Oswaldo Borrás: «la idea de unir a las fuerzas progresistas ya anidaba en la revolución “tricolor” de 1935»

Oswaldo Borrás: «la idea de unir a las fuerzas progresistas ya anidaba en la revolución “tricolor” de 1935»

Publicado originalmente en La Voz de la Arena en abril de 2006. Según el químico farmacéutico Oswaldo Borrás, la idea de unir a las fuerzas progresistas del país ya anidaba en la revolución “tricolor” de 1935 –en plena dictadura de Terra-, y en el mitin que en 1938 reclamó en Montevideo una nueva Constitución y leyes democráticas. Aquella movilización “¡era el Frente en potencia!”.

Luis Udaquiola

Borrás nació en Rosario en 1917 con el telón de fondo del fin de la I Guerra Mundial. Tiene una hermana con dos nombres –Gladys en Montevideo y Mononga en Rosario-, y está casado con la también química farmacéutica Antoñita Quintana. Su hijo Oswaldo es médico oftalmólogo y les dio dos nietos. En 2008 la farmacia fundada por su padre en Rosario completará un siglo.

En Rosario presidió la Biblioteca “José Pedro Varela” y el Cine Club; integró el consejo directivo del Instituto Magisterial Popular y luego fue docente durante 11 años. También aportó a la práctica del básquetbol local, departamental y nacional con el Sporting Club Rosario, al teatro experimental “en parte por el entusiasmo de Mononga”, y a la comisión municipal de Cultura, que presidió desde la administración del ex intendente Raúl Bianchi hasta la de Carlos Moreira.

En diciembre de 1975, durante el festival de fin de año de El Eco, Oswaldo Borrás (centro) junto a los también integrantes de la Comisión del Bicentenario de Rosario, Miguel Gimeno y diputado destituido Ramiro Julio Borrás, entrega un reconocimiento al periodista de la entonces Radio Berna, Ramón Morales. Al lado, Silvia Iragola.
  • ¿Dónde nació?
  • En Rosario, en la época que se nacía en las casas, sobre la cama de nuestras madres. Por aquellos días los italianos –al mando del general Cadorna-, habían sido corridos por los austríacos hasta el río Po, y mi tío Armando que vivía en Montevideo mandó un telegrama a mis padres: “¡Viva el Barón, la baronesa y el varoncito! Ponle Cadorna”. Me salvé por un tris de llamarme “Cadorna” pero me pusieron “Oswaldo” con uve doble y eso me trajo aparejado algunas dificultades administrativas. Mi padre estaba vinculado profesionalmente a la biología y una de las figuras latinoamericanas que por entonces descollaba era el brasileño Oswaldo Cruz que descubrió el agente causal del Mal de Chagas.
  • Su padre ¿también era químico farmacéutico?
  • Sí, igual que mi esposa y yo ¡demasiados químicos farmacéuticos en la familia! Mi hijo también salió para el lado de la medicina, pero no mis nietos: el mayor prefirió las ciencias sociales y el más chico optó por el diseño gráfico. A los dos les va muy bien. Estoy contento.
  • ¿Cuándo se fundó la farmacia Borrás?
  • Mi padre se instaló en 1908 en sociedad con el boticario Carlos Vall por sugerencia de mi abuelo. Él era un hombre muy reflexivo y habrá pensado que mi padre sabría mucho de farmacia pero nada de comercio. En 1915 mi padre adquirió el total de la empresa y Vall –le decían “el inglés”-, se instaló en Tarariras.
  • ¿Qué es lo que más recuerda de su infancia?
  • Por supuesto la farmacia, que frecuenté desde niño, y sus dos actividades básicas: la científica y la comercial. Cierta vez, que andaría molestando, un empleado –el señor Luaces-, me dijo: “El que no sirve que no estorbe”. Se cumplían horarios muy extensos, a veces hasta las 11 de la noche. La gente venía a la farmacia después de cenar -así como podía ir al club o a una confitería-, a encontrarse con los amigos y a conversar. Una noche llegó un señor Carlos Uribe y me sorprendió. “Sabés quién soy yo”, me dijo, “soy el inventor del trabajo”. Con el tiempo concluí que había sido un tiro por elevación para los otros contertulios. También recuerdo a los chicos de la cuadra, jugar a “roma”, al fútbol. Me acuerdo que un día, corriendo, me rompí un diente contra el mármol de la puerta de casa.
UNIVERSIDAD, REVOLUCIÓN “TRICOLOR” Y CARLOS QUIJANO
  • ¿Y su adolescencia?
  • El primer año de Secundaria lo hice en Colonia Valdense, porque en Rosario aun no había liceo, y en 1928 nos mudamos a Montevideo.
  • ¿Por qué?
  • Mi padre siempre tuvo el proyecto de volver, y por eso en 1915 había comprado un terreno en la calle 21 de Setiembre donde más tarde construyó una casa. Era relativamente modesta, pero hace poco la vi en un libro de arquitectura reflejada como ejemplo de art decó. En Montevideo concurrí al Liceo Nº 4 –después Zorrilla de San Martín-, que en aquel entonces estaba ubicado en Blanes y Guaná, y luego ingresé a la Facultad de Química.
  • ¿Cómo vivió la dictadura de Terra?
  • La dictadura de Terra fue muy marcadora, como la guerra de España, y tuve cierta actividad militante en la facultad. Fui miembro y secretario general de la Asociación de Estudiantes, y delegado estudiantil en el Consejo. Hasta 1928 los estudiantes no tenían representantes en los concejos pero la reforma universitaria de Córdoba se arrastró por toda América Latina. Fue como una explosión no sólo desde el punto de vista universitario sino también político.
  • ¿Cuándo se involucró políticamente?
  • Mi origen era el Partido Nacional y dentro de él Carlos Quijano había creado el movimiento Democracia Social. Quijano se desvinculó definitivamente en 1958 con aquel famoso editorial “A rienda suelta”, y por ahí fui a parar al Frente Amplio. Antes también conocí a un muchacho Washington Andreoletti, que murió muy joven, y era un maestro porque no discutía, preguntaba, y lo obligaba a uno a pensar y a sacar conclusiones.    
  • Quiere decir que era frenteamplista mucho antes de la creación del Frente Amplio …
  • Sin duda. La revolución “tricolor” de 1935 –incluyendo gente del Partido Nacional y del Partido Colorado que estaba en contra de Terra-, fue el primer intento de crear una corriente de ideas, de reflexión, distinta a la tradicional. Eso se extendió hasta 1938 cuando hubo un gran mitin por una nueva Constitución y leyes democráticas. No me acuerdo quién habló por el partido batllista, pero sí de Frugoni y de Alfredo García Morales, representante del llamado nacionalismo independiente. Esta “tricolor” ¡era el Frente en potencia! y estaba unida a la idea de Quijano defendida en tantos editoriales de Marcha
NOVIA, TEATRO Y RETORNO A ROSARIO
  • ¿Cuándo conoció a su esposa?
  • Si bien Antoñita -siendo española de la provincia de León-, vivía en Rosario, la conocí en la Facultad. Fue el año que decidí dar un examen pendiente de segundo y combinamos para prepararlo juntos. Ahí me flechó. Nos casamos en 1949. 
  • Mientras estudiaba ¿viajaba a Rosario con frecuencia?
  • Mi padre mantenía la farmacia –aguardando mi decisión cuando terminara la carrera-, pero yo viajaba relativamente poco. Iba a reuniones familiares, sobre todo por parte de mi madre, y recuerdo que un año en carnaval salí en una troupe estudiantil que se había organizado.  
  • Su lado artístico también lo llevó a hacer teatro …
  • Sí, en Montevideo en un grupo que dirigía el arquitecto Fernando García Esteva. Fue en 1942 e hicimos cosas lindas. Intervine en una versión de la pieza de Oscar Wilde “La importancia de llamarse Ernesto”, y en algunos entremeses de Cervantes que inclusive llegamos a presentar en Rosario.
  • ¿Cuándo retornó a Rosario?
  • En el comienzo de 1944. El 1º de enero la farmacia estaba de turno, así que arranqué el año trabajando.
  • ¿Qué había cambiado en esos años?
  • En realidad, la transformación de Rosario había ocurrido en la década de 1920 con la luz eléctrica, el hormigón, el agua corriente. Después fue muy castigado por su condición de antiterrista, y cuando volvió la democracia, el intendente Rostagnol no tuvo mucho electorado en Rosario así que volvió a padecer. Más recientemente se ha instalado la crisis del empleo. En los años 60, salvo Fuaye -cuyo propietario falleció-, las otras fábricas practicaron el juego de endeudarse con el Banco República, fundirse y marcharse con las utilidades.
  • ¿Y cómo le fue en lo personal?
  • Recuperé algunos amigos de la infancia y pasé a vivir como un pequeño burgués sin mayores inquietudes (risas). En esos años surgió el Rotary Club y me invitaron a integrarme. Lo vi como una oportunidad para los que habían sido excluidos y tenían cosas para ofrecer, así que me incorporé. Luego me separé por una circunstancia muy especial: al final de la II Guerra, contrariando los estatutos del Rotary, llegó una carta pidiendo nuestro apoyo a los gobiernos de Indonesia y otros países del Lejano Oriente que enfrentaban luchas independentistas. Después me reintegraron como una especie de mascota (risas), ya que siendo uno de los fundadores me invitan cada vez que hay un evento importante.  
DOCENCIA, EL TRIUNFO DEL FRENTE Y EL TIEMPO LIBRE
  • También ha sido docente …
  • Inicialmente di clases de biología en el liceo de Valdense y luego física en Rosario. Algo muy lindo porque lo obligaba a uno a reciclarse, a volver a estudiar, a estudiar mejor ciertas cosas. La señal de que uno conocía el tema era que los alumnos entendían, porque cuando un estudiante no entiende es porque el docente no sabe hacerlo entender.
  • ¿Cuándo se retiró de la docencia?
  • En los años 70, pero la dictadura me ayudó. Tuve la suerte de que aun era precario y no precisaron destituirme. Simplemente no me renovaron la designación. Lamentablemente mi esposa –que había obtenido el primer lugar en su concurso-, si debió soportar el despido. Nos dolió mucho.
  • ¿Cómo vivió la llegada del Frente Amplio al gobierno?
  • Participando menos que en 1971. En ocasión de las elecciones municipales de 2005, Omar Moreira me propuso desde Nueva Helvecia que junto a otros fundadores del FA en Colonia suscribiéramos una declaración de apoyo a los candidatos. Me mandó el borrador y cuando quedó pronta me pidió que la leyera en un acto. Lo cierto es que como no me gusta leer textos me sirvió como guía, pero introduje otras cosas. El resultado fue que a la gente le gustó y Omar Moreira no me recriminó. Aquella intervención me reivindicó con el 71. Esa es la ventaja que tiene ser un poco longevo.
  • ¿Cuándo dejó la farmacia?
  • Primero me jubilé en la Caja de Profesionales, y luego la transferí a una sociedad de responsabilidad limitada integrada por mi nuera y mis dos nietos. ¿Por qué no mi hijo? Porque por esas ironías de nuestro Uruguay, un médico no puede ser propietario de una farmacia. Actualmente la responsabilidad técnica está a cargo de una ex alumna, la química Ana Collazzi. 
  • ¿A qué dedica ahora su tiempo libre?
  • Voy al Club Social a leer los diarios, a tomar un café, a conversar con la gente. Viajamos a Montevideo con frecuencia para visitar a la familia, y aprovechamos para ver cine y teatro. Todavía manejo y soy buen conductor.
  • No tengo duda…
  • ¡Mire que algunos la tienen! Hace pocas semanas cuando cambié el auto, el dueño de la automotora de Montevideo me trajo hasta el edificio. No solo me trajo, sino que se metió en el garaje y me lo estacionó. ¿Quiere que lo de vuelta? El tipo debe haber pensado: “este veterano lo va a escrachar a la salida”, y no quería tener cargo de conciencia.
Desaire presidencial. En 1975 Borrás integró la comisión organizadora de la conmemoración del bicentenario de Rosario. El día que Juan María Bordaberry, dictador desde el golpe de Estado de 1973, visitó la ciudad, Borrás se excusó ante sus compañeros de participar. “Yo tenía el antecedente de que habían allanado mi casa –junto a la del profesor Alberto Domínguez y la del doctor Faedo-, y los convencí de que mi presencia podía provocar algún trastorno. Me hice cargo de otras tareas y tuve el placer de no saludarlo”. 

Ruperto Borrás en la I Guerra

Su tío, Ruperto Borrás, fundó en 1908 el Hospital de Rosario y en 1912 viajó a París a cursar su especialidad en Cirugía. Allí lo encontró la I Guerra Mundial, y quizás por “un sentido de responsabilidad y de retribución a todo lo que le habían dado”, resolvió permanecer allí los cuatro años del conflicto. En alguna carta de la época contó sobre el papel que jugaron los taxistas de París durante la batalla del Marne, reponiendo efectivos y facilitando vehículos para cirugías a bordo. Tras el armisticio de agosto de 1918 viajó con una compañera a descansar en Barcelona donde contrajo la llamada “gripe española” y falleció. “Tenía 38 años y fue algo muy penoso para la familia”.

Padre blanco

Su padre perteneció al sector del Partido Nacional opuesto a Luis Alberto de Herrera. En 1928 fue electo para integrar el Consejo Departamental de Colonia, “un órgano muy interesante porque estaba integrado de una forma que representaba todos los intereses locales, y además administraba recursos propios”. Antes había trabajado en el Consejo Local de Rosario donde impulsó los corrales de abasto, la plantación de árboles y el parque costero sobre el arroyo Colla. En la elección siguiente no fue reelecto y eso “le evitó el disgusto de la dictadura de Terra en 1933, que disolvió los consejos pero sobre todo implantó una práctica que aun persiste: la centralización”.