Un recuerdo de Cacho Barizzoni. «Me costó muchísimo despegarme de Carmelo»

Un recuerdo de Cacho Barizzoni. «Me costó muchísimo despegarme de Carmelo»

El 12 de febrero Carmelo completa 203 años de su fundación, y para conmemorarlo La Voz de la Arena vuelve a publicar la entrevista que hizo en 2005 a uno de sus hijos dilectos, el periodista deportivo Raúl Barizzoni, quien falleció dos años después.

La entrevista fue realizada por el periodista Lucas Silva a nueve meses de la Copa Mundial de Alemania 2006 que ganó Italia, y en la que Uruguay perdió la clasificación por penales en el repechaje con Oceanía. La foto que ilustra la nota fue tomada por el hijo de Barizzoni, Leo, en 1998 tras el mundial de Francia que ambos presenciaron junto al equipo de radio Oriental.

A pesar de ser jubilado bancario, el comentarista deportivo Raúl Barizzoni mantiene una actividad diaria que a más de uno dejaría exhausto. “No soy lo que se podría definir como un jubilado inactivo”, reconoce. Es que además de trabajar en el programa “Hora 25” de Radio Oriental, este periodista oriundo de Carmelo dedica varias horas de su jornada para estar junto a sus tres nietos, hacer ejercicios o, en estos días, para realizar entrevistas sobre su experiencia laboral junto al relator Carlos Solé, principal homenajeado en el Día del Patrimonio.  

– ¿Cuáles son los primeros recuerdos de Carmelo que le vienen a la mente?

– Yo viví hasta los 20 años en Carmelo y tengo allí a todos mis familiares más directos. Para empezar me parece que es una ciudad hermosa, y no lo digo solamente por haber nacido ahí, sino que es algo que opina todo el que va, por ejemplo la enorme cantidad de turistas, principalmente argentinos, que visitan Carmelo. Además de recordarla con mucho cariño, rescato su tranquilidad, típica de muchas ciudades del interior. Después tengo todos los recuerdos como estudiante, aunque los estudios preparatorios los cursé en Colonia. Ahí en el primer año salvé lo que en aquella época se conocía como examen de banco, y de esa manera empecé a trabajar como empleado bancario, una actividad que desarrollé durante toda mi vida.

– ¿Cómo empieza su relación con el periodismo deportivo?

– De niño imitaba a Carlos Solé en mi casa y después empecé a hacer un espectáculo en un teatro de Carmelo que era básicamente una imitación de Solé. Quienes organizaban el espectáculo fueron los mismos que después compraron Radio Carmelo, y ahí se acordaron del niño que imitaba a Solé y me llamaron para trabajar con ellos como relator. Ahí tuve entonces con 20 años mi primer trabajo como periodista deportivo.

Estuve cinco años, hasta 1963, trabajando en Radio Carmelo, incluyendo un viaje a Chile para relatar el mundial de 1962. Fue la única radio del interior que se inscribió y participó en ese mundial. Ese trabajo se transmitió también en Montevideo a través de CX 32, donde unos meses después empecé a trabajar como relator.

– A partir de ese momento, ¿qué tipo de vínculos mantiene con Carmelo?

– Entre 1958 y 1963 viajé todos los fines de semana para transmitir los partidos de la liga de Carmelo. Cuando no tenía que trabajar iba igualmente, porque allá estaba mi actual esposa, que también es oriunda de Carmelo. Estaban también mis amigos, o sea que el regreso se hacía obligatorio. Me costó muchísimo despegarme de Carmelo, aunque después me fui acostumbrando, al punto que a veces me reprocho lo poco que voy. El problema es que no tengo tiempo. De todas formas, siempre trato de estar al tanto de las cosas que pasan allá.

UN RELATOR QUE HIZO ESCUELA

– ¿Cómo conoció a Solé?

– Lo conocí personalmente en el mundial de Chile, aunque ya de antes lo escuchaba muchísimo y le tenía mucha admiración. Después cuando vine a trabajar a Montevideo, lo veía siempre en el estadio, hasta que en octubre de 1968 se le fue casi todo el equipo en Radio Sarandí y yo me ofrecí para trabajar con él. Esa fue la única vez que me ofrecí para un trabajo en periodismo, porque después afortunadamente siempre me llamaron. Debuté en un partido que todo el mundo recuerda: una final en el Estadio Centenario entre Bella Vista y Huracán Buceo, que se jugó un domingo de mañana ante 60 mil personas. Fue un partido por el ascenso a la Primera División y lo ganó Bella Vista; ese partido tiene el récord de asistencia entre cuadros que no sean ni Peñarol ni Nacional.

Trabajé con Solé desde ese día hasta el momento de su fallecimiento, o sea que estuve siete años trabajando con él. Después trabajé tres años como relator y en 1978 pasé a ser comentarista en Radio Sarandí.

– ¿Qué papel ocupa Solé en la historia del periodismo deportivo uruguayo?

– Lo más destacable de Solé, y lo que lo convierte en un fenómeno, es que fue un ídolo de la gente, o sea, si todo el mundo te escucha es porque tenés algo especial y Solé siempre tuvo algo especial. Era además un relator espectacular, con dichos notables, sin groserías ni agravios, y con mucha calidad y justeza para definir los acontecimientos.

Todas esas cosas fueron las que lo convirtieron en el Nº 1 mientras estuvo vivo. Era un relator con todas las letras, porque tampoco participaba en los programas posteriores a los partidos. Solé tenía una voz privilegiada, que enganchó enseguida a la audiencia, a tal punto que la “Escuela Solé” se mantuvo con los años, incluso se puede decir que actualmente Alberto Kesman mantiene su estilo, y con una gran audiencia. Cuando conocí a Solé sentí algo muy especial, porque yo realmente lo admiraba mucho y de buenas a primeras me encontré trabajando con él. Sin lugar a dudas que para quienes trabajamos en el periodismo deportivo, Solé es una referencia muy importante.

¿Cómo era Solé en la relación con sus compañeros y colegas?

– Cuando lo escuchabas, Solé daba una apariencia que parecía ser de mucha dureza con quienes trabajaban junto a él o con los funcionarios de la radio, algo que en realidad no era así. Solé era sumamente responsable, a tal punto que si el partido comenzaba a las 15:30, él llegaba al estadio antes de 13:30 para supervisar las condiciones técnicas. Se ponía muy nervioso cuando fallaba alguna conexión o había errores técnicos. Se transformaba cuando se ponía frente al micrófono y en algunos aspectos daba la sensación que estabas frente a un ogro, pero cuando terminaba el relato te dabas cuenta que era un pan de Dios. Tenía también muchísima humildad, y a pesar de que lo escuchaba todo el país, Solé seguía siendo el mismo.

– ¿Recuerda alguna anécdota de los años que trabajó con Solé?

– En ese partido que te decía, entre Huracán Buceo y Bella Vista, empecé a transmitir en una de esas cabinas viejas que había en el Centenario. En un momento Solé fue y se sentó exactamente enfrente a escucharme. Estuvo cinco minutos y se levantó, entonces yo pensé que me había mandado “alguna” o que la transmisión era un desastre. De repente entra a la cabina y me dice: “muy bien, Barizzoni, muy bien, siga así”, por lo cual te podrás imaginar que yo caminaba por las paredes, porque era un respaldo tremendo. Después me acuerdo que durante un partido, una interferencia provocaba que por su auricular se colara la transmisión de Radio Oriental, donde relataba Heber Pinto, entonces en un momento Solé se saca el auricular y empieza a golpear la ventanilla de la cabina de Pinto y le dice: “¡Loco, no grites tanto, por favor!”, porque no había percibido que era una interferencia y porque además Pintos tenía fama de ser gritón.

¿Cuáles eran los principales rasgos de “uruguayez” en Carlos Solé?

– Era un hombre al que le gustaba el boliche, tomar una copa y estar reunido con gente. Era un tipo muy sociable y se puede decir que, a su estilo, era un bohemio. Nunca se cuidó mucho la garganta y te diría que fue un tipo que se dio todos los gustos en vida.

No quiero decir con esto que fue un trasnochador o un mujeriego, pero sí que era un tipo que le gustaba tomar una copa y escuchar un tango, que era una de sus mayores pasiones. Recuerdo que detestaba todas las tendencias musicales que eran modernas para esa época. Creo que Solé representa toda una época del Uruguay. 

– ¿Se puede decir que tuvo un reconocimiento mientras vivía?

– Sí, yo creo que sí, porque era un tipo que provocaba admiración y respeto en todos los ámbitos, incluso entre los colegas con los que eventualmente competía en la misma franja horaria. Pero el reconocimiento más importante se lo hacía la propia gente, Solé llegó a tener una popularidad impresionante.

CASAL, LA TELEVISIÓN, Y EL POBRE FÚTBOL ACTUAL 

¿Qué diferencia encuentra entre el periodismo deportivo que conoció junto a Solé y el actual?

– Opino que si bien en la actualidad hay muy buenos relatores de fútbol, todavía no volvió a aparecer un Solé, incluso te diría que ningún Heber Pinto. El último fenómeno fue Víctor Hugo Morales. Después te diría que el gran quiebre lo dio la llegada de la televisión, que me animaría a decir que ha complicado al periodismo en muchos aspectos. Hay mucha rivalidad entre periodistas, por ejemplo entre quienes trabajan en la empresa que transmite el fútbol y entre quienes no. Antes también existía una rivalidad, pero no existían las dependencias con empresas que hay ahora. Con esto no quiero dramatizar demasiado, yo trabajo con Máximo Goñi, que está también en Tenfield, y nos llevamos bárbaro. Pero a nivel general, muchas veces sucede que quienes trabajan en la empresa tienen una opinión favorable sobre la figura de Paco Casal y los que no trabajan en la empresa tienen una opinión crítica o tratan de atacarlo permanentemente. Me parece que no es ni una cosa ni la otra.

– ¿Y qué opina usted sobre la actividad de Paco Casal?

– Aunque reconozco que Casal ha sido muy importante para los clubes y los jugadores, creo que ha cometido enormes errores y que en algunos temas se ha pasado de rosca. La obsesión por el dinero lo ha llevado a violar todo tipo de normas y reglamentaciones, y el último caso de los pases de Carlos Bueno y Cristian Rodríguez es un ejemplo. Todo esto ha generado una rispidez o diferencias de criterios entre los periodistas que están en la empresa y los que no, aunque esto no significa que no pueda haber una buena relación. Me parece igual que muchas veces se percibe la ausencia de algo que es fundamental: la independencia de opinión. Después hay otra diferencia que también es muy importante: los relatores de antes tuvieron la suerte de transmitir grandes victorias del fútbol uruguayo, de selecciones, clubes, Copas Libertadores, Intercontinentales, de todo. Se llenaron la garganta de gritar goles y en los diarios corrieron ríos de tinta sobre las grandes glorias celestes. Hoy no solo no hay éxitos sino que hay enormes fracasos y tenemos un fútbol sumamente pobre, entonces se hace todo más difícil. Incluso los trabajos deportivos se destacan hoy mucho menos que antes, porque las etapas de gloria y las victorias ayudan a todo el mundo, incluyendo a los relatores y a los periodistas.

– Teniendo en cuenta este panorama, ¿clasificamos al mundial?

-Está muy difícil, tenemos que hacer cuatro puntos de los seis que nos quedan, por lo menos para aspirar a un repechaje. Esto significa tener que ganarle a Ecuador o Argentina, y por cómo viene Uruguay eso es muy difícil. Tenemos el problema de la altura en Quito o las presiones que van a surgir en el partido con Argentina. Está muy complicado.

Lucas Silva