Hasta siempre, Omar. “En los momentos difíciles deberíamos estar más juntos”

Hasta siempre, Omar. “En los momentos difíciles deberíamos estar más juntos”

El 12 de setiembre falleció en San José el conductor radial y televisivo Omar Gutiérrez. Tenía 70 años y padecía una enfermedad pulmonar. Lo conocí personalmente en 1996 cuando él trabajaba en canal 4 y publiqué el libro sobre Vladimir Roslik. Recuerdo que al retornar juntos de San Javier a Montevideo me prestó su campera de cuero porque el frío me tomó desprevenido.
Volví a verlo al día siguiente cuando le devolví el abrigo en radio Oriental, y luego muchas otras veces: por el deterioro industrial de Juan Lacaze, la agenda de la universidad pública, la publicación de mi libro sobre la familia Borgogno-Arce, y esta entrevista para La Voz de la Arena, ambas en 2003.
En 2006 la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (Epoc) lo mantuvo alejado del trabajo varios meses y cuando regresó, ya con 58 años, la televisión comenzó a pasarle facturas por su desgaste. Omar no estaba preparado para el retiro laboral. De hecho me llamó algunas veces pensando, ingenuamente, que mi pertenencia al Frente Amplio pudiera facilitar su retorno al canal estatal. Mi solidaridad y condolencias a su familia y a los colegas.
“En los momentos difíciles deberíamos estar más juntos”
(publicada originalmente en abril de 2003).
El periodista maragato Omar Gutiérrez tiene 55 años y hace más de 30 que debutó en la radio en San José. En 1980 se radicó en Montevideo. Primero trabajó en el programa “El tren de la noche” de radio Montecarlo. Luego pasó por CX 30 -en un “pase muy comentado porque en aquel tiempo pasar de la 20 a la 30 era como pasar de Peñarol a Nacional” por El Espectador y, finalmente, Oriental donde desde hace 15 años conduce el clásico matinal “De par en par’. En la primera hora de la tarde, de 13 a 14 horas y los sábados hasta más tarde, dirige “De Igual a Igual” por Montecarlo TV Canal 4.
Su afecto por Juan Lacaze viene de la época en que aun trabajaba en El Espectador. “Hicimos un programa precioso a orillas del río, de las tres a las seis de la tarde. Recuerdo que estuvieron los vecinos y algunos de los personajes que El Sabalero nombra en el candombe ‘A mi gente’. Hemos ido varias veces: cuando abrió Agolan, otra vez que hicimos un programa desde la plaza pública, y pensamos ir muchas veces más”.
Venta de frazadas en la TV
También recuerda su intervención “por aquel hecho desgraciado que fue el cierre de la textil Campomar”. El segundo sábado de marzo de 1993 su programa televisivo fue emitido en vivo desde un tablado de carnaval ubicado en la zona de Tres Cruces. “El canal nos apoyó para vender las frazadas que los trabajadores habían recibido como anticipo de sus créditos laborales. De eso tampoco nos vamos a olvidar”. A fines de 1994 la Asociación de Residentes y Amigos de Juan Lacaze en Montevideo reconoció su solidaridad confiriéndole un “Sábalo de Oro”.
Aunque Gutiérrez se considera un “hombre de radio” luce muy cómodo en la televisión. “Empecé en la televisión por una razón sencilla: el dueño de Oriental y Montecarlo es el mismo que el de canal 4 y un día se nos brindó la posibilidad de empezar”. Como todo comienzo fue “con mucha dificultad”, pero “se nos permitió hacer lo que creíamos que había que hacer y se aceptó nuestra manera de ser, con defectos y virtudes”.
El programa está dirigido a una franja de público -“vecinas y vecinos”, según su definición que no siempre es valorada por los grandes medios de comunicación. No obstante, algunos estudios recientes indican que la audiencia aumentó y “también nos ven desde otros sectores sociales que antes nos miraban por arriba del hombro”.
Renunciar a las “chacritas”
Aunque sus jornadas diarias de radio, televisión, producción, viajes y grabaciones son agotadoras, continúa viviendo en San José y no piensa radicarse en Montevideo. “Me costaría mucho. Además el viaje dura solo una hora y algo, y en las grandes ciudades -inclusive en Montevideo-, muchas personas demoran más que eso para trasladarse de un barrio a otro”.
Gutiérrez reconoce que el país y su gente atraviesan una de las peores crisis de su historia pero, optimista por naturaleza, sostiene que debe haber una luz en el fondo del túnel. “De alguna forma tenemos que encontrarla, porque de lo contrario no tendría sentido vivir. Tenemos que tener claro que somos un país chiquito y que no depende solo de nosotros. Si mejora la región no hay duda que nos va a venir muy bien”.
Por otro lado, “en los momentos difíciles es cuando deberíamos estar más juntos y me parece que a veces no lo estamos. Si bien no es el único, el pueblo de Juan Lacaze lo demostró en más de una oportunidad. El día que nos pongamos de acuerdo en tres o cuatro puntos fundamentales y dejemos un poco las ‘chacritas’, capaz que nos va mejor. Espero que podamos tener la mente bien abierta para intentar algún cambio, por lo menos probar para ver qué pasa”.