Una casa de puertas abiertas. 15 años del Liceo Nº 2 de Juan Lacaze

Una casa de puertas abiertas. 15 años del Liceo Nº 2 de Juan Lacaze

En el aniversario de la joven institución lacazina, repasamos sus inicios, su crecimiento y su presente en diálogo con los protagonistas. Hoy el Liceo Nº 2 es un referente para la comunidad lacazina y un segundo hogar para los jóvenes que desean estudiar bachillerato en su localidad.

Mathías Medero

El Liceo Nº 1 de Juan Lacaze brindó hasta 1987 cursos de 1º hasta 4º grado en su antigua sede céntrica, actual edificio de Áreas Pedagógicas en la calle José E. Rodó. Luego abrió cursos de 5º humanístico y biológico y tras la apertura en 1989 de su nuevo edificio en ruta 54 fue ampliando progresivamente su propuesta educativa.

Por esta razón durante varias décadas múltiples generaciones completaron quinto y sexto -lo que entonces se denominaba ‘preparatorio’-, en el Liceo Daniel Armand Ugón de Colonia Valdense, luego en el Liceo Agustín Urbano Indart de Rosario o incluso viajaban a la capital departamental al Liceo Nº 1 Juan Luis Perrou.

Nacimiento

Al inicio del siglo XXI la matrícula del Liceo Nº 1 superaba los mil alumnos. Según autoridades en 2004 la institución contaba con unos 1300 estudiantes distribuidos en cuatro turnos: matutino, intermedio, vespertino y nocturno. Se trabajaba con el Plan 76 en períodos de cuatro horas, clases de 35 minutos y exámenes obligatorios.

El Liceo Nº 2 nació “producto del trabajo de muchas personas durante muchos años”, explicó Gabriela Dios, profesora de Historia y docente fundadora. “Ya no daban abasto la infraestructura, las aulas, los laboratorios, los baños ni el personal. Era indispensable no una ampliación sino la creación de un liceo nuevo. Ahí tuvieron mucho que ver la dirección, el grupo de profesores, la comisión de APAL, fue un proceso de muchos años”.

La comunidad venía reclamando por soluciones ya que el Liceo Nº 1 resultaba  cada vez más chico. Según recuerda Laura Gandaria, adscripta del Liceo Nº 2 durante estos 15 años, en el edificio no había lugares suficientes para la cantidad de estudiantes, el problema de la superpoblación se notaba especialmente cuando se interponían alumnos del turno vespertino con el turno nocturno.

“Recuerdo a un grupito de 6º de Ingeniería muy reducido, que eran ambulantes: iban de aquí para allá, para donde había un espacio libre. Incluso se llegó a hacer un mini salón con mamparas porque no tenían a dónde ir. Por eso se venía pidiendo para por lo menos hacer una ampliación con dos o tres salones más al fondo”, contó.

Las autoridades de secundaria respondieron que la ampliación no era lo adecuado y que lo mejor era construir un nuevo liceo. “En prácticamente un año se construyó”, recordó la adscripta. “Fue en el marco de la reforma de Rama; incluso el diseño del liceo es muy parecido al Liceo Nº 2 de Colonia del Sacramento y del Liceo del Chuy. Cuando nos dijeron que en un año íbamos a tenerlo no lo podíamos creer, pero realmente fue así”.

“Todo era tan lindo, tan nuevo, aquellos salones tan grandes, parecía un liceo privado”, rememoró Laura Gandaria.

Inicios

En marzo de 2005 el nuevo liceo funcionó como anexo del ‘viejo’ porque no se iba a dar la dirección a elección, y Carmen Andreoli, por entonces directora del Liceo Nº 1, se iba a hacer cargo de ambos centros educativos. Pero a último momento el Consejo de Educación Secundaria resolvió la elección independiente y puso a disposición el cargo de dirección. “Estaba trabajando como subdirectora en el Liceo de Tarariras, y tomé el cargo de dirección el 3 de marzo. Al día siguiente la inspectora me llamó para decirme que fuera a Juan Lacaze que me iban a dar la toma de posesión”, recordó la primera directora del Liceo Nº 2, profesora Marina Peyronel. “Asumí como directora pero en realidad el edificio estaba en obras”.  

Para entonces la directora Andrioli ya había designado a Laura Gandaria y Olga Campioni como adscriptas para el Liceo 2. Las inscripciones ya se habían hecho y estaba todo organizado. “Los primeros días trabajamos en el liceo 1, hasta que entregaron la obra después de semana de turismo y empezaron las clases el 30 de marzo. Ahí sí nos mudamos y el Liceo 2 empezó a funcionar”.

El flamante centro educativo aún no estaba terminado. Más allá del inicio de las clases las obras continuaban y el liceo era prácticamente la mitad de lo que es hoy en día. Al lado de la escalera principal había una lámina de madera que dividía el hall central, la administración, los baños y salones, de las obras que se estaban ejecutando en el sector que corresponde a la biblioteca, cantina, depósito, salón audiovisual y multiuso. “Todo era tan lindo, tan nuevo, aquellos salones tan grandes, parecía un liceo privado. Espacios luminosos, con las paredes pintadas de colores, la alegría y toda la novelería del primer día. Todos estábamos admirados”, rememoró Gandaria.

Gabriela Dios recuerda “como si fuera hoy las palabras de Marina dando la bienvenida a todos. Las obras seguían en proceso con gente trabajando con taladro, martillo, pero teníamos que arrancar, todos teníamos ganas de arrancar, la dirección, los profesores, los alumnos, todos. Teníamos ganas de que eso se moviera, la comunidad lo quería”.

Para Marina Peyronel empezar fue difícil: había que poner todo en orden y no tenían mobiliario, no tenían biblioteca; en algún momento les cortaron el agua y la directora llegó a pensar que debía suspender las clases. “No teníamos teléfono, y si bien empezaban a aparecer los primeros celulares, íbamos al otro liceo a hacer las llamadas. Al principio no teníamos comisión de padres, pero recuerdo que la APAL del Liceo 1 nos ayudó mucho”.

La exdirectora trajo al presente los momentos en los que tuvieron que acarrear mobiliario, varios muebles pesados con personal limitado. “Al día siguiente que nos cortaron el agua y estábamos viendo si suspendíamos o no las clases, encontramos el salón de arte inundado”. Alguien había dejado la canilla abierta y así estuvo toda la noche.

“Había como una cascada de agua que corría desde los salones de arriba y por la baranda. Cuando vimos eso no sabíamos ni para dónde agarrar porque ya estaba invadiendo los laboratorios. Me acuerdo que con Marina, los profesores y los chiquilines de sexto nos pusimos a sacar el agua con lampazos porque aún no había desagües”, completó Gandaria.

La adscripta dijo que en los inicios se hicieron muchas cosas que no les competían. “Faltaba personal, teníamos que hacer tareas administrativas y a veces hasta barrer. Teníamos que estar permanentemente solucionando cosas porque obviamente todo muy lindo, todo precioso, pero en cuanto a materiales había solo lo imprescindible”.

Gandaria recuerda que para la biblioteca se hizo una campaña de recolección de libros e incluso hubo una iniciativa popular en la ciudad y junto a residentes lacazinos en Suecia para la adquisición de nuevos libros. “Con la cantina lo mismo: vendíamos bizcochos y aguas para que los chiquilines tuvieran algo para comer y los profesores también le ponían muchísimas ganas”.

Peyronel recuerda que los padres al principio decían que sus hijos sentían que el liceo era muy frío. “Claro, era un edificio precioso pero no tenía trayectoria, no tenía rituales, el espacio era muy grande, era una institución ‘sin vida’ por decirlo de alguna manera, porque recién estaba naciendo, pero creo que de a poco los chiquilines se empoderaron del Liceo”.

Marina Peyronel, directora durante los primeros ocho años del Liceo N° 2 (a la izquierda de la imagen), tuvo una relación muy cercana al alumnado.

En aquel momento y hasta 2006 todavía se aplicaba el Plan 76: era sin tiempo extendido, con exámenes obligatorios y a la hora 17 el liceo se cerraba porque las clases eran de mañana y de tarde y los turnos eran solo de cuatro horas. Recién en 2006 se amplió bachillerato con tiempo extendido. Se llegó a manejar la posibilidad de dar clases de UTU a partir de ese horario, pero esa propuesta nunca se llevó a cabo.

Alvano Lacoste es director del Liceo Nº 2 de Juan Lacaze desde marzo de 2018 y reside actualmente en Nueva Helvecia. Cuando llegó se encontró con un colectivo docente dispuesto a trabajar y como equipo. Ya sea en proyectos interdisciplinarios, duplas pedagógicas, o también “abrir el salón de clases” y compartirlo con los demás docentes para que además se puedan cuestionar las prácticas pedagógicas.

“Me encontré con profesores que estaban dispuestos a trabajar más allá del salón de clases y su horario, y eso no es muy común. Depende de cada comunidad educativa pero el trabajo docente no se reduce únicamente a los 45 minutos dentro de la clase, es mucho más que eso y cuando el profesor así lo entiende se logran muchas cosas y eso fue lo que yo me encontré. He tratado de democratizar la gestión y generar un trabajo conjunto para aprovechar el compromiso del equipo docente”.

La vida del liceo: sus estudiantes

Para Peyronel el principal logro fue “que a través de diferentes proyectos que hicieron los profesores y de la autonomía que tratamos de generar en los chiquilines, por lo menos la sensación que siempre tuve fue de que ellos siempre se apropiaron del liceo. Sentían que el liceo era de ellos y pedían un salón para hacer un trabajo y allá iban y lo hacían, lo mismo la biblioteca. Hubo un momento que no había personas que atendieran la biblioteca y eran ellos mismos los que se atendían, buscaban los libros y hacían los trabajos en equipo, nunca tuvimos ningún problema, nunca faltó un solo libro”.

Para la primera directora ese fue uno de los principales logros. Luego los propios alumnos se fueron destacando, ya sea pintando el Liceo con múltiples murales, ya sea el proyecto de la NASA, el coro, las empresas juveniles, clubes de ciencia, entre otros. “Ahí sí que el liceo dejó de ser frío y pasó a tener vida, porque la vida son ellos que se fueron apropiando de los espacios y generando tradiciones”.

La importancia de cuidar

Tradicionalmente la institución ha inculcado a los estudiantes el cuidado del edificio que se encuentra en excelentes condiciones. “Hasta el día de hoy las palabras de Marina fueron claves: el liceo se cuida, se protege, es como una casa. Vos entrás al Liceo después de estos 15 años y las paredes de los salones que se presentaban de un color diferente cada uno, no se han tocado, sigue siendo el color original, nunca fueron rayadas. El concepto de cuidar es algo que se transmite de generación en generación y los propios chiquilines lo incorporan”, afirmó Gabriela Dios.

El director actual opinó que a nivel edilicio es un liceo de primer nivel: todos los salones tienen aire acondicionado, un cañón y dos o tres pizarrones gracias al trabajo y colaboración de APAL. “Es muy importante. No es lo mismo entrar a un salón donde haya ventanas rotas o que no tenga donde sentarse, esa no es la realidad de este liceo, desde ese lugar está impecable”.

Con la camiseta puesta

Cuando Alvano Lacoste tuvo su primera sala docente como director, los profesores se presentaron y muchos dijeron que eran ‘docentes fundadores’. “Eso ya te da una idea del sentido de pertenencia y compromiso de querer el liceo porque lo decían con mucho orgullo”, dijo.

A nivel comunitario “sentimos un apoyo permanente. Tengo bien claro que sin el apoyo de la comunidad y de las familias es difícil que el liceo funcione, porque tiene un costo de funcionamiento muy alto y eso se sustenta gracias a la colaboración de las familias que siempre nos están brindando su apoyo y contención”.

El Liceo Nº 2 empezó con una matrícula de 280 alumnos en 2005, y actualmente tiene una de 220.

Gabriela Dios manifestó que se ha formado un grupo muy comprometido de docentes tanto sabaleros como de otras localidades de Colonia. “Verdaderamente tenemos compromiso no solamente con la educación sino con la comunidad y con la institución y ese grupo permanente de trabajo hace que en estos 15 años las caras seamos bastante conocidas, varias caras se han repetido en este tiempo”.

Para Marina Peyronel las comunidades educativas con muchos alumnos a veces no funcionan tan bien. “Creo que entre lo que es la identidad de Juan Lacaze, lo que es el liceo como referente para la localidad y que sea una cantidad de personas que se puedan identificar, conocer y que sea posible canalizar las energías y la posibilidad de ayudar a los estudiantes hace que sea una institución fuerte”.

Laura Gandaria sostuvo que es un liceo de puertas abiertas, para los estudiantes y por los estudiantes. “Muchos dicen que es su segundo hogar, que pueden estar cómodos, eso creo que es lo que siempre se ha querido plasmar”.

Evolución

El Liceo Nº 2 empezó con una matrícula de 280 alumnos en 2005, y actualmente tiene una de 220. Si bien la cantidad de alumnos se ha mantenido estable en los últimos tres años, la cifra ha disminuido a lo largo de la vida del liceo. Su primera directora estimó que ha influido mucho la inauguración de la nueva Escuela Técnica y el surgimiento de otras propuestas educativas, además de que las nuevas generaciones son menos numerosas.

Actualmente el liceo cuenta con tres grupos de 4º año, las cuatro orientaciones de 5º -humanístico, biológico, científico y artístico-, 6º de ciencias biológicas, 6º de arte, 6º económico y 6º físico matemático. La matrícula ha estado bastante estable en los últimos tres años: en 2019 se inscribieron en 4º año 75 estudiantes, este año fueron 90, y la misma cifra se repitió en 2018.

En este momento el liceo “es el centro de mi vida, porque uno trabaja para que tengamos buenos resultados educativos y los hemos tenido con promoción total y parcial que ha ido mejorando considerablemente”, señaló Lacoste. “Eso no es casualidad, es producto de un trabajo, no mío sino de los profesores y los estudiantes y también de las familias. Eso es otra cosa que he notado en estos dos años en los que he trabajado: Se ha generado un acercamiento de la familia tanto para cuestionar, plantear inquietudes o apoyar si lo necesitamos”.

Un segundo hogar

Laura Gandaria cuenta que hay cantidad de estudiantes que ahora son profesionales y la pone muy contenta que a veces la cruzan por la calle y la saludan. “¡Chau Laurita! ¡Hola Laura! ¿Cómo andas? y yo digo ‘Ah, mira, fulano, tantos años’, fíjate que los alumnos que fundaron este Liceo hoy tienen 30 años, incluso hay exalumnos que ahora son docentes y yo fui adscripta de ellos”. Para ella el Liceo Nº 2 de Juan Lacaze “es muy importante: me ha dado mucho por toda la labor que he cumplido y nunca ha sido un peso ni una obligación, sino que ha sido algo que me ha gratificado”.

Para la primera directora “es como una parte de mi corazón: después que me fui tenía cuidado de no nombrarlo mucho porque para mí fue una experiencia profesional maravillosa. A nivel personal tengo amigos con los que me sigo viendo. Fueron ocho años maravillosos de mi vida. Incluso mi propia familia me decía: ‘¡ay otra vez Juan Lacaze, mamá!’, para mí es un recuerdo hermoso”.

Para Gabriela Dios no es un lugar de trabajo: “siento que voy a mi casa, la he cuidado como si lo fuera. Los alumnos son más que alumnos, son personas a las que aprecio muchísimo y trato de darles siempre lo mejor de mí. El liceo es un hogar con todas las letras, es una casa donde los problemas se resuelven entre todos, donde no hay que decaer, donde se apoya al otro, donde las iniciativas son bien recibidas”, dijo. Fue así que Peyronel le enseñó a trabajar. “Aprendí a ser independiente, a creer en mí misma, y ni que hablar el trabajo con mis amigas las profes con las que fuimos creciendo juntas. Para mí más que un lugar de trabajo, el liceo es mi casa”.