos e, incluso, de mis mayores, que sirvieron con honor en este Partido (…) No sería digno de esos antepasados míos si no estuviera hoy aquí como representante del pueblo en este Alto Cuerpo que integro.

Los representantes que aquí estamos, frente a los que atropellan las instituciones y hacen agonizar la vida jurídica de la República, podemos decirles que a nosotros no nos amedrentan, que hemos sido y somos dignos republicanos y dignos representantes del glorioso Partido Nacional.

No me retiraría tranquilo si no dijera estas humildes palabras postreras de lo que, posiblemente, es un capítulo final de esta gloriosa y digna institución republicana.

Quiero que mañana, como muy bien decía el señor Senador Ortiz, mis hijos tengan conciencia de que su padre supo cumplir a lo largo de todo este lapso en que se ha venido atropellando a las instituciones, y que hemos estado siempre integrando la mayoría de nuestro Partido sin ninguna flaqueza e integrando, también, esa multitudinaria corriente diría yo popular que se compone con representantes de todos los partidos y que reclama de sus dirigentes las soluciones a su situación afligente y que los grandes responsables del poder Ejecutivo no han sido capaces de proporcionarlas ni lo serán, porque sin libertad, sin un Parlamento libre ejerciendo sus potestades, no podrá concebirse lo que el pueblo necesita para lograr su buena venturanza. Posiblemente, señor Presidente, para mí sea ésta la última oportunidad que tenga de hablar en este Parlamento libre y decir, como última expresión: ¡Viva la República!”.

LA LLEGADA DE WILSON

El 16 de junio de 1984 el líder nacionalista Wilson Ferreira Aldunate, requerido por la dictadura, resolvió retornar al país desde Buenos Aires. Muchos dirigentes le acompañaron durante la travesía, y muchos otros permanecieron en Montevideo para 

asegurar que el desembarco cumpliera su objetivo pacífico.

A Carminillo Mederos, junto al ex edil departamental lacazino Jorge Mures, les correspondió esperar en la avenida Agraciada, frente a Manzanares, en primera línea, para evitar que la gente concurriera al puerto. “Wilson y Susana habían manifestado que lo único que lamentarían sería el fallecimiento de algún ciudadano a su llegada”, recordó Mures. “Esa era la preocupación, no le importaba ir preso, enfrentar la situación y resolverla, sino que no hubiera ningún herido. Afortunadamente, nuestra organización lo logró”.