Al maestro con cariño. Calle de Valdense recuerda a Omar Esteban Pita

Al maestro con cariño. Calle de Valdense recuerda a Omar Esteban Pita

Desde este lunes 7 de octubre la senda norte de la ruta nacional N° 1 a la altura de Colonia Valdense se llama “Maestro Omar Esteban Pita” en homenaje al ex director del Instituto de Formación Docente “José Pedro Varela” de Rosario (1970-1973), e impulsor de Defensa del Medio Ambiente de Valdense (DEMAVAL) en 1988.

El homenaje fue promovido en 2018 ante el municipio de Colonia Valdense por un grupo de exalumnas de la generación de 1973/1974 en reconocimiento a un «ejemplar hombre de familia, líder comunitario, defensor de la ecología, autor de temas didácticos, trabajador social. Por sobre todas las cosas: un hacedor de paz». Pita falleció el 29 de junio de 2005 a los 72 años.

Lilián, hija mayor de Pita, Juan Esteban, Germán y Paco Elzaurdia este lunes en Valdense.

En marzo de 2006 fue presentado el libro Maestro Omar Pita. Una profunda mirada azul de la maestra coloniense Alicia Mignone. El acto tuvo lugar en la sede del Instituto Normal José Pedro Varela de Rosario, del que Mignone –ex alumna de Pita-, egresó en 1973.

A lo largo de 240 páginas la autora cuenta la historia “de un ser humano transparente, símbolo de una época, que siempre vivirá”. En la época LA VOZ DE LA ARENA adelantó una parte del capítulo dedicado al anecdotario.     

ANÉCDOTAS Y RISAS DEL AYER

“En la memoria de cada persona se va almacenando a lo largo de la vida una sucesión infinita de imágenes, aromas, sonidos… Una palabra oída en cualquier momento hace despertar un recuerdo; el murmullo de las aguas o una canción nos evoca un instante vivido; el perfume de una flor o de una fruta nos transporta hacia un lugar y tiempo preciso y la mente reproduce tantas veces como queramos el rostro de una persona querida, un episodio feliz o triste, una fecha imborrable.

Poseemos en nuestro interior una fábrica de tejer pensamientos. Su materia prima son los recuerdos de cada uno. Ninguna máquina puede igualarla. Es de nuestra propiedad. Sólo nosotros somos los dueños de la llave para abrirla y ponerla en funcionamiento. Nadie más puede entrar en ella. Es la permanente compañera en la soledad. Puede guardar un precioso tesoro, privado, íntimo, secreto. Pero también contiene material para sacar a la luz, para compartir. Y para esto hacemos uso del don de la palabra.

Eso es lo que haremos ahora: iré enhebrando uno a uno recuerdos que han salido de su escondite para quedarse en estas páginas.

Pertenecen a diferentes ex-alumnos, colegas, amigos y familiares del querido Director Pita. Desfilarán personajes en el marco de su tiempo para recrear lo vivido junto  a él o en el entorno, durante los hermosos días de la vida de estudiantes que volverán a acompañarnos. Y también podremos conocer algunas facetas del Pita niño.

Varias anécdotas nos llenarán de emoción, otras nos producirán risas y muchas de ellas despertarán pedacitos de historia aún dormidos.

La apreciada maestra Estela Ibarra conserva desde la niñez, un pasaje grato de su vida. Asomó de inmediato en ella cuando conversamos sobre esta página, porque quedó grabado en su corazón.

La misma deja un mensaje de ternura por el testimonio que encierra, por la huella que le dejó la figura de un maestro:

EL AIRE

Corría el año 1956 y eran sólo tres las niñas de 5° año de la Escuela Nº 7 de Nueva Palmira, hasta no hacía mucho, “Escuela de Varones”.

Estela provenía de una escuela rural con maestra única y enseñanza tradicional. Aunque encontraba asombroso ese nuevo ambiente, son escasos los recuerdos de esa época.

“¡Es que han pasado casi cincuenta años!”, comenta ella hoy, para proseguir narrando:

“La llegada del Director marcó un hito de ese año: un Director varón en ese mundo femenino de Primaria ya era una novedad. Que fuera joven, lindo, calmado y amable era más extraño aún. Pero el hecho de que la maestra de 1º fuera su esposa y estuviera esperando un bebé, para una niña que estaba transitando su décimo año de vida, era francamente cautivador.

Un día, el Director realizó una visita a mi clase. Imagino que habrá hablado con el maestro, visto su documentación y realizado una introducción para motivarnos en el tema que, de acuerdo al Programa, correspondía tratarse. Lo recuerdo, como si de un fragmento de película se tratara, de pie, adelante del escritorio, mostrándonos dos hojitas de bloc y constatando que ellas eran iguales. En su mano derecha conservó una de las hojas que nos había mostrado y en la izquierda sostuvo la segunda hoja que había estrujado hasta convertirla en una pelotita. Luego, ante nuestra expectativa, elevó las dos manos a la misma altura y soltó ambas hojas.

Cuando preguntó por qué la hoja arrugada había caído más rápido, un compañero, que casi nunca participaba en la clase, respondió:

” Porque corta menos aire.”

Hasta ahí el recuerdo. El Maestro Pita, partiendo de esa expresión infantil y campechana nos debe haber conducido sabiamente, por el camino del vocabulario científico, hasta el concepto de Presión Atmosférica.

Después tuve muchas clases de física en el Liceo y en Magisterio: todas me parecieron tediosas y mi memoria las desechó. Ésa de 1956 es la única que puedo evocar”.

Lilián y Analía, hijas de Pita y de Tilita Bo, posan este lunes junto a viejos amigos: Wilma Martínez, Ester Silberstein y José Yavitz entre otros.

Estela, con emoción, continúa recordando aquellos pasos pequeños de su infancia, y nos deja otro testimonio del maestro Pita joven, de 25 años de edad, en los inicios de su carrera magisterial:

DÍA DEL MAESTRO DEL 56 EN NUEVA PALMIRA

“Era un día especial para niños y docentes: no había clases. No puedo precisar si era un fin de semana o si por aquellos años el Día del Maestro era feriado. A nivel infantil esta fecha no tenía la trascendencia que alcanzaría años más tarde, pero para mi amiga (y compañera de clase) Teresita y para mí, era muy importante. Por eso habíamos planeado todo desde el día anterior, a la salida de la Escuela:

A las ocho de la mañana siguiente, ella iría a casa con todas las flores que hubiera podido recoger en el jardín de su casa y en el de su abuela. Yo la esperaría con un metro de cinta de seda (la más ancha que hubiera) de un color bonito y suave, comprada en la tienda de Barrita que distaba una cuadra del lugar. Armaríamos el ramo, le pondríamos un moño muy grande y se lo llevaríamos a nuestro maestro Juan José Fontana que vivía frente a la mencionada tienda. ¡Era seguro que seríamos las únicas alumnas que recordarían homenajearlo en su día!

Seguimos rigurosamente el plan y antes de las nueve, estábamos tocando timbre en lo de Fontana.

Demostrando una total falta de cooperación hacia nuestra empresa, el maestro y su familia no estaban; tampoco se veía el auto.

Admirando el ramo que increíblemente, se mantenía bastante fresco, emprendimos el regreso con una gran pesadumbre… que duró aproximadamente media cuadra. En un momento dado, estrenando la determinación y el optimismo que nos ayudarían en el futuro, nos detuvimos:

“¿Y si se las llevamos al Director?”

“¡Vamos!”

Nos pareció que era un homenaje muy merecido no sólo por sus atributos personales sino también porque el Director -pobre- no tenía una clase con alumnos que fueran sólo de él. Además sabíamos que vivía a unos pocos metros.

Al momento nos encontramos tocando timbre en la casa de la calle Laguna, frente a la Plaza Artigas. Un feriado, apenas pasadas las nueve de la mañana, esperando que la pareja prácticamente recién casada nos atendiera.

Abrió la puerta la señora y nos hizo pasar a una habitación. Allí estaba el Director, vistiendo un pijama y sentado en una silla junto a una cuna. Estaba estudiando, nos dimos cuenta por el tamaño del libro que sostenía. Con la otra mano acunaba a su hija, la primogénita.

Mi recuerdo termina con esa imagen, tal vez porque en ella se funden las tres facetas más importantes de Omar Pita: el Maestro, el Estudioso, el Hombre de familia.”

…….

Aquella niña de ayer fue después una estudiante de Magisterio en la casa de estudios de Rosario.

Y allí volvió a encontrarse con el maestro a quien le había regalado un ramo de flores en Palmira.

“Pita fue después nuestro profesor de didáctica y el director de la Escuela de Práctica Nº 3; esto quiere decir que teníamos un contacto diario y cercano.

Yo me recibí en febrero del 66.

En 1971 se realizó en Colonia del Sacramento el primer acto importante del Frente Amplio al que asistí. Allí estaba Pita, al que hacía mucho tiempo que no veía.

Asombradísimos y felices por el encuentro nos saludamos de pasada con un simultáneo: “¿Usted aquí?” Fue recién en ese momento que conocí las preferencias políticas de ese maestro que tanta importancia tuvo en mi formación y en la de toda mi generación.”

Elio Ferrari y Blanco Balao, entre otros exalumnos, en la presentación del libro Maestro Omar Pita. Una profunda mirada azul de Alicia Mignone (2006).

DISTRAÍDO

Una de las características de Pita fue la distracción, creo que propia de los pensadores, de los sabios, que por momentos se abstraen, se aíslan de la realidad, tornándose así olvidadizos. Y esto ha dado lugar a varias anécdotas risueñas. Una de ellas es narrada por la Profesora de Filosofía de la Educación, de muchas generaciones, la siempre querida Margy Roland, amiga y compañera de trabajo de Omar.

Cuenta que siendo ella Secretaria de la Escuela Nº 3 y él Director, allá por la década del 60, siempre se vigilaba con gran cuidado la hora de la salida de los niños. Como todos los días, él se ubicaba en la calle y con la campanilla indicaba el momento de cruzar, con el objetivo de lograr disciplina y que el alumnado aprendiera a transitar en orden. Pero en esta oportunidad, al ver al maestro González Bonilla salir corriendo, muy apurado, Pita le sale al cruce y demostrando prisa también, le entrega la campanilla diciéndole: “Toma, González, atendé vos la salida porque yo tengo que ir a una conferencia.” Y el maestro, sorprendido le responde: “Pero…Pita, ¡el que da la conferencia soy yo!”

…..

EL MONTE

Una anécdota de los primeros tiempos de Dirección de Pita es que en una fría mañana de invierno, una madre muy nerviosa acudió al Instituto a dialogar con él, ya que las vecinas le habían comentado que su hija no concurría a clase. Fue buscando una respuesta y una sugerencia de cómo actuar pues habían visto a la muchacha entrar a un monte a orillas del Colla acompañada por su novio, en varias oportunidades.

El Director, luego de escucharla atentamente, con la pose característica de su mentón apoyado en una de sus manos, sólo atinó a exclamar con un gesto de preocupación:

” ¡Mmmm! ¡Al monte! ¡Y con este frío!…”

EL ÓMNIBUS

Los ómnibus de “Compañía Colonia” han recorrido y continúan recorriendo diversos caminos que unen a los centros poblados desde Colonia a Nueva Helvecia. Es imposible mencionarlos sin asociar a ellos los apellidos Velluti o Plátano.

Escuché hace pocos días el comentario de una maestra cuya inquietud sería proponer al Municipio de Colonia que, casas antiguas de familias representativas de una ciudad o árboles añosos que hayan cobijado a un pueblo o algunas viejas unidades de transporte colectivo, deberían ser preservados y declarados bienes del Patrimonio Histórico del departamento. “Como los ómnibus de Velluti”, decía ella, “en los que prácticamente hemos vivido cientos de estudiantes de varias generaciones durante los años de la carrera”.

Sí bien el Instituto era el centro de estudios magisteriales, podemos decir que el ómnibus era el “anexo”, la “casa rodante” que sólo se dejaba de ocupar los días domingos y feriados. Diariamente se colmaba del bullicio de la juventud y sucedían allí las más diversas actividades, desde seguir durmiendo, (ya que cansaba el madrugón de cada día); estudiar afanosamente durante el viaje para un escrito o examen; hasta jugar al “ahorcado”, al “veo-veo” o a las cartas.

La charla continua podía abarcar infinidad de temas. Historias de todo tipo cabían en la vida de los estudiantes y se creó un clima especial de solidaridad.

…..

LA ESCALERA

Un recuerdo tierno hacia Pita es el de mi querida amiga Graciela Valdivieso, al evocar sus años de Magisterio cuando el Instituto aún funcionaba en la Escuela 3.

Como si una imagen hubiera quedado detenida en el tiempo, ella ve con claridad el momento en que el flamante Director Pita reunía a los estudiantes para hablarles. Cuando todos estaban ubicados en la escalera, él se dirigía a ellos, desde el primer escalón, abajo.

Y hoy comenta emocionada: “De esa manera, su mirada celeste y sus sabias palabras, podían llegar mejor a la totalidad del grupo.”

DE CAMPAMENTO

Esther y José, íntimos amigos de Omar y Tila, recuerdan con risas cuando todos juntos fueron de campamento a Santa Teresa en la época en que los hijos de ambas familias eran chicos.

Felices, una mañana de verano partieron hacia Rocha los cuatro Pita y los cinco Yavitz, más una niña invitada.

Pita era el baqueano, el que conocía todo lo relacionado al camping, ya que había ido otras veces. Para la familia Yavitz era la primera vez. “Pero lo que fue armar las carpas… ¡no te puedo decir!…”, comenta Esther llevándose las manos a la cabeza. “Además, no habíamos previsto llevar implementos para la lluvia. Si hubiera llovido -porque estuvimos casi una semana- ¡no sé qué hubiéramos hecho!”

“Él tampoco llevaba nada”, acota José riendo.

“Cuando nos volvíamos del campamento, mientras desarmábamos y guardábamos todo, veíamos la tormenta que se acercaba. Pita miraba el cielo y con optimismo decía:

Son cúmulos de buen tiempo…”

Pero el excelente profesor de Geografía esa vez se equivocó en el pronóstico meteorológico, pues no bien terminaron de cargar, ¡¡¡se descolgó una lluvia torrencial con rayos y centellas!!!”