Hace 11 años. Invierno con sabañones en Juan Lacaze

Hace 11 años. Invierno con sabañones en Juan Lacaze

En junio de 2007 la edición N°73 de La Voz de la Arena informó sobre la aflicción de la sociedad lacazina ante la eventual absorción de la Mutualista Obrera por parte de una entidad médica de mayor porte, y la venta de Fanapel a capitales argentinos. Lo hizo consultando a Lorenzo Clara, Julio Picca, Loreley Garín y Hugo Malán. Ahora, con el diario del lunes, sabemos que aquella situación estaba vinculada con crisis anteriores y otras que llegaron, y que ahora estamos aprendiendo a colocar los huevos en varias canastas.

INVIERNO CON SABAÑONES

La eventual absorción de la Mutualista Obrera por parte de una entidad médica de mayor porte, y la reciente venta de Fanapel a capitales argentinos generan aflicción en Juan Lacaze.  Contrariedad económica y social. La primera eriza los bolsillos y recuerda otras pérdidas como la curtiembre y la fábrica de cola a mediados de los años 70, y la textil Campomar en 1993. La segunda duele en el alma y vuelve a cuestionar sobre el cierre de la cooperativa La Unión en los 80, y otras instituciones quizás menos importantes que sin embargo tradujeron la impronta obrera de una población que siempre está dispuesta a dar lucha.

El 27 de junio varios dirigentes sindicales de Juan Lacaze fueron homenajeados en el Parlamento por su papel en la resistencia al golpe de Estado. En 1973 la textil Campomar empleaba a más de 2000 trabajadores y el acatamiento a la huelga general provocó sólo allí 54 destituciones y decenas de despidos.

Durante los 20 años siguientes, 11 en dictadura, la ciudad perdió tres industrias –Incusa, Indelaco y la propia Campomar en 1993-, y algunas instituciones emblemáticas como La Unión, la primera cooperativa de consumos del Uruguay fundada por obreros en 1909.

Descontada la secuela de desempleo, pobreza y exilio económico, durante todo este tiempo la sociedad lacazina dio sobradas muestras de mística y solidaridad. Sin embargo, la tormenta no termina y este invierno se presenta rudo y con sabañones.

En medio de una difícil crisis financiera -justo el año que completa siete décadas de atención a la salud-, la Sociedad Mutualista Obrera (SMO) resolvió el 20 de mayo su absorción por parte del Círculo Católico. La SMO tiene menos de 4.000 asociados y en el último año los gastos en servicios contratados “prácticamente se duplicaron”, informó su presidente, ingeniero Horacio Faedo (La Voz de la Arena, abril de 2007).

Ahora un grupo de asociados –Alcides García, María Belonakis, Blanca Germano, Sergio Pose y otros-, pretende revertir aquella resolución dando continuidad a la mutualista a través de alianzas estratégicas con otros actores del departamento. Para ello confeccionaron una segunda lista y darán pelea en la elección del 1º de julio.

Al mismo tiempo, el 31 de mayo se supo que la empresa argentina Tapebicuá compró la mayoría del paquete accionario de Fanapel. El 02 de junio el Centro Unión Obreros Papeleros y Celulosa (Cuopyc) comunicó que “desconocía sobre las tratativas de negociación” y que fue informado por la gerencia “que no existirían modificaciones a la brevedad”. No obstante, “sabedores de que este tipo de operativas puede originar a mediano plazo transformaciones en la estructura organizativa y de personal de la empresa” (…) reivindicó “su rol de representante legítimo de los trabajadores para discutir y negociar todas aquellas modificaciones que se pretenda implementar”. La dirección del CUOPYC sostuvo que “más allá de los cambios originados en la dirección de la firma, ratifica los históricos principios que guían su accionar”.

TODO CAMBIA

Para bien y para mal fenómenos como la globalización cambiaron el mundo. “Ahora las chimeneas son cosa de películas antiguas”, evalúa el ex dirigente social Lorenzo Clara. La tecnología redujo el número de operarios. “¿Cuántas textiles quedan en Uruguay? Ahora le compramos todo a los chinos”.

Por 1930 los directivos de la cooperativa La Unión –incluyendo su padre-, salían de la fábrica “y se ponían a empaquetar azúcar, yerba, fideos y harina en envoltorios de uno, dos y cinco kilos reponiendo para el día siguiente”, relató.

Los días de cierre sumaban las libretas de crédito “¡mojando la lapicera en el tintero!”, y los pedidos “se repartían con carro y más tarde con un camioncito”.

En su época de oro la cooperativa llegó a tener panadería, lechería, carnicería y campo de abasto propios. Luego “todo fue cambiando”. Por aquellos años “no existía la palabra ‘inflación’, pero un día llegó y empezó a castigarlos. También surgieron otros comercios y a mucha gente no le importaba si eran cooperativa o no”, explicó.

Según Clara la permanencia de la SMO en los últimos años es “un milagro”. A punto de cumplir 86 años se considera entre los que “le da ganancia” porque “afortunadamente nunca estuve un día internado”, pero reconoce que el número de afiliados se ha ido reduciendo como consecuencia de sucesivas crisis.

Habla con conocimiento porque presidió la institución en varios períodos, el primero entre 1951 y 1957. La pasión es una condición intrínseca del trabajo social y tuvo “encontronazos” con los médicos. Aquella vez se despidió con la intención de no volver “¡nunca más!”. Recuerda que hubo una asamblea “donde la gente tenía que elegir entre la institución y los médicos, y como optó por los médicos nos mandamos a mudar”. En 1989 lo convocaron para armar una segunda lista y como la perseverancia también es un requisito del luchador social, aceptó el desafío. Estuvo hasta 1997 y luego volvió por períodos hasta el 2000 cuando decidió que era momento de retirarse. “Al final nos habíamos dado cuenta que teníamos que remar juntos”.

PELEANDO POR LO COLECTIVO

 Si la vida fuera un tango, podría asumirse que la piqueta fatal del progreso llegó para quedarse. “A veces no alcanzamos a entender cómo el fenómeno de la globalización recala por acá también”, reflexionó Julio Picca, 64 años, ex dirigente sindical e integrante de la Agencia de Desarrollo Económico (ADE). “Como consecuencia del desarrollo científico y tecnológico hay productos que reemplazan a otros, exigen nuevos equipamientos, y ese reacomodo se extiende por todo el país y la región”.

Picca, cuyo padre también fue dirigente de La Unión, cree que la cooperativa no se adecuó a los nuevos tiempos. “Con el actual fenómeno del supermercadismo ¿cuántos trabajadores de los 30 que empleaba en su peor momento habría podido mantener?”. Tanto Agolan como Fanapel dependen de la globalización de la economía. “Internacionalmente la región es una potencia en materia de celulosa y papel, y Fanapel –con un nicho en el mercado-, tuvo la visión de irse actualizando de modo de ser competitiva”.

Lentamente Juan Lacaze dejó de ser noticia porque los textiles o papeleros marchaban a pie a Montevideo. En los últimos tiempos cambió de sección y apareció en los informativos por casos de contrabando, drogas, pornografía infantil y hasta porque podría estar comiendo sábalos contaminados.

“No lo puedo explicar sociológicamente, pero la realidad hoy de Juan Lacaze es que sigue peleando por lo colectivo”, defiende Picca. “Socialmente siempre estuvo mirado como una comunidad fermental, distinta, en ebullición”. Y eso no cambió. “Los gurises discapacitados de Cadis están fabricando bolsitas de papel y generando puestos de trabajo. Hay gente que le está metiendo cabeza y Fanapel está participando con el papel. La granja La Esperanza Sabalera es, por sus características, casi un ejemplo único de atención al discapacitado. El hogar de ancianos cuenta con un grupo de 20 o 30 colaboradores. La Biblioteca superó algunas dificultades, y ahora tenemos un museo en plena actividad”.

Picca destacó el trabajo de ADE en el desarrollo del puerto y el esfuerzo para crear nuevos puestos de trabajo. “De los más de 2000 que se perdieron con el cierre de Campomar, recuperó alrededor de 300”. Lamentablemente el proyecto del Parque Industrial está demorado “por trabas jurídicas para la liberación de la chatarra” de la ex Campomar. A propósito de la larga liquidación de la empresa, Picca informó que la sindicatura que actuaba desde el cierre “se quedó con la plata de los trabajadores y la jueza les ha pedido que la devuelvan”. Eso no apareció en los diarios grandes. “Ahora parece que los malos somos los de Juan Lacaze. Los de Montevideo no aparecen”.

COOPERACIÓN INTERNACIONAL

Igual que miles de lacazinos la ex funcionaria de la SMO, Loreley Garín, 54 años, debió abandonar Juan Lacaze y se refugió en Buenos Aires entre 1974 y 1976. Casada con el rosarino Gabriel Bidegain, actual funcionario de Naciones Unidas, vivió en Bélgica hasta 1982 y luego en Venezuela, Honduras, Nueva York, Haití y finalmente Montevideo. “Cuando se conocen otras realidades podemos valorar en una dimensión más amplia lo que nos legaron nuestros padres”, indicó.

Juan Lacaze, recuerda, “era un pueblo donde vos confiabas en el otro. Para luchar no importaba si eras blanco, colorado, de izquierda, católico o protestante. Y cuando se llevaba adelante un conflicto los comerciantes apoyaban, porque si el obrero ganaba, ellos también”. Su padre siempre insistió con el estudio: “no queremos que nuestros hijos sean esclavos de una máquina”, solía decir. Esa forma de pensar se plasmó más tarde en los hogares estudiantiles en Montevideo, “para que los hijos de los obreros tuvieran posibilidades de estudiar”.

Aquella forma de vivir fue atropellada por un modelo económico “individualista” y hoy debemos “recuperarla trabajando unidos por cosas concretas”.

Durante su periplo entre países Garín conoció el fenómeno de la cooperación internacional: apoyo de organizaciones no gubernamentales, hermanamientos con ciudades “gemelas” y otros mecanismos que permiten algunos desarrollos. Ella propone apoyarse en los numerosos lacazinos que andan por el mundo para intentar establecer corrientes de intercambio. “Tenemos que lograr llegar a esos grupos que plantean el ‘comercio justo’ y ver en nuestro país qué tenemos para ofrecer”. Garín lamentó la actual contradicción entre la preocupación de las sociedades europea y norteamericana por el medio ambiente – “¡para eso hay cantidad de donaciones!-, y la aprobación uruguaya a plantas de celulosa, agroquímicos, transgénicos “y hasta una planta nuclear”.

PRIORIDAD PARA LOS JÓVENES

También hay recursos para microemprendimientos con una visión distinta. “Cuando se dedica una parte de las ganancias a proyectos sociales, normalmente existen exoneraciones impositivas. Hay cantidad de organizaciones, movimientos y el propio gobierno que destinan recursos”.

Garín está preocupada por los jóvenes. “Son los grandes ausentes. En los 70 nosotros teníamos esperanza en un mundo mejor, pero nuestros hijos conforman una generación sin esperanza. Su ilusión es formarse un poco e irse del país. Eso es terrible”. Acordada la prioridad para los jóvenes, la lista de posibilidades es enorme:  reformulación de la plaza de deportes o el estadio Cyssa para la práctica deportiva, espacios de esparcimiento, recuperación de los cines, investigaciones históricas, radios comunitarias, “la fiesta de las razas como se hace todos los años en el Cerro de Montevideo. Hay mil cosas”.

Lorenzo Clara recuerda que antiguamente “algunos ansiaban terminar la escuela para ir a la fábrica porque había lugar para todos. ¿Ahora qué hacen?”. El veterano sabe que “no hay milagros”, pero está seguro de que “algo puede hacerse y tiene que hacerse ya. La cosa viene mal y da miedo por el futuro”.

Luis Udaquiola

 

En el mismo informe La Voz de la Arena publicó la opinión de Hugo Malán, por entonces pastor de la Iglesia Evangélica Valdense y presidente de la Agencia de Desarrollo Económico (ADE). En los años de 1990 Malán integró el movimiento “fuerzas vivas” que operó socialmente en Juan Lacaze antes y después del cierre de la textil Campomar.

LA ABSORCIÓN DE MUTUALISTA OBRERA. ALGUNAS REFLEXIONES 

Corría el mes de mayo del 2007 y se precipitaban decisiones sobre la continuidad de la Sociedad Mutualista Obrera que está por cumplir 70 años de vida. En ese caminar por la ciudad me encontré con una persona conocida y que desde hace mucho tiempo también se interesa y ocupa de las temáticas sociales y laborales de la ciudad. Me comentó como al pasar: “no le parece que estamos teniendo muchas pérdidas y cada una que pasa nos dividimos más”.

Creo sinceramente que esta persona estaba tomando nota en forma clara de una sensación que está presente en muchos habitantes de la ciudad. Algo parece que está sucediendo y tal vez no estamos viendo con profundidad acontecimientos que sin ser considerados dramáticos, dicen algo, muestran que en el tejido social hay situaciones que requieren reflexión, diálogo y mucha serenidad para observar, definir y actuar.

Es cierto que el mundo ha generado cambios muy fuertes y transformadores en estas últimas décadas. No percibir esto, puede convertirse en una trampa para quienes tienen que tomar decisiones que de alguna manera afectan la convivencia, la relación social y una mínima estabilidad para las personas que componen el tejido social de la comunidad toda.

UN EJERCICIO MARAVILLOSO

La forma y los mecanismos que utilizamos para resolver o enfrentar situaciones conflictivas y que tocan profundamente la sensibilidad de las personas, son tan importantes como las soluciones en sí.

La sabiduría de la historia humana nos muestra que quienes actúan construyendo relaciones sociales y comunitarias que edifican y aumentan la dignidad de las personas, no pueden apresurarse. Es cierto, el sistema económico y algunas angustias nos empujan casi como a ciegas a resolver ya, aquello que tal vez es mejor mirarlo desde una perspectiva de diversidad de opiniones, antes que utilizar la imposición de pequeños sectores, por más iluminados que estos puedan parecer. Escuchar a la gente, al pueblo, es un ejercicio maravilloso si uno quiere ser actor social. Y saber orientar para encontrar consensos y salidas más trabajadas en el diálogo, puede evitar conflictos innecesarios. Es una cuestión de postura ante la llamada “verdad”. A veces, nos creemos dueños de ella y actuamos pasando por arriba a los demás. Esto que lo hagan los que apoyan sistemas dominantes, que imponen sus criterios y poderes (muchas veces materiales) sobre la mayor parte de la gente, pero no es bueno para quienes decimos construir con la participación de la mayor cantidad posible de personas, aunque más no sea habiéndolas escuchado.

HAY DOLORES QUE GENERAN VIDA

Pensaba que con una diferencia enorme en cuanto a la velocidad del tiempo, pero algo parecido sucedió en la edad media y esas transformaciones generaron nuevas opciones. Hoy estamos en medio de profundas transformaciones humanas, sociales, económicas, políticas y religiosas. Es necesario que podamos percibir esto con mucha serenidad pero también con mucho compromiso si es que queremos cuidar la vida y los vínculos humanos.

Las pérdidas generan dolores profundos y también heridas que no siempre se pueden calmar y curar como quisiéramos. Pero hay dolores que generan vida, nuevos nacimientos y ante esos procesos debemos estar atentos para tener la apertura suficiente como para facilitar y acompañar cambios que abran esperanzas y opciones para la mayor cantidad de personas posible.

Hay hechos y procedimientos que ya fueron, son de otra época. Acontecimientos que ya no vuelven. Ese es el tiempo que usamos, bien o mal, pero pasó, quedó. Ahora son otros tiempos con nuevos desafíos y con problemas tan importantes y graves como los que vivimos hace algunos años. Pero la historia no vuelve hacia atrás, aunque haya hechos que se parezcan. Por lo menos no es saludable que repitamos modelos, formas de trabajar socialmente que dieron lo que tuvieron que dar. Ahora debemos abrirnos a cosas nuevas que juntos y juntas tenemos que construir como humanos que amamos la vida y queremos lo mejor para nosotros/as y para quienes nos rodean.