Esperanza Pizarro, jugadora de la selección de fútbol femenino: «La profesionalización es un cambio que no se podrá evitar»

Esperanza Pizarro, jugadora de la selección de fútbol femenino: «La profesionalización es un cambio que no se podrá evitar»

Esperanza Pizarro tiene 17 años y juega al futbol desde los cuatro. Cuando iba a la escuela algunos le gritaban machona, pero ya en el liceo pasaron a defenderla. A fines del año pasado su gol a la selección de Finlandia fue elegido por los usuarios de FIFA.com como el mejor de la Copa Mundial Femenina Sub-17 que se disputó simultáneamente en Colonia, Montevideo y Maldonado.

Si bien sus padres son de Nueva Palmira donde ella también creció, nació prematura en el hospital Pereyra Rosell en Montevideo. «Tengo dos hermanas mayores y creo que el nacimiento de una de ellas también se adelantó». Pizarro es hincha de River, de Peñarol y de Barcelona.

  • ¿A qué se dedican tus papás?
  • Mi mamá trabaja de limpiadora y además reparte El Eco de Nueva Palmira. Mi padre trabaja en la construcción, aunque están separados desde hace unos años y no nos llevamos tanto.  Tengo dos hermanas: la mayor se llama Ana Paula, trabaja como guardia de seguridad y también estudia; Milagros cursa la carrera de arquitectura en Montevideo.
  • Y tu ¿vas al liceo?
  • El año pasado se complicó porque sexto de medicina tiene varios prácticos y el hecho de entrenar en Montevideo no es sencillo. Al final abandoné con la idea de dar unas materias libres durante el verano, pero tampoco pude. Decidí cursar de nuevo porque es el último año antes de entrar a la facultad y lo preciso bien.
  • ¿Pensás estudiar medicina?
  • No, la licenciatura en Fisioterapia en la Escuela Universitaria de Tecnología Médica.
  • ¿Desde cuándo juegas al fútbol?
  • Tengo una pelota abajo del brazo desde que nací. Siempre pedía pelotas de regalo: para el día del Niño, para Navidad, Reyes, mi cumpleaños. Mi padre jugaba al fútbol en Higueritas, luego en la liga de Agraciada, y yo lo acompañaba a sus prácticas. Un día que mis padres miraban por televisión un partido entre Real Madrid y creo que River, se me dio por decirles que quería jugar. Entonces yo tendría unos cuatro años. En principio no me creyeron mucho y me dijeron que tenía que esperar un año. Cuando pasó ese año se los recordé y mamá entendió que lo mío iba en serio. Comencé jugando en el barrio, luego en la escuela y enseguida en Sacachispas, un cuadro de la liga de baby.  
  • Contame sobre tu carrera deportiva.
  • En la escuela me costó porque mis compañeros eran un año mayores -yo cumplo al principio de año-, y era la única mujer. Les resultaba difícil verme allí, como que no me querían dejar jugar y tuvimos muchas peleas hasta que la madre de uno de los chiquilines, que después terminaron siendo mis amigos, les pidió que me dejaran jugar. A partir de ahí pasaron a invitarme y nunca más tuve problemas. En el baby jugué en Sacachispas y como también jugaban algunos amigos de la escuela se hizo más fácil aunque algunos que no me conocían a veces me pegaban. Durante el primer año no se animaban a marcarme por ser mujer, o si los pasaba se enojaban mucho. Además me costó porque me gritaban cualquier cosa, pero después te acostumbrás. Ya para el segundo año llegaron (la también jugadora palmirense) Sofía Ramondegui y otras nenas y la situación comenzó a normalizarse. Salvo un año que me fui a Sauce, el cuadro donde jugaba Sofía, estuve siempre en Sacachispas donde integré la selección masculina y culminé mi etapa de baby. Luego arranqué en Palmirense, un cuadro femenino de allá ya en cancha de 11, donde salimos campeones nacionales sub-16 en cuatro oportunidades. En una semifinal fue a vernos Ariel Longo, director técnico de la selección femenina. Fue en 2015 en Florida y empatamos 4 a 4 con cuatro goles míos. En 2016 venía el sudamericano de Venezuela y nos citaron a tres compañeras y a mí. Fue el primer año que Longo consiguió involucrar a jugadoras del interior, y ahí empezó mi carrera en la selección.
  • ¿Se puede conciliar fútbol, estudio y esparcimiento?
  • De chica fue fácil: yo iba a la escuela y el resto del tiempo me pasaba jugando al fútbol. En el baby las prácticas son cortas así que no me quitaban mucho tiempo. Hay que tener un orden de las cosas. En plena preparación no queda mucho tiempo, pero una tiene prioridades: para mí lo primero es el fútbol y el estudio obviamente, pero te da tiempo. 
  • Ahora es común ver a mujeres jugando al fútbol ¿cómo ves tu camino recorrido desde las picadas infantiles hasta ahora?
  • De chica me miraron mal y me dijeron un montón de cosas, pero yo me divertía muchísimo con el fútbol y lo que me decían no me importaba.  Los chiquilines me corrían por el patio y me gritaban machona. Ya en el liceo una profesora me dijo que en el fútbol no iba a llegar a nada y que me pusiera a estudiar. A medida que fui creciendo creo que el fútbol fue cambiando, rápido, y cuando llegué a cancha de 11 ya había más aceptación y las cosas se fueron dando refáciles. Y a esta altura, con el Mundial es mucho más frecuente que haya mujeres en el fútbol.
  • ¿Te alentaron en tu familia?
  • Al principio no sé si a mi padre no le gustaba o tenía miedo de lo que me pudieran decir y dañarme. Mis padres, sobre todo mi padre, son del fútbol y lo veían bien: si esperé un año para poder jugar se dieron cuenta que era lo que quería, y además de chiquita se veía que tenía condiciones: andaba con la pelota para todos lados y sacármela era como prohibirme todo lo que amaba.  Hasta que me vine a Montevideo mi madre no se perdió un partido.
  • ¿Y tus hermanas?
  • A mis hermanas no les gusta el fútbol, pero siempre trataron de acompañarme.
  • ¿Qué implica estar en la selección en términos de disciplina, entrenamiento, hábitos de alimentación?
  • No solo por integrar la selección: si querés ser futbolista todas esas cosas las tenés que cuidar. Yo no soy de hacer relajo, y trato de cuidarme lo más posible. Siempre me alimenté adecuadamente, pero comprendo que estamos entrando en otra etapa y hay que empezar a profesionalizarse en todo sentido.
  • Desde 2016 estás en la selección y viviendo entre Montevideo y Nueva Palmira. ¿Qué te aportaron estos años?
  • He adquirido experiencia y conocido muchos países: en 2016 Venezuela por el sudamericano, en 2018 Ecuador por el sudamericano sub-20, Mar del Plata por un cuadrangular que jugamos con Estados Unidos, Argentina y Chile, San Juan por el sudamericano sub-17, y China donde tuvimos una gira. Y ahora en marzo, Francia por el amistoso entre las selecciones de los dos países. La verdad que estos tres años han sido muy lindos. He tenido ofertas del exterior y seguramente este año continúe creciendo en un club brasileño, pero a la orden de la selección uruguaya femenina. Esto complica mi plan de recursar sexto de Medicina, pero el estudio siempre debe acompañar al fútbol y vaya al club que vaya siempre encontraré una salida porque tengo que terminarlo.
  • ¿Extrañas a tu familia?
  • Aprovecho los fines de semana para viajar a Nueva Palmira: por lo general el sábado voy a la casa de mi abuela paterna, Graciela, que mira mucho fútbol y es hincha de Nacional a muerte. Luego salgo con mis amigas.
  • ¿Y con tu abuela han visto clásicos juntas?
  • Todos, es como juntar la Colombes y la Ámsterdam en el living. Mi abuela y mi abuelo me regalaron los championes de fútbol para jugar el mundial.
  • El otro día compartiste un tuit de la jugadora argentina Maca Sánchez. «Dejen de ver con orgullo a una jugadora que labura, entrena y estudia (…) Dejen de romantizar la precarización». ¿Qué te inspira?
  • Sánchez está pidiendo para profesionalizar el fútbol femenino: en su club el seleccionado masculino no está jugando al primer nivel e igualmente es profesional, mientras que ellas han viajado a tres Libertadores, están jugando en la primera división femenina de Argentina y aun no lo son. Es un cambio que también en Uruguay no se podrá evitar, sobre todo después de la vitrina que resultó el mundial sub-17 que, a pesar de que no nos fue bien, nos conoció mucha gente y les gustó cómo jugamos.
  • También retuiteaste a Lucas Torreira: «Si quieres triunfar, no te quedes mirando la escalera. Empieza a subir, escalón por escalón, hasta que llegues arriba».
  • Es mi frase de cabecera también. Hay que empezar a moverse para que las cosas cambien, y eso vale para todas las jugadoras, sobre todo del interior del país: Como se viene dando creo que la profesionalización va a comenzar en Montevideo, pero ahora el fútbol femenino es más visible y si se lo proponen y trabajan van a llegar.
  • ¿Cómo recuerdas el gol de la Copa FIFA Sub-17?
  • El partido estaba para que nosotros pudiéramos ir arriba, y no nos podíamos encontrar. Yo venía de espalda al arco que tenía que patear y calculé el tiro. Cuando lo hice, no sabía ni qué hacer: salí y enseguida me acordé de mi abuela que me había pedido que si quería y podía le dedicara un gol con un corazón. Y encima fue elegido como el mejor del mundial: No podía darle mejor regalo.

Luis Udaquiola

Nota relacionada: Nair Ackermann Bochard. Como en el fútbol, la vida da revancha