Nair Ackermann Bochard. Como en el fútbol, la vida da revancha

Nair Ackermann Bochard. Como en el fútbol, la vida da revancha

Una noche de verano de 1972 en Nueva Helvecia, alguien introdujo por debajo de las puertas una «lista negra» con los nombres de algunos vecinos de izquierda y otros que no lo eran. Había comerciantes, profesionales y docentes del recién constituido Frente Amplio; estaban su hermano Dante, no así Leonel que luego estuvo detenido por seis años, y Nair que entonces tenía 15 años.

La profesora de Educación Física Nair Ackermann tiene ahora 62 años y tras presidir por casi seis el Consejo del Fútbol Femenino de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), desde hace pocos meses formó e integra con referentes de muchos años el Consejo Femenino Departamental de Futbol de la Federación de Colonia encargado de organizar los campeonatos a nivel departamental.

Ackermann fue profesora y luego directora del Campamento Salvador Mauad del ex Ministerio de Turismo y Deporte y coordinó durante 16 años el área de deportes de la Intendencia de Montevideo. Tras su gestión al frente del Consejo de Fútbol Femenino aumentó el número de clubes, jugadoras, árbitras, entrenadoras, y fisioterapeutas. En dicho período Uruguay participó en ocho sudamericanos y en su primer mundial, además de organizar por primera vez en 2014 un Campeonato Sudamericano femenino como sede.

Ahora viaja con frecuencia a Colonia y ve con entusiasmo que durante la próxima Copa Mundial Femenina de Fútbol Sub-17 allí estarán presentes las selecciones de Alemania, Corea del Norte -actual campeona-, Camerún y Estados Unidos. «Tratamos desde el CFF que sea un gran espectáculo deportivo, y convocamos a llenar las gradas durante el evento».

Las entradas están a la venta en http://tickets.fu17wwc18.com.uy.

Ackermann está casada con Enrique Ramos con quien tienen tres hijos «maravillosos y buenos»: Ernesto de 36 años trabaja en computación y es amante del kayak; Laura de 34 es educadora social, estudiante de sociología y trabaja en la comuna canaria; Lucía cumplió 29 años, hace dos se recibió  de médica y ahora se especializa en Neonatología.

 

  • ¿Cómo fue tu infancia?
  • Tuvimos una linda infancia junto con mis hermanos en la radial de Nueva Helvecia, frente al Hotel Nirvana y cerca del Club Artesano porque mi padre y hermanos eran jugadores de futbol. Él tenía un almacén y a su vez había trabajado con el abuelo en el comercio Ackermann & Kuster fundado en 1908 y que todavía está en pie con la fecha grabada en el friso, lo que quiere decir que estamos a 110 años de su fundación. Ahí me crie, cursé en la escuela N° 10 y liceo. En 1972 y 1973 cursé Preparatorios en Valdense donde tuvimos a grandes profesores, y luego por la situación del golpe de Estado todo cambió mucho y vine hacia Montevideo a dar el examen de ingreso para Educación Física.

 

  • ¿Cómo surgió la vocación? Me contaste que tu viejo estaba vinculado al Club Artesano.
  • Sí, era deportista igual que mis hermanos Leonel y Dante. La educación física me gustó porque también tenía buenos profesores como por ejemplo Vilma Vigña en la plaza de deportes de Colonia Suiza. En aquellos tiempos no había muchas opciones como por suerte hay ahora para los chiquilines, y antes en 1974 fui un año a Magisterio en Rosario. Mi hermano Leonel estaba detenido en el Penal de Libertad, pero Dante el mayor estaba estudiando Economía en Montevideo y yo me vine con él. Primero preparé el examen de ingreso como seis o siete meses y después también vinieron mis padres y ya estábamos toda la familia. Finalicé la carrera en 1980, y como no me gustaba trabajar en Montevideo pasé a viajar día por medio a Valdense a dar clases a los chiquilines del liceo con la profesora Nora Talmón. Luego en 1981 di el concurso de ingreso a la Comisión Nacional de Educación Física y entré a trabajar en Pando. No quería trabajar en Montevideo; yo lo conocía solamente por el Instituto de Educación Física y algo más, pero a mí me resultaba muy grande, enorme.

 

  • ¿Cuándo conociste a Enrique Ramos, tu esposo?
  • El 15 de julio de 1976 viajé de Nueva Helvecia con un recortecito de diario donde la librería Lozada solicitaba gente para vender suscripciones del Correo de la UNESCO y libros. Enrique ya integraba un equipo, y conversar y caminar tocando puertas tratando de vender me permitió no solo conocerlo a él sino también a la ciudad de Montevideo. Recuerdo que en junio de 1975 la dictadura no dejó entrar el Correo de la UNESCO porque la edición estaba dedicada al tema de la liberación de la mujer en el mundo y su visibilidad.

 

  • ¿Cuándo te involucraste en el fútbol femenino?
  • Mi trabajo de coordinación en la Intendencia me llevó a recorrer casi todo Montevideo y aproximarme a sus barrios y a su gente. Antes, en la década de 1990 yo daba clases en las escuelas. Estaba la materia de fútbol sí, pero ni siquiera estaba el planteamiento de hacerlo con niñas. Entonces era siempre el cuadrito de varones, o de handball niñas. El acercamiento al fútbol femenino llegó en la cancha de Cerro. De ahí los clubes pasaron a conocerme y en 2010 me propusieron a la presidencia del Futbol femenino en la AUF. Llamé a otros compañeros de educación física porque no me animaba: no estaba en el futbol ni tampoco soy competitiva, pero conté con el apoyo del Consejo Ejecutivo de Sebastián Bauzá y Miguel Sejas elegido luego del Mundial de Sudáfrica.

 

  • ¿Porqué ha sido negado el futbol a las mujeres?
  • El futbol femenino ha sido una manifestación aprendida por las ladies, las mujeres británicas que desde el año 1890 ya jugaban al futbol, pero si vamos más atrás los aztecas y mayas ya jugaban el Pok-ta-Pok. A partir de 1900 ha habido un desarrollo aun rudimentario: tengamos presente que en Alemania por ejemplo y en Brasil estuvo prohibido hasta los años de 1970. En Uruguay ya en 1971 el Club Nacional de Fútbol tenía su equipo de fútbol femenino con Zulma Palavecino al frente. La FIFA de la época percibió claramente que el futbol femenino tiene un gran potencial y en un Congreso, a raíz de una pregunta de una delegada noruega al presidente João Havelange sobre su inexistencia, se encomendó a Joseph Blatter que forme el departamento femenino. Ya en 1991 se realiza el primer mundial en China con la participación solo de cuatro equipos, pero inaugurando la modalidad de hacerlo cada cuatro años igual que el masculino.

 

  • ¿Ha habido cierto pionerismo tuyo en todo esto?
  • No, fue la primera profesora de educación física a cargo de la Dirección de Deportes de la Intendencia de Montevideo, Matilde Reisch, coloniense, quién ingresa a la AUF en 1995 y crea el Departamento Femenino. A partir de entonces se dan pequeños pasos y luego viene la época de José Luis Corbo con otro coloniense presidiendo el departamento femenino, el entrenador Jorge Burguell, a quien sigue Alda Novell y más tarde un triunvirato.

 

  • ¿Cómo fue tu experiencia en la AUF?
  • Para los dirigentes, delegados o técnicos de los equipos no es fácil que los dirija una mujer, que sea una mujer presidenta, y por más que yo tenía mis compañeros trabajando juntos se daba que había alguno que no quería ser «dominado», así se le llama (risas). Nosotros hacíamos asambleas todos los meses para ir llevando los campeonatos, pero no era fácil porque en el medio había que ir formando las selecciones para ir a los sudamericanos cada dos años y al mundial. En 2012 pasé a integrar la Comisión Organizadora de los Mundiales Sub 17 de FIFA y fuimos al mundial de Azerbaiyán. Después al de Costa Rica en 2014 y al de Jordania en 2016 ya no estando en la AUF.

 

  • ¿Cuál es el estado actual del fútbol femenino?
  • Sigue habiendo necesidad de canchas, ropa, vestuarios, remuneración básica, y entonces se va creando una cabeza de que precisamos tener mejores espacios para trabajar. Yo ya no estoy en la AUF, pero este año hay 20 equipos de los cuales diez están en primera división y diez en segunda. También hay una obligatoriedad de parte de CONMEBOL de que si el equipo de Cerro por ejemplo quiere jugar por la Continental o llega a jugar por la Continental, debe tener equipo femenino a partir de 2019. También a los equipos del interior les interesa competir y tienen necesidad de espacios deportivos. Además, se ha dado el tema de las canchas de futbol 5: a veces es más fácil encontrarse de a cinco, de a seis que salen del trabajo y es una ejercitación física que implica jugar junto con otras a diferencia del gimnasio.

 

  • ¿Estás de acuerdo con el maestro Tabárez en que el camino es la recompensa?
  • Sí claro, hay cierta parte de eso cuando el camino sale bien y das los pasos adecuados de no quedarte con un esquema, sino buscar en otros lugares dónde están las mejores jugadoras. Hoy la selección nacional sub-17 tiene una gran integración del Interior (OFI), llegando a ser convocadas ocho jugadoras de Colonia, y esa mirada tiene que estar permanentemente dando los apoyos necesarios a las chiquilinas y a los chiquilines. La Organización Nacional del Futbol Infantil (ONFI), que este año cumple 50 años, ha desarrollado una estrategia a largo plazo y hoy tiene más de 600 clubes con fútbol infantil. Vamos a acompasar un poco más, hay que experimentar, hay que animarse a trabajar y profesionalizar más las dirigencias de los clubes con más mujeres en puestos de decisiones.

 

  • ¿Estás volviendo a la querencia?
  • Son 20 años que tuve mis raíces en Colonia. Mis padres habían comprado unos terrenos hace muchos años y de a poco fueron vendiendo, pero quedaba uno que mi madre nos pasó a nosotros. Como mis hermanos no estaban interesados les pagué su parte y el año pasado nos hicimos una casita de Isopanel. Ahora que Enrique también entra a jubilarse vamos y venimos: estamos allá y estamos acá pero el estar allá es otra vida y es un encare distinto que nos gusta, por lo menos los gurises ya están grandes trabajando y estudiando.

 

  • ¿Y cómo está siendo el retorno?
  • Nosotros nos fuimos en tiempos muy difíciles, pocos años después del episodio de la «lista negra», y por 40 años volví muy poco porque ya ni familiares tenía. Pero ahora al volver se habla de muchas cosas, y hay que hablar de muchas cosas que no se conocen y Omar Moreira describe muy bien en Los pata de Perro (2014) y en En el ojo de la lupa (2010). Son pequeñas y grandes historias de aquellos momentos muy duros que se vivieron en Colonia. Y ahora claro, yo regreso de otra manera, porque en cierta forma lo que la gente ve es la Nair que traspasó muchas cosas, pero bueno eso también es producto de una madre (se emociona) que nos llevó a que salgamos de ese lugar que también era como un gueto, un encierro, y nos llevó a ver otra cosa.

 

Luis Udaquiola