Familia Zubizarreta reutiliza orujo de la uva como alimento para ganado

Familia Zubizarreta reutiliza orujo de la uva como alimento para ganado

La familia Zubizarreta en Carmelo se ha caracterizado a lo largo de los años por la producción de vinos de calidad y por la calidez de su don de gente, informó El Eco Digital el 13 de agosto. Con un perfil bajísimo, inversamente proporcional a la calidad de sus vinos, han trabajado desde años en la reutilización industrial de los desechos que producen, en el marco de un claro compromiso empresarial con el medio ambiente.

En este sentido, la reutilización de los orujos que sobran del proceso productivo del vino, ha sido fruto de análisis y desvelos. En este sentido, según nos cuenta Mariela Zubizarreta, su hermano Pedro ha llevado la voz cantante.

Observación, ensayo y error, análisis nutricionales y permisos posteriores, permitieron que hoy la empresa reutilice los orujos para la fabricación de un complemento nutricional para el ganado.

Es estos días de invierno y falta de pasturas, este alimento es fundamental para sostener la alimentación del ganado, según explicaba a EL ECO Mariela Zubizarreta “esto empezó hace varios años. El orujo es esa materia sólida que queda una vez prensado el producto de la fermentación durante el proceso de elaboración del vino” cuenta. “Cuando la uva llega a bodega lo primero que se hace es despalillar, que es quitar la parte verde, el escobajo, y el resto, los granos, van a comenzar un proceso de maceración y de fermentación, y luego van a ser prensados. Se separa por un lado el líquido y por otro lado queda esta materia sólida que está formado por la cáscara, la pulpa, la semilla de la uva, todo eso que no va a formar parte del futuro vino, le llamamos orujo”, nos explica.

Entonces hay dos etapas. “Antes de la década de 1990 el orujo era un elemento de control importante para Inavi porque hay una clara relación entre los litros de vino que se elaboran y la cantidad de orujo que está en bodega. Había que conservarlo en determinadas condiciones para que sirviera como elemento testigo de lo genuino que eran los vinos. Entonces el orujo se guardaba en piletas esperando el control de Inavi y se destilaba en un alambique obteniendo un alcohol de altísima graduación, de unos 70 grados que se enviaba a Ancap que lo compraba. Luego de la destilación quedaba un desecho que era depositado en los campos y los animales se acercaban a comerlo, porque tiene restos de azúcar y es de buen aroma y les resultaba interesante”.

Después de la década del 1990 desaparece esa importancia del orujo como elemento de control y las bodegas quedan libres de disponer de su orujo. “Nosotros evaluamos en su momento qué hacer, si seguir destilando para elaborar grapa o no y la decisión que tomamos fue que no. Nosotros decidimos que no era una unidad de negocios que visualizamos”.

Entonces, “nos preguntamos qué hacemos con el orujo y es ahí donde empezamos a investigar qué condiciones, qué ventajas podría tener incorporarlo a la alimentación del ganado. Ya habíamos comenzado con una pequeña explotación ganadera y así es que Pedro que fue el que tuvo la iniciativa de analizar los componentes nutricionales del orujo, qué valor podía tener y después de bastantes pruebas, de ensayo y error, llegamos a la conclusión de que todo el potencial que estaba en cuanto al nivel de proteínas y de energía se aprovechaba por parte del animal si éramos capaces de partir esa semilla para que los jugos gástricos del ganado lo atacaran”.

Entonces comenzamos con ese proceso. “El orujo recién salido de la prensa tiene que ser sometido a un proceso de moler la semilla con una especie de molino y además nos dimos cuenta que había que envasarlo inmediatamente evitando el oxígeno. La conclusión y lo que estamos haciendo ahora es, para aprovecharlo de la mejor manera una vez salido de la prensa: se muele y se embolsa rápidamente. De esa manera tenemos un complemento nutricional sobre todo para los meses fríos como ahora, que es muy rico en proteínas y en energía”.

La semana pasada, fueron invitados a Inia La Estanzuela para contar justamente este proceso. “El evento al que nos invitaron se trata de economía circular, de aprovechar los desechos de un proceso productivo como insumos de otro, y estamos muy conformes porque cumplimos con eso y encontramos una forma de no contaminar porque se generan varios miles de kilos de orujo en cada vendimia y de esta forma no tenemos que pensar qué hacemos con esos desechos, sino que resultan un insumo útil para nosotros y nos ayuda a complementar la cría de ganado de forma eficaz”.