Miguel Asqueta: “Me cuesta pensar en un dirigente departamental que no sea temperamental”

Miguel Asqueta: “Me cuesta pensar en un dirigente departamental que no sea temperamental”

Entrevista publicada originalmente en diciembre de 2006.

El 14 de diciembre, minutos antes de partir para Colonia donde presidiría una reunión del Partido Nacional con el intendente Walter Zimmer, el diputado Miguel Asqueta se mostró optimista con relación al futuro de la unidad partidaria. “Nos costará algún tiempo más, pero lo vamos a tener que entender porque en eso le va la vida al Partido”. Asqueta, carmelitano y médico, tiene dos hijos: Juan Miguel y Agustina.

  • ¿Del campo o de la ciudad?
  • Mi padre fue un productor rural de mediano a chico en Costa de Vaca, a 15 kilómetros de Carmelo, y cuando se casó se estableció en la ciudad. Esto quiere decir que me crié en Carmelo pero toda la vida pasé mis fines de semana y las vacaciones en el campo. El campo era lindero con el arroyo de las Vacas donde está el hermoso paso de la Tahona y festejábamos las navidades. La escuela rural Nº 107 quedaba enfrente. Como el número de varones no alcanzaba para un equipo de baby fútbol, las maestras habilitaban a jugar a los hijos de los vecinos y me tocó ser el arquero durante años. Eran caminos vecinales de tierra en los que las camionetas “Belford” patinaban. Recuerdo que mi padre presidió la Comisión pro-Construcción de la Carretera, algo que se logró en los años 60 con la llegada del balasto. También fue de los primeros socios de la sociedad criolla La Querencia que hoy es decana del departamento. Allí, ensayando el pericón, se hicieron novios con mi madre en 1952, el año de su fundación.
  • Cuál fue primero ¿la vocación por la política o por la medicina?
  • Soy hijo de la dictadura. Entré al liceo en 1973 y tuve un mes de “vacaciones” que los niños de la época festejamos porque nos pareció bonito. En mi casa, se encargaron rápidamente de explicarme que aquello no era bonito y, de hecho, muchos familiares -como tantos uruguayos-, sufrieron las consecuencias de la dictadura. Mi abuelo materno, Medardo Sóñora, participó en la revolución de Paso Morlán. Era de aquellos blancos independientes que miraba torcido a los blancos herreristas, y no dejaba a sus hijas usar nada rojo. Tal vez su principal virtud fue ser amigo de Wilson Ferreira Aldunate. Cuando en 1958 a raíz de diferencias internas en el departamento, la Unión Blanca Democrática (UBD) tuvo que salir a buscar candidato, un grupo de colonienses -entre los cuales mi abuelo-, fue a buscar a Wilson a la estancia. Él estableció su cuartel de campaña para la zona en el hotel Punta Gorda y a partir de ahí hicieron una gran amistad. Aunque no lo viví -en 1961 mi madre estaba embarazada de mí-, siendo diputado por Colonia algunas veces Wilson almorzó en la mesa de mi casa. La vocación por la política y el servicio público fue como natural.
  • ¿Y cómo fue su pasaje por la Universidad?
  • Ingresé a la Facultad de Medicina en 1980. La Federación de Estudiantes Universitarios estaba inhabilitada así que la relación fue con militantes de todos los partidos que teníamos fuerte formación política y con quienes seguimos siendo muy amigos, independientemente de los sectores políticos a los que pertenecemos. Fue el nacimiento de la Asceep-Feuu, las primeras marchas estudiantiles, la solidaridad entre todos. Creo que la generación que se formó en esa época no lo ha olvidado.
  • Ud. coincide con el presidente Vázquez en la profesión y en la campaña anti-tabaquismo ¿En qué cosas no coincide?
  • No nos convence esa forma de conducción autoritaria o demasiado dirigista, a veces un poco ausente o distante de los temas. Lo digo con la mayor cordialidad: no tengo nada contra descansar en la estancia de Anchorena, pero hemos visto que a veces son demasiados días; cuando la destitución del comandante en jefe del Ejército estaba en el Cabo Polonio en un bote con unos amigos. Nadie duda de su aplicación al trabajo, de la honestidad de su función, pero nos gustaría que en algunos temas estuviera un poco más involucrado. Tampoco compartimos –en este caso con el partido de gobierno-, algunas urgencias que le ha transmitido al Poder Legislativo como fue el caso de la aprobación del ingreso de Venezuela al Mercosur. No nos oponemos al ingreso de Venezuela, sino a que se apruebe sin discusión en menos de 24 horas. Tener la mayoría no quiere decir tener la razón, ni imponer las normas de funcionamiento. Tampoco comparto la forma en que se han conducido algunas reformas sustanciales. Por ejemplo, que se haya proclamado a los cuatro vientos una reforma de la Salud, y que el inciso del MSP en el Presupuesto Nacional tuviera un articulado que catalogar de pobre, es poco.
En caracter de intendente interino, Miguel Asqueta participa en la inauguración de silos de la empresa FADISOL en el departamento de Soriano (abril de 2014).
  • ¿Cuál será el énfasis de su gestión al frente de la Comisión Departamental?
  • Lo que queremos es la unidad del Partido y delimitar las acciones: una cosa es el accionar del gobierno municipal, y otra función muy diferente es la de los directorios. Tal vez si la Comisión hubiera estado formada cuando se planteó el conflicto que todos conocen sobre el presupuesto entre el intendente (Walter) Zimmer y algunos ediles de otros sectores -que lideraba predominantemente (el senador Carlos) Moreira-, hubiera habido caminos de diálogo. Ahí se mezclaron las funciones de gobierno con la vida partidaria.
  • Contando a partir de la oferta a Wilson las diferencias entre los blancos en Colonia completan casi 50 años ¿es posible la unidad?
  • Ha habido crispaciones, altercados y desencuentros de todo tipo -como lamentablemente los hubo durante muchos períodos-, y era conveniente hacer un “codo” en este camino histórico. Colonia es una joyita que el Partido pretende preservar ganando en elecciones libres, pero para eso debe hacer una buena gestión. Por algo asumió la convención departamental como prioritaria y estuvieron presentes, además de los máximos dirigentes locales, el presidente del directorio, Jorge Larrañaga, el senador Eber Da Rosa y el presidente de la convención nacional, Carlos Daniel Camí.
  • Los blancos ¿son más temperamentales que otros políticos?
  • No sé si será casual, pero aunque no los nombre, me cuesta pensar en un dirigente departamental que no sea temperamental. De los cuatro o cinco cabezas de grupo que andamos en la vuelta, todos tenemos nuestro carácter. Está en la tradición: no se olvide que Aparicio se peleó con el directorio, que Oribe tenía problemas con compañeros partidarios, y tantas veces en las revoluciones había fracciones de uno y de otro lado provenientes del mismo partido. Es verdad: los blancos tenemos esa tradición libertaria, muy de decir lo que pensamos, de no barrer para adentro. No se si será defecto o virtud, pero no me resigno a pensar que por eso no podamos tener una vida orgánica acompasada con el siglo XXI. Nos costará algún tiempo más, pero lo vamos a tener que entender porque en eso le va la vida al Partido.       
  • ¿Les preocupa el crecimiento del Frente Amplio?
  • No lo vivimos como una preocupación. Lo que realmente me preocupa y me ocupa es que el Partido Nacional haga bien las cosas como gobernante en lo departamental, y como oposición en lo nacional. No creo que “cuanto peor les vaya, mejor”: no estoy preocupado porque el Frente Amplio nos pueda ganar si le va bien, sino porque si le va mal, perdemos todos. Yo desearía que el gobierno incluyera muchas de las propuestas que nosotros le recomendamos todos los días y que le fuera mejor. Pero eso no ha sucedido.     

Luis Udaquiola