Del zaguán al cyber. San Valentín en la Fiesta del Sábalo

Del zaguán al cyber. San Valentín en la Fiesta del Sábalo

(Publicado originalmente en febrero de 2006).

El patrono de los enamorados habría deseado bendecir el encuentro de Linda y Federico en el cierre de la Fiesta Nacional del Sábalo en Juan Lacaze, pero un examen de Filosofía que luego se postergó canceló la cita. Linda Hernández tiene 16 años y vive en Juan Lacaze. Federico Castromán está a punto de cumplir 18 y vive en Nueva Palmira. Ambos se encontraron por Internet hace siete semanas y se enamoraron, pero sólo se conocen por fotos.

No ven la hora de terminar con los exámenes. Linda está rindiendo pruebas de cuarto año en el liceo de Juan Lacaze y le está yendo “más o menos: Si paso, pienso hacer quinto Humanístico”. Le gustaría ser profesora de Historia pero “tal vez porque soy chica no me veo enseñando”. También ha pensado ser maestra de Jardinera.

En Nueva Palmira, Federico está dando los exámenes reglamentarios de sexto año. El 24, al día siguiente de su cumpleaños, rinde Literatura. “Más salado imposible”. Salvando ese y Filosofía “ya soy bachiller, y después no sé, creo que voy a seguir la carrera de analista de sistemas en Colonia o en Montevideo; mejor en Colonia para estar más cerca de Linda”. Hasta el momento ninguno de los dos ha reprobado cursos.

LOVE STORY

El 12 de febrero Linda mantuvo hasta la noche la ilusión de que Federico atravesara de un momento a otro los portones de acceso a la Fiesta Nacional del Sábalo. Eso sucede en las películas y en algunos programas de televisión, pero nunca cuando la madre del “novio” descubre que su hijo tiene un examen crucial a la mañana siguiente.      

Linda vive en el barrio Charrúa, cerca de la cancha de Reformers, y tiene una hermana menor llamada Mélany. Su papá trabaja en la granja “La Esperanza Sabalera” y su mamá realiza tareas domésticas en algunas casas de familia.

El 4 de enero se encontró con Federico en un sitio de chat. Él la conoce por la mini-cámara de la computadora y ella por una foto que le envió por correo electrónico y guarda bajo siete llaves en su carpeta personal.

Como el amor pisa fuerte las más de las veces el teléfono reemplaza a la Internet. “Estamos todo el día conversando y nos combinamos para seguirla en el chat. ¡Qué cuenta de teléfono nos va a venir! Nos van a matar a los dos”, dice, sin que parezca importarle. Linda admite que el chat es más barato –diez pesos la hora-, pero argumenta que “no es lo mismo que escuchar la voz”.

Según define, “somos re-amigos y quiero conocerlo para ver si pasa algo. Es como si hiciera mucho tiempo que lo trato y sólo por su manera de ser me doy cuenta que es una buena persona”. Reconoce que “quererse sin conocerse es raro”, pero aspira a que, “a pesar de la distancia no dejemos de querernos y siempre tener confianza uno en el otro”.

UN ANTES Y UN DESPUÉS

El 14 de febrero Federico respondió un cuestionario periodístico por correo electrónico. “Hoy es el día de los enamorados y me muero de ganas por estar con ella. En cuanto me levanté la llamé; ya eran como las 11”. Federico vive en Nueva Palmira y tiene dos hermanas: Mariana de 16 años y Macarena de 11. Sus abuelos lo ayudan mucho y él los considera “lo más”. Su padre es camionero y transporta granos y fertilizantes, y su madre es asistente social y trabaja en el hospital y en la plaza de deportes.

“Qué te puedo decir de ella: es re-dulce, es sincera, es muy buena persona, es directa, y es la mejor persona que conocí en mi vida. Nunca me había pasado, pero la verdad es que marcó un antes y un después en mi vida”.

Si bien en Palmira “hay chicas muy lindas”, él no las valora “por lo de afuera sino por la personalidad de cada una”. A muchas considera “fayutas: como quien dice andan por lo que tenés y no por lo que sos, y eso yo lo odio”.

Federico es bien humorado. “Lo que yo quiero con Linda es algo serio, lo único es que yo mido 1.98 y ella 1.50: le saco como medio metro, pero a mi no me importa. Es impresionante las ganas de estar con ella que tengo. Espero que sea pronto”.

Linda sabe que cuando se encuentren será el día “más feliz” de su vida, pero pensar en la despedida ya la pone triste. Ella sabe cocinar “de todo” y aunque él aun no le ha dicho cuál es su plato favorito, ese día ha resuelto preparar fideos.

L.U.