Con Darío Silva, hace más de 12 años en otra pizzería

Con Darío Silva, hace más de 12 años en otra pizzería

La secuencia de enredos que estos días tuvieron como protagonista al ex goleador de Peñarol y de Uruguay, Darío Silva, actualmente en Málaga, invitan a repasar una entrevista de diciembre de 2006 –diez semanas después del accidente de tránsito en el que perdió parte de su pierna derecha-, publicada en la revista RumbosUR.

Tras aparecer esta semana en el programa Jugones de La Sexta, donde denunció que sus representantes le robaron el dinero que había hecho en su carrera, Silva se vio obligado a aclarar que no trabaja de mozo en la pizzería donde se desarrolló la entrevista, sino que al igual que muchos jugadores amigos es frecuentador del local. A seguir, la entrevista de 2006.

Con fe pa’l segundo tiempo

Tras perder parte de su pierna derecha en un accidente de tránsito hace diez semanas, el ex seleccionado uruguayo Darío Silva descartó el apoyo psicológico que le ofertaron sus médicos: “Yo les dije: estoy con las personas que quiero, ustedes me devolvieron la vida, ya está, no quiero más nada”. Ahora valora “ciertas cosas que uno no piensa nunca, como lo bonito de la vida”, y se prepara para conducir, a partir de marzo, un programa de televisión dirigido a la gente del interior del país.

Sobre todo desde que salvó su vida en el accidente y sus amigos resultaron ilesos, Darío Silva es de los que piensa que el vaso está medio lleno, pero no puede negar que este ha sido un año difícil. El 12 de abril, día del cumpleaños de su madre y de su hija mayor, falleció su padre, y el 24 de setiembre, el choque contra una columna de la rambla montevideana le provocó la pérdida de la pierna derecha, debajo de la rodilla, anticipando su retiro del fútbol. 

Aquella madrugada Silva viajaba con sus amigos Dardo Pereira, de Treinta y Tres como él, y Elbio Papa, ambos futbolistas. Pereira salió despedido por el parabrisas, y Papa, que iba sentado en el asiento de atrás, quedó atrapado entre los hierros y debió ser rescatado por los bomberos. “Estoy contento que me sucedió a mí y no a mis amigos. No me lo hubiera permitido. Sé cómo soy yo y todas las cosas que puedo llegar a hacer, pero aunque los conozco de toda la vida, no lo sé tanto de ellos”. A Pereira lo conoce desde que eran niños y se enfrentaban en los partidos de la escuela Nº 83 contra la escuela Nº 65; a Papa –que desde el accidente maneja su camioneta-, acaba de pedirle que conduzca hasta una pizzería del Parque Rodó para grabar este reportaje.

Del Deportivo Español al Yerbalense

En una entrevista que concedió en noviembre a la red Globo de Televisión, Silva, de 34 años, rechazó las versiones de que el día del accidente chocó su camioneta porque estaba borracho. “Dijeron que había bebido, usado drogas, y eso es lo que más me incomoda, porque no me hicieron ningún examen (para comprobarlo)”, anotó el ex futbolista.

Silva tiene dos hermanas mayores que él, y un único recuerdo de su infancia: “Lo que siempre hice fue jugar al fútbol. Cuando ingresé al equipo de baby del Deportivo Español se exigía de seis años para arriba, pero yo tenía cinco y tuvimos que mentir”, asume con cierto pudor. Por lo demás vivió la típica infancia del interior del país: “No es que estábamos bien económicamente, pero no le pedíamos nada a nadie y nadie nos pedía a nosotros”.

Su padre fue encargado del mantenimiento del estadio municipal –y por supuesto “yo estaba siempre ahí”-, y su madre fue cocinera de la Escuela Nº 83 a la que concurrieron los tres hermanos. “En seis años sólo me hice la rabona dos veces, porque con mi madre trabajando allí era imposible”.

El barrio estaba en las afueras de Treinta y Tres. Si bien no le gustaba ir al centro “porque veía que se discriminaba por la manera de vestir y ese tipo de cosas”, recordó que él “iba adónde quería –si tenía que ir desnudo iba desnudo-, a mi no me importaba lo que dijera la gente”. Al fin de cuentas era un ganador: “fui goleador todos los años en todas las categorías”.

Del baby pasó al Relámpago, el club del barrio, que antes se llamó Agraciada y en el que jugó uno de sus tíos. Luego fue vendido al Yerbalense, el tercer equipo olimareño en importancia después de Treinta y Tres y Huracán. Él tenía 14 años y el pase costó U$S 5.000 que nunca se pagaron. “Nosotros no conocíamos el reglamento”, pero sobre todo había dos razones para no guardar rencor: “Dos de los directivos habían sido mis maestros en cuarto y quinto año de la escuela”. Y además “la gente que estaba ahí siempre me apoyó: yo precisaba un par de zapatos y los zapatos los tenía. Nunca tuve problemas. Un día me robaron una bicicleta que era de mi hermana y me regalaron otra para que pudiera devolverla”.

Hijos y goles en Europa

Es verdad que su carrera, especialmente en Europa, le permitió ganar buen dinero, pero eso ocurrió en los últimos 11 años. “Cuando tenía 16 estuve convocado para disputar el Campeonato del Este con la selección mayor, pero se peleaban por dinero y yo en ese momento quería jugar al fútbol. Entonces pedí mi cédula y me fui”. Luego ingresó a la selección juvenil y más tarde fue convocado para la selección nacional Sub20. 

La adaptación a la capital no le resultó tan difícil como a otros jóvenes del interior. Descontado el clima de camaradería de la selección, el jugador conterráneo Robert Lima hizo las veces de baquiano. “Me enseñaba la calle, cómo manejarme con los ómnibus”.

Jugó un año en Defensor y luego vistió la blusa carbonera contribuyendo al “quinquenio” de Peñarol. En 1995 viajó a Europa contratado por el club italiano Cagliari donde permaneció hasta 1998 coincidiendo con el también jugador de la selección nacional Diego López. De 1998 a 1999 jugó en el Espanyol; de 1999 a 2003 en el Málaga, hasta el 2005 en el Sevilla, y más recientemente en el inglés Portsmouth.   

Durante estos 11 años Silva no sólo intercaló sus viajes a Uruguay con numerosa presencia de parientes en Europa, sino que construyó su propia familia. En 1997, “cuando mi hija ya tenia un año”, se casó con su novia de la adolescencia.

Elina nació en Italia. “Como era el primer embarazo estuvimos yendo y viniendo al hospital durante dos o tres días, y aquel domingo se jugaba un partido muy importante en Nápoles: estábamos por bajar a segunda y teníamos que ganar tres de los cuatro que quedaban”. El viernes, con su esposa ya ingresada en la maternidad, Silva encaró al presidente y al técnico del Cagliari: “El fútbol es algo muy importante en mi vida, pero quiero ver nacer a mi hija”. El médico le garantizó que su hija nacería “el lunes de tarde, más bien de nochecita”, y él arrancó en un avión privado hacia Nápoles. En el camino del aeropuerto a la concentración “me llamó mi cuñada: ‘¡Te felicito, negro!’ Al principio no le creí, pero luego escuché el llanto de la bebé”.

Campo y caballos

Con Diego, que nació hace tres años en Málaga, fue distinto. “Yo corté el cordón umbilical”, recuerda con orgullo. “Acompañé, aguanté todo, pero después que salió el niño y se lo dieron a la madre digo: ya está, ya cumpliste, y pedí una camilla ¡me desmayé!”

El año pasado Silva decidió cambiar el Sevilla por el Portsmouth porque no le gustaba “la forma de tratar la gente” del DT español. Por entonces “mi hija había empezado a estudiar en Montevideo y me aguanté cinco meses solo, pero había momentos de mucha tristeza. Aguanté hasta lo que pude”.

Ahora que están juntos es raro el fin de semana que no viajan a la zona de Isla Patrulla para disfrutar del campo que le regaló a su madre. “De ahí no la saca nadie. Ella era de campaña y se lo regalé porque quien lo descubrió fue su padre: Mi abuelo Florencio Pereira era muy conocido en el campo porque trabajaba en cuero, tocaba muy bien la guitarra, siempre vestido de bombacha: ¡un gaucho uruguayo toda su vida!”

Allí Viera disfruta de dos pasiones menos conocidas: “Yo me siento más cómodo en el campo escuchando los pájaros, que en mi casa mirando la televisión”. Y los caballos: “soy apasionado por el caballo desde que tenía cinco años. Toda la vida arriba de un caballo, y hasta el accidente era yo el que los domaba”.

Originalmente le interesaban los purasangre, “no para disputar carreras, sino para verlos: los trato como a un hijo y si se lastiman parece que me lastimara yo”. Luego incorporó la raza árabe y algunos ejemplares intervienen en exposiciones, “pero eso no les ofrece riesgos”.

El trato caballeroso ha sido su cualidad también en el fútbol. “En todos los equipos que estuve nunca tuve enemigos ni un problema con un jugador. Al contrario: si había problemas venían a mí para que yo hablara”. Silva vistió la camisa de la selección uruguaya en 49 partidos, incluidas la fase final de la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002 y las eliminatorias del Mundial de Alemania 2006.

Aprendizajes y destino

¿Qué se truncó el amanecer del 24 de setiembre? “Lo mío era muy simple: quería jugar un año en el equipo de mis amores que es Peñarol, para estar tranquilo conmigo mismo porque es algo que dije toda la vida -igual que jugar en Treinta y Tres, que nunca pude vestir la camiseta roja de la selección mayor-, y retirarme definitivamente. Eso me hubiera gustado, pero bueno, son circunstancias del fútbol”.

Ahora valora “ciertas cosas que uno no piensa nunca como lo bonito de la vida. Yo vivía para el fútbol y la familia y toda la vida fui una persona de correr mucho con el auto. Llegué a conducir a 300/320 kilómetros por hora y nunca tuve miedo de nada. Y el accidente lo tengo a 50/km por hora. Es cosa increíble, pero está: fue una cosa del destino. Sucedió, y por algo sucedió. Y te ayuda a reflexionar que primero hay que pensar en la vida”.

Por estos días se le implantará una prótesis. Paco Casal tiene “todo arreglado para que lo haga en Bolonia, pero quiero volver a caminar en Uruguay. ¿Por qué no darle la oportunidad a un uruguayo? Después decidiremos si viajamos a Europa o no”.

La semana pasada participó en la Teletón y apadrinó un evento de fútbol para discapacitados organizado por el Ministerio de Turismo y Deporte. “Son cosas que merecen apoyo y me interesan porque muchas familias a las que les toca no están en condiciones económicas”.

A partir de febrero o marzo conducirá un programa de perfil solidario que no tiene nada que ver con fútbol, “donde voy a trabajar más para la gente del interior”. 

Aun está pendiente la posibilidad de volcar su experiencia “a los jóvenes de la selección uruguaya”, como anunció en radio Carve, o de cumplir tareas similares en Peñarol como alentó su presidente José Pedro Damiani.

A la hora de hacer un balance preliminar de su carrera, Silva recurre a una anécdota: “Hace muchos años me citaron a una primera selección juvenil y yo le comenté a mi madre que necesitaba un par de zapatos nuevos. Ella me dijo que en ese momento no podía porque había muchas cosas pendientes que eran más importantes. Y le dije: regálamelos, porque cuando yo sea un gran jugador de fútbol te daré todo lo que tu quieras. No sé si fue el destino o qué, pero sin llegar a ser un grande como pensaba, disfruté todos los momentos y la verdad es que estoy contento”.  

En la despedida el dueño de la pizzería dice que la “Frutto di mare” va por cuenta de la casa y Silva, recogiendo las muletas, bromea: “No acepto regalo de bolsilludo”.

Luis Udaquiola

Vea nota del suplemento Referí de El Observador.